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Mejor formación para los docentes que deben ocuparse de niños con traumas

30 septiembre 2019

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Ceremonia de liberación de niños soldados en Yambio (Sudán del Sur), en febrero de 2018. Se calcula que, en el mundo entero, más de 250.000 niños se encuentran aún involucrados de manera directa o indirecta en conflictos armados.

Son muchos los niños migrantes y refugiados en edad escolar que han pasado por experiencias traumáticas, ya fuera antes de dejar sus hogares, durante el viaje o en la comunidad o el país de acogida. Impartir enseñanza a esos niños vulnerables requiere una formación específica, de la que a menudo carecen los docentes.

Así lo constata el Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo (Informe GEM, por sus siglas en inglés), en un documento titulado Education as healing: addressing the trauma of displacement through social and emotional learning [La educación como tratamiento: abordar el trauma del desarraigo mediante el aprendizaje social y emocional], que se presentó en junio de 2019. En el Informe se insiste en la necesidad de capacitar mejor a los docentes con el fin de que puedan dar apoyo psicosocial a los niños que lo necesiten.

En Alemania, la quinta parte de los niños refugiados padecen de estrés postraumático. Los menores que viajan solos son especialmente vulnerables. Un tercio de los 160 niños no acompañados oriundos de Afganistán, Irán y Somalia que pidieron asilo en Noruega padecía de estrés postraumático. Entre los 166 niños y adolescentes no acompañados que se refugiaron en Bélgica, del 37 al 47% presentaba síntomas “graves o muy graves” de ansiedad, depresión y estrés postraumático.

Los grados de trauma entre las personas desplazadas de países con ingresos bajos e intermedios son igualmente elevados. Por ejemplo, el 75% de los 331 niños desplazados que estaban en los campamentos situados en el sur de Darfur (Sudán) presentaba un síndrome de estrés postraumático y el 38% mostraba síntomas de depresión.

A falta de centros de salud, las escuelas suelen desempeñar una función decisiva en la creación de un sentimiento de estabilidad. Siempre y cuando los docentes dispongan de conocimientos sobre los síntomas de los traumas, para asesorar mejor a los alumnos. Pero, por ejemplo, en Alemania la mayoría de los maestros y educadores declaran que no se sienten con la preparación suficiente como para responder a las necesidades de los niños refugiados. En los Países Bajos, el 20% de los docentes que cuentan con más de 18 años de experiencia afirman que han tenido grandes dificultades para relacionarse con los estudiantes afectados.

El análisis de las estructuras pedagógicas y de protección de la primera infancia para niños refugiados en Europa y América del Norte reveló que, si bien eran numerosos los programas que habían reconocido la importancia de proporcionar esos cuidados, la formación y los recursos “son insuficientes en casi todos los casos”.

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