Es posible que pronto quede definitivamente superada la etapa en que un pesimista podía definir la computadora como "un idiota sumamente veloz", dado que su rapidez para hacer cálculos no iba acompañada de la facultad de "razonar". Ahora estamos entrando en la era de la "máquina inteligente" y de la "inteligencia artificial", disciplina que se ha creado un espacio propio en la informática.
Domenico de Gregorio
La denominación "inteligencia artificial" fue acuñada en 1956, con ocasión de un seminario de verano celebrado en el Dartmouth College (EUA), en el que participaron algunos de los fundadores de esta ciencia.
La inteligencia artificial es una rama de la informática que estudia la base teórica, la metodología y las técnicas que permiten concebir sistemas de hardware (soporte material) y software (dotación lógica) capaces de ejecutar tareas que el hombre que no es experto en la materia considera reservadas a la inteligencia humana. Se propone, en realidad, elaborar sistemas que muestren un comportamiento inteligente e interactúen con el mundo exterior como lo haría un ser humano.
En la práctica, los resultados de las investigaciones sobre la inteligencia artificial forman ya parte de la experiencia cotidiana. Sus sistemas desempeñan la función de consultores y de expertos en aspectos como el análisis lexicológico, el diagnóstico médico y la inge niería genética. Son robots dotados de capacidad de percepción y de reconocimiento visual, con comportamientos coherentes incluso en ámbitos desconocidos, terminales que dialogan en lenguaje natural, ya sea oral o escrito (aunque con diversas limitaciones), y dispositivos que resuelven problemas y demuestran teoremas.
Cada dos años, los especialistas se reúnen para intercambiar información en la "Interntional Joint Conference on Artificial Intelligence" (IJCAI), que suele celebrarse en un importante centro mundial de estudio sobre la materia. La primera conferencia tuvo lugar en Washington en 1969, y a partir de ese año se organizaron bienalmente en Londres, Stanford, Tbilisi, Cambridge, Tokio, Vancouver, Karlsruhe y Los Angeles. Este año la conferencia se celebrará en Milán, del 23 al 28 de agosto, en el Centro Congressi Mirafiori, como un reconocimiento de las actividades que se han llevado a cabo en Italia en este sector de la investigación avanzada.
La filosofía de la IJCAI se basa en la convicción de que el pensamiento actual ha conseguido unificar el concepto de cultura, superando el antiguo esquema que distinguía entre la cultura científica y la humanística; la síntesis entre estas dos formas de cultura parece constituir, así, la característica de la mentalidad contemporánea.
De ahí que la inteligencia artificial se considere una materia interdisciplinaria por excelencia, como quedó de manifiesto en el coloquio celebrado el 21 de febrero último, en el Centro Cultúrale di Saint Vincent (Italia). La labor del coloquio, titulado, como una alusión a la obra de Becket, "Esperando a los robots: el futuro inmediato de la inteligencia artificial", tal vez pueda resumirse mencionando los dos interrogantes fundamentales que se plantean en este ámbito: hasta qué punto y en cuánto tiempo estará en condiciones la robótica de substituir al hombre, y si la máquina terminará por igualar al hombre y si llegará incluso a superarlo.
El Sr. Basilio Catania, director del Centro de Investigación y Laboratorios de Telecomunicaciones de Turin, uno de los organismos más importantes de Italia en el plano de la investigación sobre la inteligencia artificial, señaló que el hombre dispone de fuerza muscular, de facultades sensoriales y de inteligencia. En el curso de los siglos se ha esforzado constantemente por potenciar las facultades de que estaba dotado. Su primer éxito, en lo que respecta a la fuerza muscular, el invento de la rueda, fue seguido de muchos otros y culminó con el control de la fisión del átomo. Sus facultades sensoriales las ha perfeccionado fabricando instrumentos cada vez más eficaces, que han conducido a la creación del microscopio electrónico, del radiotelescopio y de la televisión. En cuanto a la inteligencia humana, uno de los adelantos más importantes ha sido el invento de la calculadora de bolsillo, prototipo de las máquinas modernas y complejas que permiten ampliar las facultades intelectuales del hombre y que lo harán en una medida mucho mayor en el futuro. La inteligencia artificial, por consiguiente, ofrece al hombre la posibilidad de extender, por así decirlo, la suya propia, facilitándole una prótesis que le ayude a llevar a cabo diversas actividades.
Sin embargo, es arriesgado imaginar que en el futuro estas prótesis de la inteligencia serán un conjunto de robots antropomorfos. En efecto, el automóvil puede considerarse una prótesis de las piernas, pero en realidad no se les parece en nada.
Uno de los aspectos más avanzados de la investigación sobre la inteligencia artificial ha permitido la fabricación de las llamadas "connection machines", en las que un gran número de minúsculas calculadoras trabajan, ya no en forma secuencial, sino, como nuestro cerebro, a partir de informaciones diversas y paralelas, estableciendo conexiones entre los resultados. Este fue el tema elegido para el proyecto de la CEE denominado "Basic research in adaptive intelligence and neurocomputing".
Los grandes descubrimientos científicos del siglo XX, como el control de la fisión del átomo y, más recientemente, la ingeniería genética, han colocado a disposición del hombre fuerzas inconmensurables, de las que puede servirse para el bien o para el mal. También cabe emplear la inteligencia artificial con buenos o malos fines. La posibilidad de disponer de un gran cúmulo de informaciones y de analizarlas en fracciones de segundo constituye una fuente de poder, ya sea económico o político, y se presta por tanto para que se cometan todo tipo de abusos. Pero la inteligencia artificial puede acarrear también ventajas muy importantes, como ofrecer a millones de personas ocupaciones más estimulantes, mejorar la productividad o eliminar en parte la monotonía del trabajo.
Los avances de esta ciencia producirán en un futuro próximo resultados que podrían tener consecuencias sorprendentes e inesperadas, como la posibilidad de dar la vista a los ciegos. En Rockville (Maryland) se está trabajando, en efecto, en un proyecto que persigue este objetivo. Cerca de cien mil microelectrodos, unidos a células nerviosas de la corteza visual en una fase embrionaria, deberían poder encontrar autónomamente las conexiones adecuadas con la estructura visual del cerebro y asegurar una visión, aunque rudi mentaria, gracias a una cámara de televisión microscópica implantada en un par de gafas, prescindiendo totalmente de los globos oculares y del nervio óptico.
Por consiguiente, si bien las posibilidades que ofrece la inteligencia artificial crearán condiciones profesionales nuevas y más estimulantes, es indudable que habrá que abordar y resolver algunos problemas sin precedentes, que van desde una nueva definición de algunas categorías de trabajo hasta la solución de ciertos problemas vinculados con la vida privada y la seguridad de la información, problemas cuyas repercusiones pueden ser importantes incluso en el plano jurídico.
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