Por qué el reforzamiento del aprendizaje y la protección de la financiación de la educación constituyen una urgencia a escala mundial

19/10/2020

Una “catástrofe generacional”. Es la expresión que utilizó el Sr. António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas, en el resumen elaborado bajo la dirección de la UNESCO y publicado en paralelo a la campaña #SalvarNuestroFuturo, en agosto, para calificar la crisis sin precedentes de la educación que se avecina para millones de educandos en el mundo. La pandemia de COVID-19 provocó la mayor perturbación de la historia de los sistemas educativos mundiales, impidiendo que más de 1.600 millones de educandos de más de 190 países asistan a la escuela en el momento de auge de la crisis. Esta pandemia ha puesto en juego el futuro de toda una generación, ya que 24 millones de niños y jóvenes corren el riesgo de abandonar la escuela.

Esta pandemia ha dejado al descubierto los problemas que ya existían en el sector educativo, y que no habían sido abordados de manera adecuada durante mucho tiempo. Asimismo, reveló las desigualdades alarmantes en el seno de los países y entre estos, que deben ser remediados urgentemente para garantizar el derecho fundamental de cada persona a recibir una educación de calidad.

De la financiación de la educación a la reapertura de los centros educativos de manera segura, el mundo debe definir inmediatamente las acciones prioritarias para garantizar la recuperación y el reforzamiento de los sistemas educativos en torno a cinco ejes clave en la respuesta a la COVID-19.

Protección de la financiación nacional e internacional de la educación

A escala mundial, la parte dedicada a la educación en los presupuestos públicos – alrededor del 14,5% – se ha mantenido estable durante los últimos 20 años. Con las repercusiones económicas de la COVID-19, la capacidad de los gobiernos para aumentar sus ingresos quedará sometida a presión, en lo que la educación seguiría expuesta a una fuerte competencia con otros sectores. La recesión económica podría aumentar la presión que se ejerce sobre los presupuestos nacionales de la educación y sobre la ayuda para la educación, cuando es necesario una mayor financiación para garantizar la recuperación.

Según estimaciones de la UNESCO basadas en los datos del FMI y del Instituto de Estadística de la UNESCO (IEU), aún si la parte del presupuesto asignada a la educación permanece estable, los gastos públicos podrían disminuir de un 8% (210.000 millones de dólares estadounidenses) y la ayuda a la educación de un 12% (337.000 millones de dólares estadounidenses).

El Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo de 2019 indicaba que los gastos anuales en la educación ascendían a 4.700 000 millones de dólares a escala mundial: 79,3% de estos gastos habían sido concedidos por los gobiernos, 20,4% por los hogares y 0,3% por los proveedores de fondos (12% en los países de bajos ingresos).

Reapertura de los centros escolares de manera segura

En todo el mundo, después de varios meses de cierre para frenar la propagación del virus, los países vuelven a abrir progresivamente sus escuelas o tienen previsto hacerlo. La protección de la salud física y mental de los alumnos, los docentes y el personal educativo y la preparación ante un posible recrudecimiento del virus siguen siendo los principales temas de preocupación. También hay que hacer frente a otros problemas, fundamentalmente a las consecuencias del aislamiento social prolongado, tanto en los sistemas educativos como en la comunidad escolar.

El cierre de los centros educativos ha provocado perturbaciones considerables en la vida de los niños, que han repercutido en su desarrollo socioemocional y en su bienestar, así como en su vida social y en sus relaciones en la escuela. Una de las condiciones indispensables para la reapertura es garantizar un regreso de manera segura en los locales físicos gracias a la aplicación de medidas preventivas, tales como la distanciación física y las medidas higiénicas con respecto a las manos y las vías respiratorias en los locales y en los transportes escolares.

Es conveniente que durante la reapertura de los establecimientos se dé prioridad a abordar los retrasos en el aprendizaje y a encontrar los medios para evaluarlos y solucionarlos. Todo debe encaminarse a combatir el incremento de la brecha y las desigualdades de aprendizaje que ya existen, la aparición de nuevas desigualdades y el riesgo de que aumenten las tasas de deserción escolar. La gestión de la reapertura de la escuela necesitará medidas correctoras y eventuales ajustes, fundamentalmente la modificación del calendario escolar, de los objetivos de aprendizaje, las modalidades de enseñanza y las prácticas de evaluación y de certificación. El Marco para la reapertura de las escuelas elaborado conjuntamente por la UNESCO, el UNICEF, el Banco Mundial y el Programa Mundial de Alimentos (PMU) constituye un documento de referencia al respecto.

Prioridad a la inclusión, la equidad y la igualdad de género

La pandemia de COVID-19 ha dejado al descubierto y agravado las desigualdades, la marginación y la exclusión en el ámbito de la educación. Al menos 463 millones de educandos, es decir, un tercio de los efectivos escolares del planeta, se han visto privados de educación, fundamentalmente debido a la carencia de políticas de aprendizaje a distancia y de falta de equipos necesarios para el aprendizaje desde casa. La brecha social y digital vinculada al sexo, la discapacidad física, la situación geográfica, la lengua, la situación material y otros factores han expuesto a los más desfavorecidos a perder el aprendizaje o a abandonar la escuela.

