Construir la paz en la mente de los hombres y de las mujeres

Líderes del sector educativo de la región de Asia y el Pacífico llevan a cabo una experiencia para adoptar un modo de vida sostenible en una aldea japonesa

11 abril 2019

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© UNESCO / Julie Saito

Una aldea japonesa que se ha convertido en un laboratorio vivo del desarrollo sostenible ha servido de marco al primer coloquio de la UNESCO en materia de liderazgo sobre la Educación para el Desarrollo Sostenible (EDS).

El coloquio tuvo lugar, entre el 13 y el 15 de marzo, en Omori, una aldea de la prefectura de Shimane, en la isla japonesa de Honshu, donde se encuentra la mina de plata Iwami-Ginzan, inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. En Omori viven 400 personas y la aldea se ha convertido en un laboratorio de experimentación complejo y concreto relacionado con todas las dimensiones del desarrollo sostenible – económico, cultural, educativo y generacional (véase la historia del éxito que ha alcanzado en materia de EDS, en Japón: se necesita una (pequeña) aldea).

Ustedes son la transformación

Elaborado por la UNESCO para los encargados de formular políticas en el sector educativo, el coloquio tenía como objetivo proporcionar a los participantes la oportunidad única de entrar en el universo del desarrollo sostenible y de estimularlos para que reflexionen sobre sus propios contextos nacionales. Entre los participantes figuraron funcionarios de alto nivel de nueve países de la región de Asia y el Pacífico, fundamentalmente dos ministros de Educación de Afganistán y Bhután, así como participantes provenientes de Camboya, Tailandia, Filipinas, la RDP Lao, Mongolia, Myanmar y Viet Nam, y un especialista en materia de educación proveniente de los Países Bajos.

Durante dos días y medio, el evento se estructuró a partir de las visitas cuyo objetivo fue estimular la reflexión, el diálogo y el intercambio de experiencias y perspectivas entre los habitantes y participantes. “Esta reunión no trata de sus alumnos y docentes, sino que de la transformación de cada uno de ustedes como personas que tienen la autoridad requerida para incidir en las generaciones actuales y futuras”, afirmó Soo Hyang Choi, directora de la División de Inclusión, Educación para la Paz y el Desarrollo Sostenible de la UNESCO, al dar la bienvenida a los participantes. “Cada uno tendrá un punto de acceso diferente y reflexionará según su propia realidad. Nos hemos reunidos aquí para darles a cada uno la posibilidad de preguntar y no solo para responder a sus preguntas.”

La visita a una casa vieja de 230 años

El primer día comenzó en una casa antigua que tiene 230 años, que perteneció a una familia de samurais y que fue restaurada para integrar el conjunto de 11 casas tradicionales de Omori. “Quiero transmitir el modo de vida de la generación de mi abuela y mi madre”, dijo Tomi Matsuba, propietaria de algunas casas. “En aquella época éramos pobres desde el punto de vista financiero, pero ricos en términos de salud mental. Ahora la gente visita esta comunidad por su energía y modo de vida feliz que llevamos – y espero que la comunidad siga siendo un lugar en que la gente se sienta feliz.”

Los participantes visitaron dos empresas importantes de la aldea de Omori que han hecho frente al desafío del desarrollo sostenible. El Instituto de Investigación Iwami-Ginzan sobre los modos de vida produce artículos de limpieza y ropas a partir de materiales y técnicas tradicionales, que se venden bajo la marca Gungendo en más de 30 tiendas a lo largo y ancho de todo el Japón y también por Internet. Tomi, la fundadora, explicó que “ya no podemos utilizar materiales artesanales, pero tratamos de conservar nuestras técnicas. Nos costaría menos caro producir en el extranjero, pero es algo que no nos permitiría conservar las técnicas, de modo que podamos desarrollarnos exitosamente.” 

Los participantes visitaron también Nakamura Brace, una empresa que fabrica prótesis y aparatos ortopédicos. El Sr. Toshiro Nakamura, su propietario, ayudó a una pareja de jóvenes para que abrieran una panadería alemana, transformó un teatro local en ruinas en Omori-za, la ópera la más pequeña del mundo, y restauró 65 casas tradicionales. Estas iniciativas atraen a nuevos habitantes, pero el Sr. Nakamura considera que todos deben comprometerse con el futuro de la comunidad. “Tenemos a jóvenes que crían a sus hijos aquí. Pero si solo viene para divertirse, la diversión durará poco. Pasamos por la experiencia de un tsunami y una catástrofe natural, la resiliencia y la solidaridad son estados de ánimo importantes”, afirmó.

Una escuela primaria que solo cuenta con 11 alumnos

Durante la segunda jornada del evento, los participantes visitaron diferentes centros de enseñanza para observar las prácticas de EDS, así como en otros sitios de la Prefectura de Shimane. En la escuela primaria de Omori (130 años), en la que solo hay 11 alumnos matriculados, un niño reconoció que: “Harían falta más niños para poder jugar al fútbol.” La escuela espera aumentar sus efectivos gracias a los recién llegados a la aldea.

Luego, los participantes visitaron el Instituto de Enseñanza Secundaria de segundo ciclo Shimano Chuo de la UNESCO para una presentación de su programa único de talleres de un año propuestos a los alumnos de segundo año. La municipalidad colabora con más de 20 centros de enseñanza que reciben a becarios. “El taller permite que los alumnos comprendan las expectativas de la comunidad local, algo que los estimula para que no abandonen sus estudios y aporten su contribución una vez que obtienen sus títulos”, explicó el director. 

El Sr. Yu Iwamoto, un especialista de recursos humanos que trabajó para SONY, ha colaborado con la Prefectura de Shimane en el ámbito de la innovación en materia de desarrollo sostenible en las escuelas. Considera que esta labor representa “un aprendizaje basado en un proyecto de búsqueda de vida feliz en el seno de la sociedad local”, que hace que sean los propios alumnos quienes formulen los proyectos de acción en el plano comunitario.

La última visita realizada fue la del Centro Sanson Ryugaku que proporciona a los niños de las grandes ciudades la posibilidad de permanecer en él un año para adquirir las competencias necesarias a lo largo de toda la vida en un entorno natural. Los niños pasan la tercera parte de su tiempo con los agricultores locales. Uno de los niños matriculados, de 12 años de edad, declaró que: “Lo que más me gusta es ir a la montaña. Ya no necesito fósforos para encender el fuego. He transformado mi espíritu y mi cuerpo.”    

Asimismo, se le dedicó la última jornada a los debates apasionados sobre las diferentes maneras de enfocar el compromiso y los valores individuales, de integrar el pasado, el presente y el futuro, y acerca del papel desempeñado por la comunidad y la educación desde el punto de vista del desarrollo sostenible.

El coloquio de Omori es uno de los cinco eventos financiados gracias a la generosidad del Fondo Fiduciario japonés, organizados entre 2019 y 2020 en diferentes regiones del mundo.