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La UNESCO y el CERN: historia de una cooperación

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The Universe of Particles exhibition aims to help visitors to CERN understand the major issues in contemporary physics.
© UNESCO/J. Šopova

Promover la cooperación científica, hacer más atractiva la enseñanza de la ciencia, facilitar el acceso a los conocimientos científicos para edificar un mundo más justo, éstos son los objetivos perseguidos en común por la UNESCO y la Organización Europea de Investigaciones Nucleares, llamada CERN por haber conservado las siglas de su nombre primigenio. Ambas organizaciones mantienen una estrecha relación desde hace sesenta años.

Entrevista de Jasmina Šopova con ROLF-DIETER HEUER, Director General del CERN

Poca gente recuerda que la idea de crear un Consejo Europeo de Investigaciones Nucleares (CERN) fue aprobada en la 5ª Conferencia General de la UNESCO, celebrada en Florencia (Italia) en 1950. Por ese entonces, el mundo restañaba todavía las heridas recientes infligidas por la Segunda Guerra Mundial. Los intelectuales y las personalidades del mundo de la cultura y la ciencia europeas habían comprendido que la cooperación era un instrumento esencial para la reconstrucción de la paz. Era necesario agrupar en torno a un proyecto común a los investigadores de las naciones aliadas y de los países del Eje.

El proyecto ideado en Florencia se plasmó en los hechos tres años después con el establecimiento del convenio de creación del Centro Europeo de Investigaciones Nucleares (CERN). En 1954, cuando los doce países fundadores lo ratificaron (Alemania, Bélgica, Dinamarca, Francia, Grecia, Italia, Noruega, Países Bajos, Reino Unido, Suecia, Suiza y Yugoslavia), se abandonó definitiva - mente la anterior denominación provisional de Consejo y, un año más tarde, se puso la primera piedra del edificio del Centro en la ciudad suiza de Ginebra.

Hoy en día, bajo los edificios de la Organización Europea de Investigaciones Nucleares, que ha conservado las siglas de su nombre primigenio, funciona el mayor acelerador de partículas del mundo: el Gran Colisionador de Hadrones (LHC). Este gigantesco instrumento tiene una circunferencia de unos 27 kilómetros y está provisto de 9.300 imanes.

El 30 de marzo de 2010, un experimento del CERN saltó a la primera plana de los periódicos del mundo entero: gracias al LHC se había conseguido por primera vez una colisión de haces de protones a una velocidad cercana a la de la luz. “Con este experimento, sólo una fracción de segundo nos separa del Big Bang”, dice el director general del CERN, Rolf-Dieter Heuer. “Se inicia así una nueva etapa que abre a la investigación perspectivas sobre la formación del universo inimaginables hasta ahora”

La experimentación histórica del 30 de marzo fue posible gracias al Proyecto ATLAS, en el que cooperan unos 2.000 físicos y 1.000 estudiantes de ciencias físicas de más de 170 universidades y laboratorios de 40 países. Una auténtica “nación virtual”, como se suele decir en el CERN. “Solamente la motivación científica puede explicar el éxito de esta titánica empresa. Todos venimos de diferentes partes del mundo, pero todos vamos en una misma dirección: el conocimiento”, dice el director general. Si se llega a descubrir un día el famoso bosón de Higgs –la partícula hipotética llamada el Grial de los físicos, porque éstos la buscan incansablemente desde hace casi medio siglo– será gracias a un proyecto como ATLAS. “Sabemos absolutamente todo sobre esa partícula, excepto una sola cosa: si existe o no”, dice Heuer sonriendo.