Las epidemias que amenazan la salud pública tienen generalmente consecuencias diferentes para los hombres y las mujeres. Las crisis anteriores demuestran que las niñas pueden ser particularmente vulnerables al cierre prolongado de las escuelas, fundamentalmente en los países de bajos o medios ingresos. La pandemia de COVID-19 no es una excepción de esta regla. Las cuarentenas han expuesto a numerosas niñas a un riesgo acrecentado de la violencia relativa a las cuestiones de género, incluida la explotación sexual y los embarazos precoces y no deseados, privándolas a su vez de acceso a los servicios esenciales para su protección, alimentación, salud y bienestar. La UNESCO y sus asociados lanzaron recientemente una campaña con el objetivo de garantizar que cada niña puede aprender mientras que las escuelas permanezcan cerradas y puedan regresar a las clases de manera segura cuando vuelvan a abrir.

Hay que garantizar la continuidad pedagógica y el regreso a la escuela de manera segura para todos los alumnos si deseamos preservar los logros alcanzados durante estos últimos 20 años en el ámbito de la educación, en particular la disminución a casi 125 millones de la cantidad de niños no escolarizados.

Renovación de la enseñanza y del aprendizaje

La pandemia ha afectado directamente a 63 millones de docentes de primaria y secundaria. Casi de la noche al día, los centros educativos cerraron sus puertas y pidieron a los docentes que garantizaran una enseñanza a distancia. Sin tener tiempo para prepararse y a menudo con pocos consejos y recursos, los docentes tuvieron que modificar los programas y adaptar los planes de estudio para garantizar la continuidad pedagógica mediante soluciones tradicionales, básicas y de alta tecnología. Proporcionaron cursos en directo, colocaron cursos en línea o intercambiaron incluso con los alumnos mediante dispositivos móviles. En los países en que hay poco o ningún acceso a Internet, los docentes utilizaron la radio y la televisión, prepararon tareas para que las hicieran en sus casas, o fueron a las casas de los alumnos para recuperar o entregar las tareas. Los docentes han desempeñado un papel esencial para mantener el aprendizaje y la comunicación con los alumnos y sus familias durante el cierre de los centros educativos. El papel de estos durante la reapertura es igualmente importante.

Los docentes deben ser formados y apoyados para que puedan adaptar los programas y métodos de evaluación para medir y atenuar los retrasos en el aprendizaje y evitar que los alumnos vulnerables no abandonen los estudios. Deben recibir una formación continua sobre la enseñanza a distancia, las tecnologías disponibles y las pedagogías flexibles alternativas con miras a garantizar un aprendizaje en línea, fuera de esta y mixto durante futuros cierres de las escuelas. Asimismo, deben estar formados en materia de protocolos sanitarios y de seguridad para garantizar que la reanudación se efectúe en condiciones seguras. Finalmente, se les debe proporcionar un apoyo psicosocial para ayudarlos a gestionar el estrés y enseñarles cómo ayudar por su parte a los alumnos y a otros docentes. La calidad de la enseñanza sigue siendo un problema de envergadura mundial, en particular en los países de bajos ingresos, cuya consecuencia es una mano de obra que no posee ni las competencias ni las garantías necesarias para pasar a la enseñanza en línea de manera eficaz.

La crisis ha tenido consecuencias considerables en el aprendizaje y en las condiciones en las que se lleva a cabo. Las restricciones en el desplazamiento, el aislamiento social y el cambio brusco de los métodos pedagógicos clásicos han provocado un aumento de la presión, del estrés y de la ansiedad entre los jóvenes, sus familias y sus comunidades. Es por eso que hay que examinar el orden de las prioridades en materia de educación de manera que los sistemas de aprendizaje respondan a las necesidades de cada cual, para construir una “normalidad nueva y mejor”.

La UNESCO, mediante la iniciativa titulada Los futuros de la educación, lleva a cabo un debate mundial con miras a repensar la manera en que el conocimiento y el aprendizaje pueden configurar el futuro de la humanidad y del planeta en un mundo en el que cada vez la incertidumbre es mayor.

Utilización de las tecnologías y del acceso equitativo a Internet en favor del aprendizaje

Las consecuencias de la COVID-19 en la continuidad del aprendizaje han sido catastróficas. Debido al cierre de los centros educativos en todo el mundo, el aprendizaje formal se ha visto, ya sea completamente interrumpido, o gravemente afectado para la mayoría de los educandos. Y desgraciadamente, para la mayor parte de estos, las perturbaciones en el aprendizaje debidas a la pandemia están lejos de ser solucionadas. Alrededor de la mitad de la población mundial (alrededor de 3,600 millones de personas) no tienen aún acceso a Internet.

La mayoría de los alumnos no disponen del material, programas, acceso a Internet y competencias digitales necesarias para obtener y utilizar los contenidos pedagógicos que dependen de la tecnología. Según cálculos de las Naciones Unidas, unos 500 millones de alumnos de la enseñanza preescolar al segundo ciclo de secundaria no tienen acceso al aprendizaje a distancia, y de estos, tres cuartas partes provienen de familias pobres o que viven en regiones rurales.

Ocho meses después del comienzo de la crisis, la UNESCO estima que cerca de 600 millones de niños, jóvenes y adultos han sido afectados por el cierre de las escuelas en 34 países, y que el tiempo escolar se ha reducido o ha sido parcial en muchos otros países.

En marzo de 2020, la UNESCO inició la Coalición Mundial para la Educación, una colaboración multisectorial centrada en la conectividad, la igualdad de género y los docentes cuyo objetivo es responder a la necesidad mundial urgente de garantizar la continuidad pedagógica a una escala sin precedentes.

La UNESCO, conjuntamente con los gobiernos de Ghana, Noruega y el Reino Unido convoca a una sesión virtual de la Reunión Mundial sobre Educación los días 20, y 22 de octubre para obtener de parte de los dirigentes compromisos en favor de la protección de la financiación de la educación durante la recuperación de la COVID-19, y para llegar a un acuerdo acerca de las acciones prioritarias con miras a 2021.