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Las reglas del ego

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The Artist's Mother (1912), by the Catalan painter Juan Gris.
© Juan Gris

El psicoanálisis no se considera como un discurso de la verdad, sino como una de las vías de acceso a la subjetividad y a lo humano. No pretende juzgar, sino únicamente definir los mecanismos inconscientes que gobiernan nuestros actos y pensamientos. Esa comprensión del psiquismo engendra la concepción de una igualdad originaria, puesto que coloca a priori a todos los individuos en la misma situación frente a lo real, lo imaginario y lo simbólico. Es esta idea de igualdad originaria la que vincula firmemente el psicoanálisis con la ética y el pensamiento democráticos.

por Sylvie Nerson Rousseau

Respetar lo humano en sí mismo es una obligación insoslayable que cada individuo debe asumir para llegar a ser un sujeto cabal.

Cada cual enfrenta ese "precio" que hay que pagar a su manera y según sus prioridades imaginarias. Para unos la prioridad será jurídica lo más importante a su juicio será sentirse sujetos de derecho. Para otros prevalecerán las nociones de pertenencia a un grupo o de una tarea por cumplir se verán sobre todo como "protagonistas sociales". A otros aun, los conceptos de integridad y potencialidad les parecerán esenciales aspirarán a ser ante todo individuos biológicos.

Para el psicoanalista uno de los retos de la cura psicoanalítica es llevar al paciente a liberarse de la influencia de un "maniqueísmo narcisista", es decir de la imagen totalmente buena o mala que tiene de sí mismo y que frena sus impulsos. Desde el momento en que accedemos al lenguaje, se nos exige, en efecto, que dominemos nuestros instintos en provecho de los ideales de la comunidad. De ahí esa ambivalencia que hace de nosotros ya no seres buenos o malos, sino buenos y malos, pues nuestros instintos (a menos de ser sublimados) se oponen a priori a esos ideales.

A nivel de las comunidades étnica, religiosa, social o nacional esa clasificación en buenos y malos persiste pese al "derrumbe" de las ideologías y a las transformaciones geopolíticas que deberían modificar la imagen que los pueblos tienen unos de otros. Si para Europa cuna cultural del psicoanálisis el espectro del mal ha mudado de sitio, no por ello ha dejado de ser, allí como en todas partes, un atributo privativo del otro. Nada parece poder alterar la convicción generalizada de que el mal procede del exterior. Sin embargo, es al reencontrar en sí mismo el reverso de su imagen idealizada o desvalorizada como cada cual puede aspirar a comprender al otro.

El psicoanálisis arroja sobre el psiquismo humano una luz imparcial: no pretende juzgar, sino únicamente definir los mecanismos inconscientes que gobiernan nuestros actos y pensamientos. Esa comprensión del psiquismo engendra la concepción de una igualdad originaria, puesto que coloca a priori a todos los individuos en la misma situación frente a lo real, lo imaginario y lo simbólico. Sólo los avatares de cada historia singular podrán modificar esa situación inicial. Es esta idea de igualdad originaria la que vincula firmemente el psicoanálisis con la ética y el pensamiento democráticos. Los hechos históricos, sociales y culturales transforman secundariamente esa igualdad genérica en igualdad de posibilidades o de derechos.

De Japón al África, de Canadá a Israel, pasando por la joven CEI o por el Líbano, ninguna sociedad ignora hoy "al hombre con inconsciente", que de una manera u otra, a veces todavía muy indirectamente, forma parte de toda visión del hombre. ¿Se puede llegar a afirmar que la noción de inconsciente, como elemento central del psiquismo humano, ha desempeñado un papel en el cuestionamiento de ciertos discursos sociales? En Canadá, en todo caso, el cristianismo, con el pretexto de que el psicoanálisis afirmaba el predominio de las tendencias sexuales, ha fortalecido aun más sus propias interdicciones. El ejemplo de la ex Unión Soviética, donde el psicoanálisis tampoco se ha desarrollado, muestra también hasta qué punto los regímenes cuyas ideologías niegan la individualidad y sus componentes subjetivos ven en el psicoanálisis un enemigo.

Más allá de sus efectos terapéuticos, el psicoanálisis favorece también el surgimiento de valores fundamentales, como la tolerancia y el respeto de la verdad histórica, pues su experiencia permite precisamente al que se somete a ella descubrir su especificidad personal y tomar conciencia de la de los demás sin sentirse amenazado.

Si la preocupación por lo bueno o lo malo ha perdido vigencia, ¿no habrá posibilidad o peligro, según el punto de vista que se adopte, de que las diferencias ya no basten para justificar las desigualdades dentro de una comunidad, y de que las oposiciones pierdan su carácter radical en provecho de actitudes más matizadas, liberando antagonismos necesarios?

El reconocimiento del inconsciente como factor esencial y determinante de los comportamientos humanos no puede en ningún caso estar al servicio de posiciones tajantes: el psicoanálisis no se considera a sí mismo como un discurso de la verdad, sino como una de las vías de acceso a la subjetividad y a lo humano. Es posible también que en esta era de postmodernidad sea capaz de mantener la tensión entre lo afectivo y lo racional, entre el punto de vista de la identidad y la aspiración a la objetividad absoluta. 

Sylvie Nerson Rousseau

Psicoanalista francesa, miembro del Círculo Freudiano, Sylvie Nerson Rousseau es consultora en materia de salud pública y se dedica a la formación de médicos y trabajadores sociales que se ocupan de los seropositives y enfermos de SIDA. Ha publicado numerosos artículos sobre psicoanálisis y sociedad.