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Un programa de necesidades especiales de Botswana recibe el Premio UNESCO de Educación para el Desarrollo Sostenible

14 noviembre 2019

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© Camphill Community Trust

Un programa holístico y sostenible, orientado a detectar y liberar el potencial de los estudiantes con necesidades especiales en una escuela de Botswana, ha sido galardonado con el Premio UNESCO-Japón de Educación para el Desarrollo Sostenible (EDS).

Financiado por el Gobierno de Japón, el premio pone de relieve y recompensa los proyectos y programas notables de EDS que hacen hincapié en la innovación y el potencial transformador en la materia. Los tres galardonados recibirán cada uno un premio de 50.000 dólares estadounidenses en una ceremonia que tendrá lugar en la Sede de la UNESCO en París, el 15 de noviembre, durante la celebración de la 40º reunión de la Conferencia General de la UNESCO.

El Camphill Community Trust obtuvo el premio por su programa de base comunitaria denominado “Aprendizaje integrado para la vida y el trabajo” (ILLWP por sus siglas en inglés), que ayuda a los jóvenes con discapacidades intelectuales y físicas para que se desarrollen y se destaquen mediante una experiencia de aprendizaje que combina el medio ambiente, la sociedad y la economía, los tres pilares del desarrollo sostenible.

El Trust, que forma parte del movimiento pedagógico Camphill, fundado en Escocia en 1939 para contribuir al desarrollo de los niños discapacitados en un contexto comunitario, se implantó en Botswana en 1974, menos de diez años después de que este país alcanzara la independencia.

Richard Blake, Director del Centro de Capacitación Motse Wa Badiri, que aplica el programa ILLWP galardonado por la UNESCO, declaró: “Cuando este país obtuvo su independencia, había una necesidad urgente de escuelas y, en particular, de escuelas para alumnos con necesidades especiales. El Ministerio de Educación le pidió ayuda al Trust, porque este disponía de experiencia y de un sistema bien asentado. Como empezábamos de cero y con un enfoque de autoayuda, esos principios de sostenibilidad y desarrollo integral se incorporaron desde el inicio con toda naturalidad. Desde el comienzo cosechamos nuestros propios alimentos en el terreno de 14 hectáreas del Centro y tratamos de crear empresas sociales que generasen ingresos”.

Ayudar a los niños con discapacidad

El Camphill Community Trust ofrece un itinerario completo de educación y formación, que comienza en la Escuela Rankoromane, un centro de enseñanza primaria donde estudian 56 niños con discapacidades cognitivas, de edades comprendidas entre los 5 y los 14 años.

A continuación, el Centro Motse Wa Badiri imparte el programa de aprendizaje ILLWP, de cuatro años de duración, a 85 jóvenes y adultos con dificultades o discapacidades de aprendizaje, que no hayan prosperado en el sistema educativo tradicional. Mediante la aplicación de una metodología pedagógica holística, el ILLPW ayuda a sentar amplias bases de conocimientos y competencias en tres ámbitos del plan de estudios: capacidades funcionales en comunicación, alfabetización, cálculo y tecnologías de la información y la comunicación; desarrollo personal y social, que refuerza la confianza y permite que los jóvenes se expresen, y competencias genéricas orientadas al mercado laboral.

“La amplia gama de discapacidades cognitivas de nuestros alumnos abarca, entre otras, el autismo, la parálisis cerebral y el síndrome de Dawn. Algunos niños tienen que aprender a usar el inodoro, otros, a comer con cubiertos o a orientarse en el mundo. El denominador común de todos es que la educación tradicional no ha funcionado con ellos. Nosotros tratamos de ayudarles a que se desarrollen como seres humanos, en función de sus capacidades y necesidades”, declaró Blake.

Como parte del programa basado en resultados, los estudiantes participan en el cultivo de un huerto orgánico, que aporta alimentos a la escuela. La mayor parte de las 14 hectáreas que ocupan la Escuela Rankoromane y el Centro Motse Wa Badiri está cubierta de árboles frutales, huertos y viveros. Los métodos de cultivo orgánico y de permacultura orientan el uso del terreno y la elaboración de abono orgánico es tanto una oportunidad de capacitación como la base para mantener y mejorar la fertilidad del suelo.

“El programa que desarrollamos va ‘desde la semilla hasta la mesa’, lo que significa que los alumnos se ocupan de todas las fases, desde plantar la simiente hasta cosechar las frutas y hortalizas, y también disfrutan de la experiencia social de sentarse en torno a la mesa para comer lo que han producido”, dijo Blake.

Atención preferente a la sostenibilidad

La insistencia en la sostenibilidad prosigue una vez que el programa de cuatro años ha concluido, ya que a la mayoría de los alumnos se les da la oportunidad de desempeñar en la comunidad un empleo que se ajuste a sus objetivos de subsistencia sostenible a largo plazo. El programa garantiza que tanto el estudiante como su empleador estén bien preparados para esa relación laboral.

“A menudo lo único que frena al patrón es la ignorancia sobre cada discapacidad específica. La familia también puede albergar temores acerca de la seguridad y la protección. Es el alumno o la alumna quien tiene una idea clara de lo que desea alcanzar. Para ayudarlos en ese empeño, acompañaremos a la comunidad y los centros de trabajo para facilitar la transición”, afirmó Blake. “Los objetivos personales siguen siendo la constante que unifica toda nuestra labor”.

Una de las alumnas, Dineo, es un buen ejemplo de cómo alcanzar un objetivo y obtener un empleo sostenible con el respaldo de una familia que la ha apoyado siempre. Desde que ingresó en el programa ILLWP, la joven ha reiterado que su meta a largo plazo es llegar a tener un negocio propio. En la actualidad, desempeña una pasantía en un supermercado de su pueblo natal. Su propósito es, tras la graduación, seguir adelante con la ayuda de su familia y del especialista de apoyo al empleo para establecer contactos y adquirir la experiencia necesaria para alcanzar su objetivo. Además, Dineo sigue apoyando a sus condiscípulos mediante su trabajo en el consejo escolar y los alienta a expresarse como ella misma hace.

El programa ha tenido resultados tan positivos que ya hay planes para ampliarlo.

“Con miras al futuro y debido a que la demanda es enorme y va en aumento, estamos examinando la posibilidad de normalizar el programa mediante su incorporación al sistema educativo general, usando la base que tenemos aquí como centro de recursos”, dijo Blake.