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“Mi derecho a la educación lo garantizó una mujer: mi madre”

24 abril 2019

Les presentamos a Ydo Yao, director regional y representante de la Oficina Regional de la UNESCO en Abuja. Ferviente defensor del derecho a la educación, su historia personal pone de relieve el poder del aprendizaje y su capacidad para transformar vidas.

¿Podría hablarnos de sus orígenes?

Nací en un pequeño pueblo de Côte d’Ivoire, de padres originarios de Burkina Faso. Mi padre era agricultor y había abandonado su país natal a los trece años de edad para instalarse en Côte d’Ivoire, donde se casó y donde luego nací yo, en el seno de una familia de 26 hijos. Mi padre tuvo cuatro esposas y yo soy el séptimo hijo de su unión con mi madre, que tuvo nueve.

¿Cómo se garantizó su derecho a la educación?

Puedo afirmar que mi derecho a la educación fue garantizado por una mujer: mi madre. Fue gracias a ella que asistí a la escuela y le debo todo lo que he logrado. Al principio, mi padre no quería enviarme a la escuela, ya que prefería que asistiese a la escuela coránica. Él era animista y un oráculo le había vaticinado que un día tendría un hijo que haría cosas importantes. Cuando nací, mi padre acababa de convertirse al islam y decidió que yo iba a ser morabito, una especie de guía religioso. No obstante, mi madre estaba decidida a matricularme en la educación formal, en una escuela católica. Mi padre se oponía a esta idea y se negó a pagar los costos de la matrícula. Mi madre tuvo que economizar del dinero de los vegetales que vendía en el mercado para pagar mi inscripción, mi uniforme y otras cosas. Todavía recuerdo cuando la ayudaba todos los viernes por la mañana a vender sus productos. Para ella, esto significaba un verdadero sacrificio y una inversión. Solo cuando alcancé el nivel de estudios secundarios mi padre comenzó a contribuir. En este momento se había dado cuenta de que valía la pena hacerlo y pude completar entonces mi educación secundaria.

¿Qué hizo después de terminar los estudios secundarios?

Cuando terminé mis estudios secundarios, decidí comenzar mis estudios superiores en Burkina Faso. Me gustaba aprender y sabía que solo mediante la educación podría triunfar. Decidí estudiar inglés en la Universidad de Ouagadougou. Cuatro años después recibí una beca para estudiar en la Universidad de Grenoble (Francia), en donde me especialicé en ciencias de la educación y pude obtener finalmente mi doctorado. Luego fui a París para realizar estudios en la escuela diplomática. Durante mis años de estudios universitarios, me formé en el oficio de agente de seguridad, lo que me permitió tener un empleo paralelo que me permitiera financiar mis necesidades. Durante este periodo, trabajé también como portero y agente de mudanzas.

¿Cómo entró en la UNESCO?

En un momento dado me contrataron para un trabajo temporal que consistía en repartir documentos durante la Conferencia General de la UNESCO. También trabajé como agente de mudanzas en la Sede de la Organización, y así fue como conocí al jefe del sector de alfabetización que me ayudó para que hiciera un cursillo en la Organización cuando le dije que yo había terminado mi doctorado en alfabetización de adultos en los países en desarrollo.

Cuando terminé este cursillo, tuve la suerte de obtener un puesto de dos años como asociado. Inmediatamente comencé a trabajar en diversas oficinas de la UNESCO en África, como especialista en educación y, hoy en día, como director general en Abuja (Nigeria).


© UNESCO

¿Cuál fue la clave de su éxito?

Creo que la humildad es esencial para triunfar. Hay que respetar siempre a los demás y tratar a todo el mundo de la misma manera, sin que nos importe lo que hacen ni de dónde vienen. Además, nunca se debe considerar que algo es obvio ni olvidarnos de dónde venimos. Es muy importante ayudar a los demás y abrir nuevas oportunidades a las personas, sobre todo a los jóvenes.

Desafortunadamente mi madre falleció antes de que comenzara a trabajar, de modo que nunca pudo ver el fruto de su sacrificio e inversión. Fue algo muy doloroso para mí el no haber tenido la oportunidad de satisfacer sus necesidades, como siempre deseé hacerlo. Fue ella quien garantizó mi derecho a la educación y le debo todo lo que soy y lo que hoy tengo. 

¿Cuáles son sus compromisos personales para garantizar el derecho a la educación en su comunidad?

Cada año, durante mis vacaciones, regreso al pueblo en que nací. Proporciono materiales de aprendizaje para los alumnos y las familias. Estimulo y oriento a los padres para que sigan apoyando la educación de sus hijos. Muchos niños de Côte d’Ivoire no tienen un acta de nacimiento, algo que es esencial para poder asistir a la escuela. Esto se debe esencialmente a que los padres no disponen de la suma de dinero necesaria para obtenerla. Contribuyo activamente a los esfuerzos en la recaudación de fondos para garantizar que los niños tengan todo lo necesario para poder matricularse de manera completa en la escuela.

¿Cuáles son los desafíos fundamentales en términos de derecho a la educación en algunos de los lugares en los que ha trabajado?

En África lo que impide a la mayor parte de los niños a asistir hoy en día a la escuela son los costos y gastos vinculados a la educación. Entonces se trata fundamentalmente de un problema económico. Es por eso que la UNESCO trabaja para que la enseñanza primaria y la secundaria sean gratuitas en todas las partes y accesible a todos. Esto permite también el crecimiento exponencial de la escolarización de las niñas y terminará haciendo que las mentalidades cambien. Ya somos testigos de este fenómeno en la actualidad.

El desempleo es otro de los factores que desalienta a algunos padres en lo que respecta la escolarización de sus hijos. Si ven que algunas personas que han asistido a la escuela no logran obtener un trabajo decente, entonces no querrán “invertir” en la educación de sus hijos. Lo que se aprende en la escuela debe adaptarse a las competencias que tienen más demanda en el mercado laboral.

No debemos olvidarnos que la población africana está integrada por un 40% de analfabetos. Si al menos uno de los padres ha asistido a la escuela, sus hijos tendrán mayores posibilidades de acceder a la educación. A la larga, mientras más personas accedan a la enseñanza gratuita, más oportunidades tendrán sus hijos de beneficiarse con esto y más garantías habrá para que ejerzan su derecho a la educación. Las comunidades podrán entonces liberarse de la pobreza. En efecto, son muchos los desafíos, pero desde el punto de vista de la sostenibilidad vamos por el buen camino.

El poder transformador de la educación es algo indiscutible. Es por eso que estoy orgulloso de trabajar para la UNESCO.