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La Química y la vida

En 1932, el médico alemán Gerhard Domagk descubrió los efectos bactericidas de un nuevo colorante fabricado por la empresa IG Farbenindustrie. Siete años más tarde, obtuvo el Premio Nobel por la elaboración del fármaco Prontosil, pero el régimen nazi le obligó a rechazar esa recompensa. En nuestros días, la científica sudafricana Tebello Nyokong está trabajando con moléculas utilizadas para teñir los pantalones tejanos a fin de obtener nuevos medicamentos contra el cáncer. Los descubrimientos de este tipo distan mucho de ser anecdóticos y han venido jalonando la evolución de una ciencia singular: la química. Los artículos de este nuevo número del Correo de la UNESCO permitirán a todos hacerse una idea más cabal de los adelantos que le debemos.

La química está tan presente en nuestra vida diaria que a menudo suele pasar desapercibida, como nos recuerda el científico francés Jean-Marie Lehn, Premio Nobel de Química 1987, en el artículo introductorio: “Un mundo sin química estaría desprovisto de materiales sintéticos y, por lo tanto, carecería de teléfonos, ordenadores, tejidos sintéticos y cines. Sería también un mundo carente […] de aspirinas, jabones, champús, dentífricos, cosméticos, píldoras anticonceptivas, colas, pinturas y papel, por lo que no habría tampoco ni periódicos ni libros (pág. 8).

Después de recorrer la historia de la química, nacida “el día en que nuestros ancestros salieron de la animalidad” (págs. 11-16), el presente número examina sus aplicaciones, particularmente en el ámbito de la medicina, y aborda la problemática de la interacción de la naturaleza, la investigación y la industria desde Sudáfrica hasta Australia, pasando por Brasil, China, Etiopía y la India (págs. 17-28).

Al igual que el dios Jano, la química nos presenta dos caras: una encarna los beneficios prodigados a la humanidad y otra los maleficios de la contaminación. La catástrofe que azotó a Hungría el pasado mes de octubre ha vuelto una vez más a dar la señal de alarma (pág. 35). La propia química puede aportar soluciones a la contaminación que provoca. Un periplo por China, Europa, Estados Unidos y Nueva Zelandia nos permite descubrir no sólo los nuevos hallazgos positivos de los químicos, sino también sus tentativas para contrarrestar el cambio climático, puestas de relieve por Philip W. Boyd y Klaus Lackner (págs. 32-33).

Un signo esperanzador lo constituye el hecho de que “la industria química, sobre todo las grandes empresas de este sector, actúan hoy con mucha más responsabilidad” (pág. 31), como señala el danés Ole John Nielsen, miembro del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (GIEC). La química se está convirtiendo en la nueva ciencia tan deseada por Akira Suzuki, Premio Nobel de Química 2010 (págs. 39-41). Las jóvenes generaciones de químicos sabrán llevarla a buen puerto (págs. 42-43).

Completan la temática de este número del Correo una reseña del Informe de la UNESCO sobre la Ciencia 2010, un artículo conmemorativo del nacimiento de la Organización Europea de Investigaciones Nucleares (CERN) y dos artículos sobre los vínculos entre las culturas para marcar la clausura del Año Internacional de Acercamiento de las Culturas 2010 en el próximo mes de marzo.

Jasmina Šopova, Redactora jefe

Enero - Marzo de 2011

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