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Reconstruir mejor: tras el COVID-19, la educación debe cambiar para responder a la crisis climática

18/06/2020

Por Stefania Giannini, Subdirectora General de Educación de la UNESCO

En mayo, cuando la pandemia de COVID-19 ocupaba la actualidad y cada uno de los aspectos de nuestra vida, un estudio reveló que de aquí a 50 años, mil millones de personas podrían vivir bajo un calor insoportable. Las regiones en las que vive la tercera parte de la población mundial serían más cálidas que el Sahara, mientras que otros centenares de millones de personas tendrían que abandonar sus casas debido a la subida del nivel del mar.

El virus ha azotado cuando estábamos terminando el decenio más cálido de la historia, marcado por catástrofes naturales, inundaciones e incendios sin precedentes. Al mismo tiempo, las previsiones indican que en todo el mundo los gobiernos no habrán alcanzado los objetivos de 1,5 °C o de 2 °C para evitar los efectos catastróficos del cambio climático.

Debemos unirnos para combatir la amenaza inminente del COVID-19 que ya ha causado la muerte de más de 400.000 muertes. Pero no podemos olvidar que la crisis climática es también un combate por la vida y que muchos morirán a causa de sus efectos si no actuamos desde ahora.

El Sr. António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas ha hecho un llamamiento a los gobiernos para reconstruir mejor, una vez que haya terminado la crisis actual, creando sociedades más sostenibles, resilientes e inclusivas. Esto debe incluir a la educación, ya que las sociedades no pueden transformarse si el contenido y las modalidades de nuestro aprendizaje permanecen sin cambiar.

Reconstruir la educación para crear agentes del cambio dispuestos a hacer frente a los desafíos mundiales

El cierre de las escuelas en más de 180 países ha dejado al descubierto las desigualdades en materia de educación, las deficiencias del aprendizaje a distancia, el costo de la brecha digital, así como el papel esencial desempeñado por las escuelas en la salud y el bienestar de los alumnos.

Tras la crisis, los gobiernos de todo el mundo deberán reexaminar sus sistemas de aprendizaje para hacer frente a estos obstáculos. Se trata de una oportunidad única para mejorar la educación, al mismo tiempo que las economías, con miras a combatir la crisis climática.

Es el momento para que los responsables de la educación saquen provecho de este periodo marcado por las perturbaciones para garantizar que el contenido del aprendizaje sea realmente pertinente en lo relativo a la vida de los educandos y la supervivencia del planeta.

El año pasado, la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció que la Educación para el Desarrollo Sostenible (EDS) constituye un modelo para repensar el aprendizaje con miras a alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

La EDS reexamina lo que aprendemos, dónde aprendemos y cómo aprendemos. Asimismo, desarrolla los conocimientos, las competencias, los valores y las aptitudes que permiten que los educandos tomen decisiones y llevan a cabo acciones informadas sobre problemas a escala mundial tales como la crisis climática.

También permite que los educandos de todas las edades cambien su manera de pensar y de trabajar en favor de un futuro sostenible.

La EDS aborda el contenido de la educación incorporando a los planes de estudio el aprendizaje de la integridad medioambiental, la viabilidad económica y la colaboración en favor de la construcción de una sociedad justa. Pero también reexamina los métodos y los logros de la educación con miras a formar a alumnos capaces de reflexionar de manera crítica, con empatía, en condiciones de trabajar unidos para solucionar los problemas y de tomar decisiones con respecto a las urgencias locales y a escala mundial.

Un estudio reciente de la UNESCO reveló que los países han privilegiado ampliamente el aprendizaje cognitivo con respecto al aprendizaje socioemocional y comportamental, que son instrumentos esenciales para empoderar a los educandos y provocar el cambio.

Debemos velar por que la educación proporcione a los educandos los instrumentos necesarios para hacer frente a los problemas actuales y del futuro, luchar contra la crisis climática y transformar la sociedad.

La educación debe hacernos resilientes frente a situaciones como la pandemia actual y la crisis climática…

La EDS es indispensable para la consecución de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, pero también puede ser clave para preparar el mundo ante crisis futuras como la del COVID-19.

La pandemia nos mostró la importancia de que las personas y las sociedades tengan la capacidad de actuar rápidamente ante riesgos imprevistos. Se trata de comprender la complejidad, de anticipar las diferentes situaciones, negociar los compromisos, estar listos para actuar con rapidez basándose en las informaciones limitadas y de colaborar en la búsqueda de las mejores soluciones.

Al respecto, la EDS aboga desde hace tiempo en favor de estas competencias con miras a la promoción del desarrollo sostenible.

