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Los embarazos precoces de las adolescentes del África subsahariana pueden obstaculizar el regreso de un millón de niñas a la escuela

06/10/2020

La pandemia de COVID-19 ha causado estragos sin precedentes entre los niños, las familias y las comunidades de todo el mundo, afectando de este modo los servicios esenciales y poniendo en peligro a millones de vidas. Desde el mes de marzo, los esfuerzos que se llevan a cabo para luchar contra la crisis sanitaria han provocado el cierre de los centros escolares de 194 países.

Durante los tres primeros meses de confinamiento en Ghana, la comunidad de Efua*, situada en el distrito de Krachi del Oeste, ha sido afectada por el aumento de los embarazos de las adolescentes, que se han multiplicado prácticamente por nueve. Entre marzo y mayo de 2020, Efua y 50 otras niñas quedaron embarazadas, en comparación con seis casos de embarazos precoces durante todo el año de 2018.

Esta tendencia no se limita a Krachi del Oeste. World Vision International, uno de los miembros de la Coalición Mundial para la Educación de la UNESCO en materia de COVID-19, publicó un nuevo informe que pone de relieve el incremento de los embarazos entre las adolescentes, un fenómeno que se agudiza, como sabemos, por el cierre de las escuelas en periodo de crisis.

World Vision International calcula que en África subsahariana la cantidad de niñas que corren riesgo de no regresar a la escuela debido a un embarazo ocurrido durante el cierre de los centros educativos como consecuencia de la COVID-19 pudiera llegar a 1 millón.

A principios de año, antes de que se declarara la COVID-19, Efua, de 17 años de edad, preparaba su diploma de primer ciclo de estudios secundarios. Ahora ha quedado fuera de la escuela y la pescadería de su madre ha tenido problemas durante el confinamiento.

Efue fue utilizada sexualmente por un joven de su comunidad que aprovechó los problemas financieros de su madre cuando la pescadería tenía dificultades. Le propuso ocuparse de su hija, y utilizó este pretexto para tener relaciones sexuales con ella durante el periodo de cierre de las escuelas.

“Me dijo que me quería y después de estar cierto tiempo con él quedé embarazada”, explica Efua llorando. “Su madre es nuestra vecina, y cada vez que la visita pasa también por mi casa para verme ”.

Muchos embarazos precoces ocurridos en Kracho del Oeste están vinculados al confinamiento decretado con miras a frenar la propagación de la COVID-19. Entre los factores que propician los embarazos entre las adolescentes figuran fundamentalmente: la pérdida de medios de subsistencia por parte de los padres, la pobreza, la explotación y abuso sexuales, los comportamientos riesgosos de las adolescentes, las estructuras y un acompañamiento deficiente, así como la carencia de educación en materia de salud sexual y reproductiva. 

 “No estoy contenta de estar embarazada, ya que no puedo ayudar a mi madre como antes. Siempre estoy triste”.

En la región, las madres jóvenes que retoman sus estudios después de un embarazo y un parto deben hacer frente a muchas dificultades. Ghana modificó recientemente su política de reinscripción y declaró que la educación secundaria era gratuita, facilitando de este modo que las madres jóvenes puedan continuar sus estudios. No obstante, numerosos países africanos mantienen las prácticas y políticas que dificultan el regreso a la escuela de las madres adolescentes.

Aunque la edad legal para contraer matrimonio en Ghana es 18 años, una niña puede consentir una relación sexual a partir de los 16 años. De este modo, si una niña es víctima de explotación sexual y cae embarazada entre los 16 y 17 años no existe ninguna sanción contra el causante. La madre joven debe sufrir sola las consecuencias.

Para alcanzar sus objetivos en el futuro, Efua quiere continuar sus estudios cuando nazca su hijo, a pesar de las dificultades y de la estigmatización vinculadas al hecho de ser una madre joven.

 “Las escuelas han cerrado debido a la COVID-19 y para mí es difícil aprender sola”, explica. “Quiero seguir asistiendo a la escuela porque quiero convertirme en una buena persona”.

World Vision Ghana y sus asociados colaboran con las autoridades locales en la elaboración de reglamentos que prohíban la explotación y los abusos sexuales contra las niñas, que se aplique esta prohibición y se sancione a los culpables, mientras que el proceso largo y laborioso de revisión de la legislación siga su curso.

* El nombre de Efua fue cambiado para mantener el anonimato. Este artículo ha sido redactado en colaboración con World Vision Ghana y World Vision International.

La UNESCO creó la Coalición Mundial para la Educación al principio de la pandemia de COVID-19 como una plataforma de colaboración e intercambio, con miras a proteger el derecho a la educación durante el periodo de perturbaciones sin precedentes y más allá de este. La Coalición reúne actualmente a más de 140 miembros de la familia de las Naciones Unidas, la sociedad civil, el ámbito académico y el sector privado, entre otros.

El programa emblemático Igualdad de género  de la Coalición Mundial para la Educación aborda los aspectos relativos a las cuestiones de género relacionados con el impacto del COVID-19 en la educación y trata de conservar los logros alcanzados en estos últimos decenios en materia de género en la educación. Recientemente presentó la campaña #LaEducaciónContinúa en favor de las niñas de todo el mundo.

 

Photos : World Vision