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¿Por qué soy socio de Unesco?

17/11/2021
16 - Peace, Justice and Strong Institutions

por Ricardo Rivas

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, con sus 17 objetivos (ODS) y 169 metas concretas que, en septiembre 2015, rubricaron 193 Jefes y Jefas de Estado y, de Gobierno, es el documento que marcará la primera centuria del siglo que corre. Es la base también, para que la idea con la que se impulsa y fundamenta la construcción colectiva de la ciudadanía mundial, deje de ser un valor a alcanzar, para trocar en realidad. Si bien se trata de la agenda del Sistema de Naciones Unidas, es mucho más que eso. Es, sobre todo, un ambicioso programa educativo -formal e informal- que sienta las bases para desarrollar la ciudadanía mundial colaborativa que, desde lo colectivo, se enriquezca con la diversidad y la mirada puesta en la plena vigencia de los derechos humanos. Y allí es donde cobra actual sentido la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), luego de 75 años desde su creación, en 1946, meses después de la finalización de la Segunda Guerra Mundial, en la que sesenta millones de personas murieron como consecuencia de múltiples violencias, desacuerdos e incomprensiones estremecedoras.

En aquel contexto, seis millones y medio de personas fueron asesinadas en los campos de exterminio con los que el nacionalsocialismo industrializó la muerte en pos de una operación de etnocidio a la que llamaron “solución final”. Judías, judíos, al igual que a las personas con opciones sexuales y/o capacidades diferentes; o, a los gitanos, romaníes, cíngaros o rom que habitaban Europa, los masacraron. Aunque también cayeron, víctimas de aquel terrorismo de Estado, disidentes, opositores y todas aquellas y aquellos que rechazaban esa matriz ideológica violenta con la que abogaban por la supremacía aria.

La niñez, adolescencia y juventud de varias generaciones -entre las que me encuentro- nos formamos en la perspectiva de los derechos humanos con la lectura periódica de El Correo de la UNESCO. “Construir la paz en la mente de los hombres y las mujeres”. Mucho más que un lema. En verdad, una propuesta clara y contundente para terminar el siglo 20, también conocido como “la centuria de las guerras” con la mirada puesta en la paz. Desafortunadamente, la inexistencia formal de la guerra no supone la existencia de la paz que, a no dudarlo, es una cultura y, en eso, está la Unesco.

Las y los periodistas, comunicadoras y comunicadores, trabajadoras y trabajadores de medios, como así también los llamados “ciudadanos en red”, lo sabemos y lo aprendemos con dolor, con angustia, con tristeza. Hasta 1993, poco más de 1500 periodistas fueron asesinados por hacer su trabajo. La respuesta no se hizo esperar. La Unesco se abocó sin descanso al análisis de la situación para proponer políticas públicas globales para poner fin a esas prácticas criminales. La Asamblea General de la ONU, escuchó y dio respuesta.

El Plan de Seguridad para Periodistas, vio la luz en 2012. El Día Mundial de la Libertad de Prensa, que se celebró en San José de Costa Rica bajo el lema “Hablar sin Miedo”, en 2013, fue el escenario ideal para que las y los periodistas supiéramos que la demanda de un entorno seguro para ejercer la profesión, más exactamente, el oficio, como me gusta llamar al trabajo que desarrollo desde tres generaciones, fue escuchada. No estamos en soledad. Pese a ello, en el período 2010-2015, 491 periodistas fueron asesinados y asesinadas. En el quinquenio siguiente, las víctimas de las violencias, por ejercer el derecho de estar informados para informar; por expresarse; por opinar, por hacer saber a la sociedad civil, son 400. Hace falta más. Lo sabemos. La Unesco, también lo sabe y va más allá con “Las Tres P”: Prevención, Protección y Procuración de Justicia, como banderas que solo serán arriadas cuando no sea necesario levantarlas. Solo el 10% de los crímenes que nos afectan son judicializados. Grave.

También la privacidad de las y los trabajadores de medios es vulnerada. Las amenazas de siempre y las nuevas, no cesan. Las redes, que son parte del campo que constituimos para analizar esta verdadera pandemia de violencias, claramente permiten verificar que las agresiones tienen como blancos preferenciales a las mujeres. A nuestras compañeras de trabajo. “Se las vulnera por ser mujeres”, sostiene el juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Ricardo Pérez Manrique. Casos como los de las colegas Jineth Bedoya Lima, Claudia Julieta Duque o Maria Ressa, son dramáticos ejemplos. La Unesco, no solo las acompañó y las contuvo, junto con otras organizaciones, sino que las galardonó. Es necesario que estas agresiones cesen.

La libertad de expresión está bajo amenaza al pretender callar al periodismo. También lo está la sociedad civil que, ante esas acciones criminales mayoritariamente impunes, se paraliza. La democracia es puesta a prueba. El Objetivo para el Desarrollo Sostenible (ODS) 16 de la Agenda 2030 propone con claridad taxativa una ruta crítica a recorrer junto a todas y todos con una premisa común: “Promover sociedades justas, pacíficas e inclusivas”. Justicia y medios independientes con información de calidad, son bases fundamentales para co-construirlas. Justicia, paz e inclusión solo son posibles con prácticas sociales colaborativas, nutridas y enriquecidas en la diversidad, para dejar atrás las violencias.

La libertad de expresión, además de un derecho humano, es la herramienta de todos y todas para para demandar, para reclamar y para exigir respeto. Con la Unesco, podemos hacerlo. Pero, por sobre todo y, para no descuidarnos, es necesario asumir la libertad, la democracia, la justicia, la paz, como asuntos pendientes porque, en cada amanecer, en cada anochecer, en cada suspiro, en cada abrir y cerrar de ojos, siempre, son posibles sociedades más libres, más democráticas, más justas y más pacíficas. Procrastinar no es una opción.

Ricardo Rivas
Periodista, académico Vicepresidente y Director Ejecutivo de la Sociedad de Corresponsales en Latinoamérica y el Caribe