Las competencias socioemocionales individuales también son importantes tanto para proporcionar una respuesta inmediata a la crisis como para prevenir las crisis venideras. La respuesta a las crisis masivas que afectan cada aspecto de la vida exige una importante dosis de resiliencia de cara a la incertidumbre y al cambio de las condiciones de vida.

Aprender a vivir en la ambigüedad es una competencia que permite hacer frente al estrés y a la ansiedad en periodos de incertidumbre. Es esencial resistir al atractivo de las respuestas simplistas, a la desinformación y a las teorías complotistas. La promoción de esta competencia socioemocional ha creado un elemento importante de la EDS, como ha sido el caso de los enfoques conexos tales como la Educación para la Ciudadanía Mundial.

Estos elementos de la EDS prepararán a los educandos para afrontar situaciones tales como esta pandemia, pero también son esenciales para la promoción del desarrollo sostenible. Al utilizar la EDS como hoja de ruta para el futuro de la educación, reforzaremos nuestras capacidades para hacer frente a estos desafíos.

… y tratar de prevenirlos.

No sabemos todavía con certeza cómo los seres humanos contrajeron el COVID-19. Sabemos que las zoonosis – las enfermedades que se transmiten de los animales a los seres humanos – se vuelven más probables a medida que los animales salvajes son expulsados de su propio hábitat.

Para su supervivencia, la humanidad tiene interés en proteger inmediatamente los hábitats naturales. El 22 de mayo se celebró el Día Mundial de la Biodiversidad, un momento para mostrar que los humanos han transformado las tres cuartas partes de las tierras emergidas y las dos terceras partes de los océanos.

Al promover la comprensión de la importancia del mundo natural, la EDS engendra a los campeones de la biodiversidad del futuro: los alumnos que comprenden que la salud de la humanidad depende del bienestar de la naturaleza.

El aprendizaje debería favorecer una interconexión a escala mundial

Determinadas soluciones a escala mundial son indispensables para resolver los problemas mundiales. Esto no es menos cierto tanto para la respuesta a la pandemia de COVID-19 como para la del cambio climático y para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

La EDS puede ayudarnos a comprender la esencia planetaria de los desafíos actuales, incluida la distribución equitativa. También puede proporcionarnos los instrumentos necesarios para encontrar soluciones a nivel mundial y ayudarnos a transformar las respuestas en soluciones concretas adaptadas al marco local.

La EDS incita también a adquirir un aprendizaje colaborativo, estimulando a que los alumnos trabajen conjuntamente.

Debemos estar listos tanto para combatir la crisis climática como el COVID-19, y esto no puede llevarse a cabo sin repensar el aprendizaje.

Algunos han hecho hincapié en que la reducción de las emisiones de CO2 que ocurrió durante esta desaceleración mundial fue un elemento positivo, pero que si no hay un compromiso en favor de un cambio radical, las emisiones volverán a los niveles anteriores y podrán incluso aumentar

Los gobiernos, los responsables de formular y los agentes del ámbito educativo deben velar por que la educación al servicio del desarrollo sostenible se siga integrando a los marcos educativos, a cada nivel de la educación nacional.

El compromiso a favor de la EDS debe incluir el aprendizaje en todos los contextos, para que todos los educandos, independientemente de su género, de la situación geográfica, de su estatus socioeconómico y de su conectividad a Internet.

Durante este año, la UNESCO presentará una hoja de ruta para la educación para el desarrollo sostenible, que establecerá las bases de una acción para los próximos diez años, basada en el marco “EDS de aquí a 2030” recientemente aprobada por los Estados Miembros. Invito a todas partes interesadas de la educación – los gobiernos, los responsables educativos y de la formación, los encargados de formular políticas, los docentes, los alumnos, los alumnos y los padres – a comprometerse en favor de la EDS de aquí a 2030 y a unirse a los debates que precederán a la Conferencia Mundial sobre la EDS, de Berlín, que tendrá lugar en mayo de 2021 y los que emanarán posteriormente de esta.

La crisis del COVID-19 nos lleva a replantearnos ciertas hipótesis fundamentales sobre nosotros mismos y sobre nuestras vidas

En materia de educación, debemos reforzar un enfoque que favorece el bienestar de las personas y del planeta.

Tenemos necesidad de una educación que vaya más allá de la transmisión de conocimientos y de competencias básicas y que nos lleve a la sensibilización, a las ideas y a llevar a cabo acciones que ayuden a avanzar en el sentido del desarrollo sostenible.

La Educación para el Desarrollo Sostenible permite que los educandos se transformen y transformen a su vez a las sociedades. Esta transformación es tan urgente como la respuesta al COVID-19, no desaprovechemos esta oportunidad para cambiar el aprendizaje y construir un mundo mejor.