El CERN no es el único centro de investigaciones que va en pos de esa partícula. El Fermilab, situado en las cercanías de Chicago (Estados Unidos), también está buscándola. “Hoy en día, el CERN cuenta con mayor acelerador de partículas del mundo, pero hasta hace poco tiempo era Fermilab quien lo poseía. En 25 años, este laboratorio ha conseguido acumular una masa extraordinaria de datos, mientras que nosotros acabamos de comenzar tan sólo. El LHC empezó a funcionar en septiembre de 2008. Dicho sea esto, creo que gracias a él tenemos posibilidades de ser los primeros que descubramos la existencia del bosón de Higgs”, dice esperanzado Rolf-Dieter Heuer. ¿Colaboran los dos centros? “Yo diría que estamos empeñados en una colaboración competitiva…, o en una competición colaborativa. Fermilab nos ha ayudado mucho, sobre todo cuando el LHC se averió [poco tiempo después de que empezara a funcionar]”. ¿Intercambian datos? “Por ahora no, pero le invito a que me vuelva usted a formular esta pregunta dentro de algunos años”

“Sin competición no hay progreso”, declara Rolf-Dieter Heuer. Sin cooperación tampoco. Desde los orígenes del CERN hasta la fecha, la cooperación ha sido la fuerza motriz de esta entidad y también es uno de los ideales permanentes de la UNESCO. Entre los proyectos recientes, la UNESCO apoya en particular el Centro Internacional de Radiaciones de Sincrotrón para Ciencias Experimentales y Aplicadas en Oriente Medio (SESAME), con sede en Allan (Jordania). En el plano de la cooperación científica internacional, este centro viene a ser el equivalente del CERN en el Oriente Medio. Colaboran en él Bahrein, Chipre, Egipto, Irán, Israel, Jordania, Pakistán, la Autoridad Palestina y Turquía. “Nuestros ámbitos de competencia no son los mismos –explica el director del CERN– pero en ambos proyectos está subyacente la idea de poner la ciencia al servicio de la paz. El CERN no escatima esfuerzos para contribuir a la construcción del SESAME, especialmente en lo que respecta a las competencias técnicas”.

El CERN pone sus competencias científicas a disposición de la UNESCO en el marco de iniciativas comunes (SESAME, bibliotecas virtuales en universidades africanas, formación de docentes, etc.), mientras que el Programa Internacional de Ciencias Fundamentales (PICF) ofrece al CERN un marco para la cooperación con investigadores de países que no son miembros suyos. El CERN cuenta con 20 Estados Miembros solamente, pero sus proyectos agrupan a unos 10.000 especialistas de 85 nacionalidades.

El CERN cuenta también con la UNESCO para que le ayude a promover un nuevo enfoque de la enseñanza de la física y las matemáticas a nivel internacional. “La enseñanza de la física no debe seguir comenzando con la explicación de las teorías gestadas en el siglo XVIII”, dice indignado Rolf-Dieter Heuer. “Las investigaciones actuales sobre el universo, por ejemplo, pueden resultar apasionantes para los jóvenes. La escuela tiene que despertar primero su curiosidad para irlos llevando luego, poco a poco, al conocimiento de las bases de la física. El CERN no puede elaborar un método válido para todos los países, pero sí puede sensibilizar a los docentes de muchas partes del mundo y formarlos. Por su parte, la UNESCO puede convencer a los encargados de elaborar las políticas de educación de que es imperativo hacer más atractivas esas materias para los alumnos de la enseñanza secundaria, evitando así que la juventud se distancie de las ciencias exactas.” Ganar esta batalla puede ser una larga empresa. El director del CERN es perfectamente consciente de ello, pero también sabe que “sólo fracasa el que no lo intenta”.

La ciencia fundamental es otro ámbito en el que los objetivos de las dos organizaciones coinciden. No cabe duda de que los encargados de la adopción de decisiones consideran a veces que la investigación fundamental es abstracta, ya que sus resultados no son inmediatamente aplicables. RolfDieter Heuer estima que esto es absurdo.

“Defino la ciencia fundamental como una investigación de carácter abierto, centrada en los resultados, pero no en las aplicaciones. Imagínense que a Wilhelm Röntgen le hubieran pedido que inventara un aparato para fotografiar el esqueleto. ¡Nunca se le hubiera ocurrido pensar en las radiaciones catódicas! Sin embargo, sin idea preconcebida alguna, descubrió en 1895 los rayos X, utilizados todavía en la radiografía moderna.” No faltan ejemplos para ilustrar la conclusión de Heuer: “Nunca se sabe cuándo ni dónde se aplicará un resultado de la investigación fundamental, pero siempre acabará aplicándose.”

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Rolf-Dieter Heuer

Director General del CERN (2009-2015)