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Un proyecto de la Amazonia que usa la educación para realzar el valor de los bosques vírgenes obtiene premio de la UNESCO

29 noviembre 2019

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© Fundação Amazonas Sustentável

Una organización sin fines de lucro con sede en Brasil, que apoya la educación y los medios de subsistencia sostenibles en comunidades remotas de la Amazonia, ha obtenido uno de los Premios UNESCO-Japón de educación para el desarrollo sostenible (EDS) correspondiente a 2019.

La Fundación para una Amazonia Sostenible (FAS) recibió el galardón por su programa Educación pertinente para el desarrollo sostenible en comunidades remotas de la Amazonia, que se centra en la generación de ingresos a partir de los recursos forestales, la conservación medioambiental y la calidad de vida, con el fin de lograr que “el bosque sea más valioso cuando está intacto que cuando lo talan”.

Financiado por el Gobierno de Japón, el Premio UNESCO-Japón pone de relieve y recompensa a proyectos sobresalientes en materia de EDS que hacen hincapié en la innovación y el potencial transformador. Cada uno de los tres galardonados de este año recibió un cheque de 50.000 dólares estadounidenses  durante una ceremonia que tuvo lugar en la Sede de la UNESCO en París el 15 de noviembre.

La FAS fue fundada en 2008 y actualmente opera en un territorio de 10,9 millones de hectáreas a lo largo y ancho de la Amazonia. La fundación ha invertido más de 85 millones de dólares en iniciativas pertinentes de educación, centradas en el empoderamiento de base y las cadenas de suministro sostenibles. Este programa se lleva a cabo en 581 comunidades remotas, mediante tareas de fomento de capacidades y empoderamiento de base. Nueve centros de conservación y sostenibilidad en la Amazonia sirven de plataformas para aplicar soluciones centradas en la población y orientadas al desarrollo sostenible. Los centros apoyan la enseñanza y las actividades relativas a la educación medioambiental, el conocimiento tradicional y la gestión sostenible de los recursos naturales. 

Roberto Brito, un dirigente comunitario y empresario que participa en los programas de FAS, afirmó: “La carencia de oportunidades educativas solía empujar a la gente hacia la ilegalidad. Hoy en día es diferente. Tenemos acceso a la educación, el conocimiento y las nuevas tecnologías. Nuestros hijos disponen de nuevas oportunidades que nosotros no tuvimos cuando éramos jóvenes. Nuestros hijos se sienten orgullosos de nuestra cultura y nuestras comunidades”.

El Director General de la fundación, Virgilio Viana, que representó a la FAS en la ceremonia de premiación, declaró: “Cuando la mayoría de la gente piensa en la Amazonia, piensa en los árboles, la deforestación o la vida silvestre… y a menudo se olvidan de que allí viven más de 34 millones de personas. Nuestra estrategia consiste en cuidar a las personas que cuidan de la naturaleza”.

Lograr la participación de las comunidades indígenas

“Nuestra estrategia se resume en incorporar a los pueblos indígenas y las poblaciones tradicionales a programas de largo plazo, capaces de durar más tiempo que los proyectos y los mandatos de los gobiernos. Las comunidades necesitan soluciones pequeñas y sencillas, que puedan diseñarse, aplicarse y evaluarse mediante enfoques participativos”.

La selva amazónica se enfrenta a una amplia gama de amenazas internas y externas. “Entre las amenazas externas está el cambio climático, que genera incendios forestales más frecuentes. La creciente demanda de materias primas ejerce una presión adicional que conduce a más deforestación. Entre los peligros internos, figuran la apropiación ilícita de tierras y la tala ilegal, impulsadas por el afán de lucro local”, declaró Virgilio. “La ganadería y el cultivo de la soja son actividades muy rentables, que aumentan el atractivo de la deforestación”.

El eje de nuestra labor consiste en proporcionar oportunidades educativas que combinan los conocimientos tradicionales con la ciencia y la tecnología moderna. Uno de nuestros retos es evitar el éxodo de competencias, que ocurre cuando los grupos de población tradicionales emigran de la selva a las zonas urbanas, en particular los jóvenes que van en busca de educación. Nosotros les proporcionamos a las comunidades oportunidades educativas y las empoderamos para que elaboren alternativas, a fin de que mejoren sus medios de subsistencia sin recurrir a la emigración. Ofrecemos oportunidades educativas que acarrean como consecuencia la reducción de la deforestación y los incendios, y al mismo tiempo aumentan el valor de los bosques que quedan en pie”.

La labor de la FAS abarca pesquerías, gestión forestal y turismo sostenible, actividades que han logrado cierto éxito en incrementar los ingresos familiares y reducir la tasa de deforestación. Por su trabajo, la FAS ha recibido entre otros el Premio Calouste Gulbenkian (2016), el Top NGO [Mejor ONG] de Brasil encargada de la Amazonia (2017 y 2019), y el Premio SDG Brasil (2018).

“La pobreza es el mayor enemigo de la conservación a largo plazo, porque obliga a la gente a centrarse en objetivos de corto plazo, mientras que la sostenibilidad se centra en el largo plazo. Queremos cuidar a las personas para que ellas, a su vez, puedan capacitarse y funcionar como  guardianes de la selva”, señaló Virgilio. “Para lograrlo, ofrecemos una estrategia educativa de amplio espectro, que abarca desde la primera infancia hasta los adultos y la tercera edad”.  En el marco de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, la FAS tiene un plan estratégico orientado a ampliar la escala de su labor, para extenderla a todos los países de la cuenca amazónica.