Opinión: El camino hacia la igualdad comienza con una educación de calidad

08/03/2020

Por Stefania Giannini and Alice Albright

Hace veinte y cinco años, los dirigentes de 189 países suscribieron la Declaración de Beijing y presentaron su Plataforma de acción correspondiente, una hoja de ruta ambiciosa con miras a alcanzar la participación igualitaria de las mujeres en todos los aspectos de la sociedad civil.

Hoy en día, cuando se celebra el Día Internacional de la Mujer, ningún país se halla en el buen camino para alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible relativo a la igualdad de sexos de aquí a 2030. A pesar de los logros alcanzados con grandes esfuerzos durante los últimos 25 años, se necesitará todo un siglo para superar la brecha entre los hombres y las mujeres. Las generaciones actuales de niñas y mujeres no podrán ser testigo de esto.

No es menos cierto de que se han alcanzado logros: las tasas de escolarización de las niñas se han duplicado durante los últimos 25 años. En el plano internacional, la brecha entre la cantidad de niñas y niños escolarizados disminuyó hasta alcanzar la paridad casi total o completa, y en algunos países, las niñas son ahora más numerosas en algunos niveles de la enseñanza. La UNESCO estima que desde 2000, la cantidad de niñas que no tienen ningún acceso a la educación ha disminuido considerablemente, de 250 millones a 129 millones.

No obstante, 129 millones significa una cantidad asombrosa de niñas que se ven privadas de su derecho fundamental a una educación de calidad y a un futuro que solamente la instrucción puede permitir. Además, los obstáculos que impiden la educación de las niñas no desaparecen cuando acceden a las aulas. Es en este momento que deben afrontar las barreras sociales, económicas y culturales sólidamente arraigadas y que son la causa de que en los países de bajos ingresos, 6 de cada 10 niñas no pasen del nivel de primaria y apenas 1 de 10 obtenga su diploma de estudios secundarios. Las oportunidades son aún menores para las niñas que pertenecen a los grupos marginados, es decir, refugiadas, discapacitadas y aquellas que provienen de familias pobres o de regiones rurales.

También resulta asombroso que millones de niñas escolarizadas no adquieran las competencias que necesitan. En algunos países, solo 2 de cada 10 de entre ellas sabe leer y es capaz de entender una historia simple al final de la educación primaria. Incluso cuando no logran alcanzar el nivel de la educación superior, las niñas se encuentran insuficientemente representadas en los ámbitos de las ciencias, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas, que son los que configuran la economía y las sociedades del futuro.

Somos testigos de un verdadero desperdicio de talento y capacidades.

Queda claro que debemos adoptar un enfoque completamente nuevo. Solo lo lograremos cuando los dirigentes y los ciudadanos reconozcan – y eliminen – las desigualdades de poder que mantienen este estado de cosas dentro de la sociedad.

Los logros alcanzados en el ámbito de la educación demuestran que es posible. Cuando los países adoptan compromisos concretos en favor del cambio y los respetan, son capaces de acelerar el progreso hacia la igualdad de sexos. Aproximadamente el 85% de los países en vías de desarrollo que colaboran con la Alianza Mundial para la Educación integran la igualdad entre los sexos en sus planes pedagógicos a largo plazo. Esto significa que cada vez llevan a cabo mayores esfuerzos para eliminar los obstáculos más corrientes contra la educación de las niñas: escolarizan a las niñas y hacen que permanezcan en el sistema escolar, velan para que obtengan los materiales adecuados para el aprendizaje de calidad, combaten el acoso sexual y la violencia en la escuela y su entorno, crean instalaciones sanitarias para una higiene menstrual adecuada y aumentan la cantidad de docentes capaces de motivar a las niñas y de comunicar con ellas.

Estos métodos funcionan. Etiopía, por ejemplo, ha convertido a la educación de las niñas en una prioridad durante los últimos años. Por esto ha logrado que aumente la cantidad de niñas que asisten a la escuela, que permanecen en el sistema escolar y que mejoran sus rendimientos escolares, así como que se haya eliminado prácticamente la gran disparidad entre la cantidad de niñas y niños que terminan la escuela primaria. Kenya también ha invertido considerablemente en las intervenciones que se adaptan a las niñas, en particular en las regiones más aisladas. Esto provocó un incremento de la escolarización de las niñas en primer grado de primaria, y hoy en día obtienen mejores resultados que los niños en matemáticas. Asimismo, los esfuerzos llevados a cabo por Nepal han provocado sobre todo un aumento de la tasa de escolarización y de finalización de los estudios entre las niñas, que supera la de los niños.

La Plataforma de Acción de Beijing reconoce que la igualdad de acceso a la educación es indispensable para que mayor cantidad de mujeres se conviertan en agentes del cambio. Es por eso que nosotros mismos y las organizaciones que representamos nos unimos a la campaña “Generación Igualdad”, que moviliza a las personas de todas las edades y todos los sexos para dar un nuevo impulso a las ambiciones propuestas en Beijing hace 25 años.

Una generación de la igualdad es una generación educada. Debemos desempeñar el papel que nos corresponde para que todas las niñas y todas las mujeres, en todo el mundo, posean los conocimientos y las competencias necesarias para llevar a cabo este combate y vencer definitivamente los obstáculos de la igualdad de género.

Stefania Giannini es la Subdirectora General de Educación de la UNESCO y Alice Albright es la Directora General de la Alianza Mundial para la Educación.