La protección de las libertades académicas sigue siendo necesaria

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18 octubre 2017

“Los docentes son los agentes del cambio, por la dignidad y los derechos humanos, por la inclusión, por la resiliencia”, afirmó Irina Bokova, Directora General de la UNESCO.

Si en algo están de acuerdo todos los participantes a la conferencia del Día Mundial de los Docentes, que tuvo lugar el 5 de octubre en la Sede de la UNESCO, en París, es en lo siguiente: la Recomendación de la UNESCO relativa a la condición del personal docente de la enseñanza superior (1997) es más necesaria ahora que nunca, fundamentalmente para las cuestiones relativas a las libertades académicas.

David Edwards, Secretario General Adjunto de Educación Internacional, señaló que hoy “como nunca antes, una docencia libre debe inculcar a los educandos los valores de la democracia y las competencias de un escepticismo sano, un pensamiento crítico, métodos científicos, comprensión de la Historia y conocimientos prácticos en materia de medios de comunicación e internet”.

No obstante, esto sólo puede ser llevado a cabo por docentes cuyas libertades académicas sean respetadas, garantizadas y protegidas.

¿Qué significa “libertad académica”?

La Recomendación de 1997 define las libertades académicas como “la libertad de enseñar y debatir sin verse restringida por doctrinas instituidas, la libertad de llevar a cabo investigaciones y difundir y publicar los resultados de las mismas, la libertad de expresar libremente su opinión sobre la institución o el sistema en que trabaja, la libertad ante la censura institucional y la libertad de participar en órganos profesionales u organizaciones académicas representativas”.

James Turk, Director del Centro de Estudios en Libertad de Expresión de la Facultad de Comunicaciones y Diseño de la Universidad Ryerson (Canadá), amplió el análisis de las libertades académicas tal y como fueron contempladas en la Recomendación de 1997 y explicó que “están constituidas por cuatro elementos: la libertad de enseñar, la libertad de investigar, la libertad de expresión en el recinto universitario y la libertad de expresión fuera de éste”.

La libertad de expresión dentro del recinto universitario significa que el personal docente no sólo está autorizado a enseñar con miras a transmitir conocimientos, sino que también puede participar en la gestión de las instituciones a las que pertenece. Esta libertad queda respaldada por la libertad de expresión fuera del recinto que autoriza a los docentes a publicar los resultados de sus investigaciones y a difundir los conocimientos adquiridos.

Las libertades académicas permiten que el personal docente participe en los debates políticos y en las decisiones que tienen una repercusión en la calidad de la enseñanza, al promover y solicitar que se pongan a su disposición las financiaciones y los recursos adecuados.

Esta definición no abarca exclusivamente la garantía de las libertades académicas de los docentes de la educación superior y su autonomía en materia de enseñanza y de desempeño de su labor investigativa, sino que también tiene como objetivo garantizar que lo que han escogido los docentes para enseñar concuerde con el contenido y la vigencia de las investigaciones llevadas a cabo en el ámbito de sus estudios. La definición también vela porque se garantice que los docentes puedan opinar sobre la gestión y las decisiones que han tomado sus instituciones.

 

¿Es la autonomía de las instituciones prioritaria con respecto a las libertades académicas?

El concepto de autonomía de las instituciones ha sido definido por la Recomendación de 1997 como “la forma institucional de la libertad académica y un requisito necesario para garantizar el adecuado desempeño de las funciones encomendadas al personal docente y las instituciones de enseñanza superior”. Se señala, además, que la autonomía es un derecho que los Estados Miembros deben proteger y defender.

La autonomía de las instituciones es un elemento clave de las libertades académicas, ya que permite que el personal docente de la educación superior cree sus propios planes de estudio, así como los materiales vinculados a éstos basándose en los resultados de las investigaciones llevadas a cabo en los ámbitos adecuados.

No obstante, según una definición restrictiva de la autonomía de las instituciones, las facultades administrativas tienen prioridad con respecto a la libertad de los docentes para investigar y enseñar. Como indica el profesor Turk, existen “numerosos casos en que ‘la universidad’, por conducto de la administración o del consejo administrativo, invalida una decisión de la facultad, no la consulta o se inmiscuye en la labor investigativa y en el trabajo de los docentes”.

Los retos del futuro

El apoyo limitado que reciben las instituciones de la enseñanza superior en términos de recursos y de financiación, obstaculizan la función en el reforzamiento de las capacidades de estas instituciones, ya que no están en medida de emprender labores investigativas que actualicen los planes de estudio y materiales didácticos, tanto en el plano nacional, regional como internacional. Asimismo, esta situación los deja a la merced de las presiones exteriores, que determinan no sólo el programa que debe enseñarse sino también las investigaciones que hay que realizar.

Por su parte, Oliver Liang, responsable de la Unidad de Servicios Públicos y Privados, quien intervino en nombre de la Organización Internacional del Trabajo, señaló que “las investigaciones llevadas a cabo hoy día por la OIT demuestran que las libertades académicas y la autonomía del personal docente de la enseñanza superior, tanto dentro como fuera de las universidades se cuestionan cada vez más por diferentes tendencias”. En efecto, hoy día observamos la manera en que las presiones políticas y económicas restringen cada vez más las libertades académicas, tanto dentro de las instituciones como fuera de éstas.

Este aspecto también fue destacado por la Sra. Bokova quien afirmó que “en demasiados casos, los docentes no reciben el apoyo que merecen, deben hacer frente a restricciones y obstáculos, son excluidos de las decisiones que para ellos son importantes”.

Las libertades académicas constituyen el cimiento de una buena parte del sistema educativo. Como ha recordado el Sr. George Haddad, presidente de la Universidad Paris 1 Panthéon-Sorbonne, “el mundo de la enseñanza superior es un mundo de libertad: libertad de innovar, libertad de crear, libertad de soñar y libertad de compartir”. De hecho, proseguir la aplicación y el cumplimiento de la Recomendación de 1997 es una de las maneras de garantizar su protección. No obstante, las libertades académicas deben tener ciertos límites definidos por las normas profesionales que requiera la profesión.