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La sequía: un peligro silencioso en medio de la pandemia

08/06/2020
03 - Good Health & Well Being
13 - Climate Action
17 - Partnerships for the Goals

Integrar la acción frente al covid-19 con la gestión del riesgo de desastres. El grupo consultivo para la gestión de riesgo de desastres de la UNESCO (GERM) exhorta a la implementación de políticas públicas para contener el COVID-19 que reduzcan los impactos de las sequías, garanticen un acceso seguro al agua potable y aseguren el suministro de alimentos.

En medio de la actual pandemia global, el establecimiento de un proceso de sequía se torna más calamitoso debido a su impacto sobre dos elementos clave para enfrentar las enfermedades infecciosas: higiene y alimentación.

Por ello, los impactos directos de la sequía sobre las personas y la sociedad deben ser atendidos con urgencia, para garantizar el acceso en cantidad y calidad al recurso hídrico de acuerdo a los nuevos niveles de demanda derivados de la pandemia.

Latinoamérica y el Caribe es afectada con frecuencia por sequías que tienen impactos significativos en la calidad de vida de las personas. Entre el 2000 y el 2019 las sequías en la región han afectado a 53 millones de personas (OCHA 2020), a la vez que entre los años 2005 y 2015, las pérdidas en agricultura y ganadería atribuidas directamente a este fenómeno se estimaron en 13.000 millones de dólares, convirtiendo al desastre por sequías en el más costoso para toda la Región en ese período (FAO, 2018)

53 millones

de personas afectadas por la sequía en la región

USD 13 mil millones

de pérdidas en agricultura y ganadería

Adicionalmente, existen otros impactos negativos que no siempre se contabilizan adecuadamente. Entre ellos, algunos que no suelen asociarse a los efectos de la sequía porque ocurren cuando aún ésta no es tomada en cuenta por los sistemas de gestión de riesgo de desastres; y otros, relacionados con el bienestar humano, particularmente con la salud, que tampoco integran las estadísticas de las consecuencias de la sequía. Debido al vínculo agua-economía-sociedad, en la región las pérdidas económicas causadas por eventos de déficit hídrico son cuatro veces mayores que aquellas causadas por eventos de exceso hídrico (UNESCO - CAZALAC 2018).

Atlas de sequías de América Latina y el Caribe

El dramático impacto instantáneo de otros peligros, como terremotos y huracanes, tiene como consecuencia que a éstos se les brinde mayor atención en la vigilancia y que los planes de enfrentamiento a estos desastres estén mejor diseñados.

En la práctica, los servicios meteorológicos e hidrológicos emiten alertas tempranas de sequía que no son atendidas con la prontitud necesaria por los gobiernos. El peligro de sequía suele considerarse silencioso por ser de instalación lenta, con límites geográficos difíciles de precisar y efectos diferidos en el tiempo; su afectación en la disponibilidad de agua, para la agricultura, la diversidad biológica, la sociedad y la economía es paulatina, y ese rasgo tiende a volver su gestión más compleja en comparación con otros fenómenos.

Aunque es reconocida la crudeza de los impactos de este fenómeno, las medidas para paliar sus efectos negativos se inician tardíamente y de manera sectorial, sin una visión integral de las soluciones. Se reconoce que no en todos los países existe una política establecida para la atención de este peligro, y en este sentido la cooperación regional debe jugar un papel estratégico para mejorar las capacidades de los gobiernos para gestionar adecuadamente este tipo de riesgo.

A tono con las tendencias que se observan en la variabilidad climática a escala regional y global, las sequías en Latinoamérica y el Caribe son cada vez más frecuentes, intensas y prolongadas. Actualmente, en varios países de este vasto territorio se reportan sequías que afectan severamente a sus recursos hídricos.

Por ejemplo, en el Cono Sur, el déficit hídrico ha producido descensos extraordinarios en el nivel de los ríos Iguazú, Uruguay y Paraná, en la Cuenca del Plata. Las impresionantes Cataratas del Iguazú presentaron entre marzo y mayo de este año una vista totalmente inusual, contando sólo con pequeños hilos de agua. Similarmente, Panamá ha reportado descensos significativos en la cuenca del Canal, lo que podría comprometer el desempeño de uno de los activos de desarrollo neurálgicos para el país.

En el contexto del COVID-19, debe considerarse que con las sequías se incrementan problemas sanitarios, productivos y sociales que afectan la gestión de la enfermedad. Se acentúan las condiciones estructurales de pobreza y hambruna en las que viven millones de personas en la región.

Los comportamientos que incrementan el riesgo sanitario, como la acumulación de agua en contenedores inapropiados, que pueden cobijar vectores transmisores de otras graves enfermedades, como el dengue se exacerban; ocurren desplazamientos masivos de personas; y, en las áreas rurales y en los asentamientos sin redes de acueductos, las fuentes habituales de acceso al agua desaparecen, alejando del hogar y los cultivos las fuentes de abastecimiento de agua.

En esta situación y en la realidad social latinoamericana y caribeña, las mujeres y niñas son las que más sufren el impacto, debiendo invertir tiempo y esfuerzo diario en la obtención de agua potable, a mayores distancias y bajo condiciones más difíciles.

Reconociendo estos problemas, el consenso científico regional ha venido insistiendo en abordajes integrales desde la política pública, que permita a los países gestionar mejor este riesgo. Entre los pilares básicos recomendados destacan:

a) Evaluación de vulnerabilidades e impactos.

b) Sistemas de vigilancia y alerta temprana.

c) Medidas de respuesta y mitigación intersectoriales.

d) Estrategias de prevención de futuras sequías que contemplen adecuadamente el contexto social donde se implementan.

En la gestión del riesgo de desastres por sequías existen aún problemas técnicos y de política por resolver. Pero, dada la grave situación por el COVID-19, hay que adoptar medidas que palien los problemas conocidos y que se incrementan con las sequías. Es imperioso implementar medidas extraordinarias para disminuir el riesgo de la población y garantizar su acceso seguro e higiénico al agua potable y a alimentos sanos, como una de las medidas para contener esta enfermedad.