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Las respuestas educativas frente a la COVID-19, ¿qué balance dejó el 2020?

07/05/2021
04 - Quality Education

Por Alejandro Vera y Martín Scasso, Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe (OREALC/UNESCO Santiago)

Ya se ha cumplido un año desde el inicio de la pandemia, cuando prácticamente todos los países de América Latina y el Caribe decidieron suspender las clases presenciales. Esta fue la primera y rápida reacción de los sistemas educativos ante un escenario inédito e incierto. Luego vendrían un conjunto de estrategias para dar continuidad a la educación, las que contemplaron diversas intervenciones y actores.

Ha sido un año de incertidumbre, escenarios dinámicos y de procesos acelerados. Volver a reflexionar a la distancia sobre lo sucedido durante el 2020 nos permite comprender mejor lo ocurrido, y nos debería ayudar también a tomar mejores decisiones a futuro.

Esa mirada es posible porque durante la crisis hubo numerosos esfuerzos por hacer un seguimiento a las respuestas educativas de los países en diferentes ámbitos y escala. Por su alcance, dos iniciativas globales han sido particularmente relevantes: el Seguimiento mundial de los cierres de escuelas causados por la COVID-19 de la UNESCO, y la Encuesta sobre las respuestas educativas nacionales frente a la COVID-19 de la UNESCO, UNICEF y el Banco Mundial. Esta encuesta ya ha completado dos rondas de consulta que tuvieron lugar entre abril y octubre de 2020 y se encuentra en marcha una tercera.

Con base en estas fuentes de información, el reporte Las respuestas educativas nacionales frente a la COVID-19: El panorama de América Latina y el Caribe de la Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe (OREALC/UNESCO Santiago) presenta una mirada regional de la situación de clases presenciales durante 2020, las respuestas que dieron los países para asegurar la continuidad pedagógica y el apoyo a la comunidad educativa, y cuál era el estado de los planes de reapertura al momento de la aplicación de la encuesta.

¿Qué nos dicen los datos sobre lo sucedido en 2020? ¿Cómo reaccionaron los países de América Latina y el Caribe a la crisis provocada por la COVID19 en la educación?

La cantidad de días acumulados sin clases presenciales pone de manifiesto que los países de la región reaccionaron rápidamente al inicio de la pandemia mediante el cierre de las escuelas, pero han tenido también dificultades para encontrar los caminos adecuados para retomar las clases presenciales. Sobre el final de 2020 varios países –entre ellos algunos de los más poblados– no habían logrado iniciar experiencias de apertura. Desde el comienzo de la pandemia y hasta diciembre de 2020, más de 100 millones de estudiantes de la región no accedieron a ningún tipo de clase presencial.

Cuando se analizan las respuestas educativas nacionales implementadas, se observa una situación marcadamente heterogénea. Estos datos ponen de manifiesto que los países tuvieron que crear sus propias respuestas, sin antecedentes de referencia, sin libretos o recetas únicas. Quizás el patrón más claro para definir escenarios similares en las respuestas es el momento del año en que cada país inicia el año académico. Por ejemplo, esta dimensión marcó una diferencia respecto en la cantidad de días de clase afectados, siendo menor esta cantidad en los países que iniciaban un nuevo año escolar en los meses de agosto y setiembre.

Otro aspecto presente en estas estrategias es que las medidas implementadas son mayormente aquellas que requieren una menor inversión, mientras que las más costosas han sido menos frecuentes. Esto da cuenta de las dificultades presupuestarias que enfrentaron los países. Por ejemplo, cuando se les consulta sobre las medidas de apoyo a los docentes, las acciones referidas a capacitación y distribución de contenidos para las clases remotas han sido implementadas por más países que las referidas a la dotación de equipos informáticos o financiamiento de la conectividad.

Muchas de las respuestas también evidencian el clima de incertidumbre en el cual se tomaron decisiones en ese año. Consultados sobre planes a futuro, como las modificaciones previstas al calendario escolar, estrategias de retorno a clases presenciales o la disponibilidad de recursos financieros para el siguiente ciclo, es notorio el número de países que asumen no conocer la respuesta. Esto refuerza lo excepcional de la crisis, no solo era una situación inédita para muchos países de la región, sino que su duración y evolución también era desconocida, lo cual afectó la toma de decisiones.

Si bien la encuesta indaga sobre varias dimensiones, un aspecto relevante teniendo en cuenta los temas emergentes en 2021 es la evidente incógnita con relación a la pérdida de oportunidades de aprendizajes a escala nacional. Al haberse suspendido o pospuesto la mayoría de las evaluaciones de escala nacional o internacional, la información disponible en ese momento, y la que se prevé contar en el futuro próximo, se basa principalmente en aquella que produce cada escuela. Si bien este es un recurso fundamental para los docentes, tiene limitaciones para la construcción de un diagnóstico nacional.

Desde el momento en que los países completaron la encuesta es posible que estos escenarios hayan cambiado, de la misma manera que la evolución de la pandemia también nos sorprende con altibajos. Sin embargo, hay condiciones estructurales en los sistemas educativos de la región que probablemente se han mantenido sin cambios y dificultan la implementación de muchas de las medidas necesarias para responder a los efectos de la pandemia. Las carencias en el acceso a diferentes recursos de la educación y su desigual distribución al interior de los países significan desafíos adicionales en la planificación de la educación.

Hacia adelante, teniendo en cuenta que en los últimos meses muchos países de la región han iniciado un nuevo año escolar en contexto de pandemia, es importante insistir en priorizar la educación en los planes nacionales de respuesta y recuperación y, sobre todo, preservar los presupuestos educativos. Otro de los aspectos prioritarios es fortalecer los sistemas de información y construir un rápido diagnóstico para entender la gravedad del impacto, dimensionar el alcance de las medidas implementadas y poder actuar en consecuencia. En este proceso es necesario colocar a las poblaciones con mayor riesgo de exclusión en el centro de las políticas, quienes necesitan hoy más que nunca acciones concretas y efectivas para que no se profundicen las desigualdades.

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Las respuestas educativas nacionales frente a la COVID-19: El panorama de América Latina y el Caribe.

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