Una vida más simple y sostenible para las comunidades vulnerables en Colombia

15 enero 2018

Los pescadores del sur de Colombia, que se ganan la vida gracias al río Cauca, han visto facilitada su labor cotidiana gracias a la adaptación de sus balsas tradicionales a la energía solar.

Esta es sólo una de las medidas sostenibles concretas que ha propiciado el Pacto Planeta, una organización de la sociedad civil dedicada a la concepción, la aprobación y el seguimiento de proyectos de gran repercusión social y medioambiental en 12 provincias de Colombia. Su objetivo principal consiste en ayudar a las organizaciones a maximizar la repercusión de sus proyectos medioambientales.

El proyecto colabora estrechamente con los laboratorios escolares para el desarrollo sostenible (LEDS) y cuenta con tres ámbitos principales de acción: el medio ambiente y el cambio climático, la creación de cuadernos pedagógicos para enseñar inglés y matemáticas mediante ejercicios basados en los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la formación de docentes.

El esquema de los LEDS ayuda a las escuelas de poblaciones socialmente vulnerables al capacitar a los estudiantes sobre los seis ODS relativos al cambio climático, la seguridad alimentaria, la igualdad de género y la salud. Esta actividad se lleva a cabo a través de programas de voluntariado de un año que abarcan la construcción de ámbitos didácticos dentro de los colegios que funcionan como laboratorios donde aprender acerca de los ODS, la construcción de jardines comunitarios, de centrales solares, de sistemas de compost y de aulas, aplicando técnicas ecológicas de bajo coste, así como la mejora de los espacios comunes mediante murales dirigidos a alentar especialmente a las niñas a estudiar temas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemática.

Atender a necesidades diversas

El director del proyecto, Christhian Verdugo, declaró :”Trabajamos con una gran variedad de comunidades diferentes, tanto urbanas como rurales, y también con diferentes grupos étnicos, pueblos indígenas y poblaciones que han sido víctimas de la violencia y los desplazamientos”.

“Cada uno tiene necesidades diferentes. En Bogotá, tenemos muchas personas que han huido del conflicto guerrillero para comenzar una nueva vida y necesitan empleo. En las áreas urbanas, puede haber más necesidad de agricultura sostenible o de enseñar a las personas cómo transformar la basura en ladrillos ecológicos para hacer combustible. En regiones especialmente áridas como Cartagena, donde hay poco terreno aprovechable, los cultivos hidropónicos pueden marcar una gran diferencia. Las comunidades indígenas pueden padecer problemas sociales, como la inseguridad alimentaria”.

Desde su creación, el Pacto Planeta ha participado en más de 350 actividades de voluntariado corporativo en 12 provincias de Colombia y ha trabajado con comunidades, docentes, estudiantes –incluso a partir de la primera infancia-  y con sus padres. También ha participado en dos Asambleas de la Juventud de las Naciones Unidas en Nueva York.

En la actualidad, el proyecto de los LEDS está financiado por empresas privadas y el plan para 2018 consiste en asegurar la financiación gracias a fundaciones de grandes empresas. Para 2020, el Pacto Planeta debería estar presente en el 20 por ciento de las escuelas públicas de Colombia y ya se trabaja en su ampliación ulterior.

“El año pasado asistí a la Asamblea General de las Naciones Unidas y compartí nuestro trabajo con muchos colegas y amigos de Guatemala que tienen la misma visión. Muchas de las cuestiones y los problemas sociales a los que se enfrentan son los mismos que en Colombia. Nuestro plan consiste en extender el trabajo que estamos realizando aquí a Guatemala, donde tienen proyectos similares”.

Para Christhian el mayor desafío sigue siendo convencer a las personas cuyas vidas han sido marcadas por conflictos para que crean en los valores del desarrollo sostenible.

“Los más fáciles de convencer son los niños y los jóvenes que son más abiertos y receptivos al trabajo necesario para alcanzar las metas de los ODS”, añadió Christhian.

Los niños que han participado en el cultivo de sus propios jardines o en la gestión inteligente del agua asumen con naturalidad funciones de liderazgo en su entorno local y se convierten en adultos que promueven soluciones sostenibles.

“El reto que nos queda por asumir es convencer a las personas pobres de 30 o 40 años que viven en zonas que han padecido el conflicto guerrillero. Estas personas desconfían de todo”, dijo Christhian.

Y es preciso prepararse para el futuro.

“El final del conflicto en varias regiones de Colombia llevará a la creación de nuevos núcleos de población y al desarrollo de pequeños centros económicos; esta es la razón por la que las nuevas generaciones que viven en esas regiones deberían estar al tanto de las alternativas sostenibles para que puedan desarrollar sus comunidades en situaciones de post conflicto”, concluyó el director del proyecto.