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Educación y cultura del agua: otra forma de enfrentar la Covid-19

16/09/2020
Montevideo, Uruguay
03 - Good Health & Well Being
06 - Clean Water and Sanitation
10 - Reduced Inequalities

Expertos del Programa Hidrológico Intergubernamental de la UNESCO en América Latina y el Caribe se preguntaron qué pueden aportar la educación y la cultura del agua para hacer frente a los tiempos de pandemia

La cultura condiciona las formas de interactuar con el agua. Entonces, ¿qué se puede hacer desde la educación y la cultura del agua para promover acciones educativas de calidad sobre el agua y su relación con la pandemia por COVID-19?

Esta pregunta dio inicio al diálogo para analizar el punto de vista de diversas organizaciones de países de América Latina y el Caribe (LAC), donde participaron el Grupo de Trabajo de Educación y Cultura del Agua del Programa Hidrológico Intergubernamental - LAC y Cátedras de la UNESCO en Agua.

Sin dudas, la difusión y el intercambio de conocimientos y experiencias son herramientas que ayudan concretar acciones que impacten, impulsando cambios en las actitudes, percepciones y comportamientos que definen el relacionamiento de las comunidades con el agua.

¿Cuál es la influencia de la educación sobre agua en relación a los cambios de hábitos y la construcción de una cultura?

“Si preguntáramos cuál es el significado del agua, dependerá de la actividad que se realiza la respuesta que se dé” planteó Oscar Luna, miembro del grupo de trabajo Educación y Cultura del Agua de la UNESCO. “Si bien hay 3 palabras clave que siempre aparecen en relación al agua: vida, salud e higiene, su universo de significado es amplio y depende de características sociales, económicas y ambientales”, detalló.

La cultura del agua implica una acumulación de saberes, experiencias, valores, actitudes y memoria social. Es dinámica y se transforma. Por eso la educación es clave, y las acciones de los educadores sobre el uso del agua inciden de manera local pero también trascienden fronteras.

Javier Taks, coordinador de la Cátedra UNESCO Agua y Cultura, y representante del Subgrupo de trabajo Agua y Culturas agregó que

“en el contexto de la pandemia surge una tensión entre una única cultura del agua y la diversidad de culturas de la región. Hay mensajes que tienen que ver con factores clave como la higiene, que surgen de paradigmas distintos como el médico, de la epidemiología o del higienismo. Sin embargo, esa relación entre agua, salud y pureza no es universal y muchas veces hemos escuchado de que no siempre el mensaje llega de la manera en que los educadores quieren, pues es atravesado por la cultura”.

La diversidad de idiomas también influye. En las Américas hay más de 1000 lenguas, muchas indígenas que están en peligro de extinción. Los mensajes de los educadores deben aspirar a ser interculturales y multiculturales.

¿Cuál es el enfoque desde el cual se deben llevar las acciones educativas frente a la contingencia sanitaria?

“Ni prevención ni corrección, el enfoque debería ser el pensamiento complejo. Los problemas en los territorios donde se materializa el ciclo del agua cambia, se transforma, por eso requiere un análisis complejo”, aportó Marta Paris, miembro de la Cátedra UNESCO Agua y Educación para el Desarrollo Sostenible, representante del Subgrupo de trabajo Educación en agua para niveles superiores y de profesionalización.

“Muchas de las personas no saben de dónde viene el agua cuando abren la canilla, ni cuán segura es. La educación debería considerar comprender cómo funcionan los sistemas de abastecimiento, y también conocer para qué sirve el agua y cuáles son las particularidades de cada región. Es muy distinto en las zonas áridas, de las zonas que son castigadas por excesos hídricos”, añadió.

La educación sobre agua debe estar orientada al desarrollo de las competencias de las personas para saber conocer, para saber hacer y resolver, promover una ciudadanía y una gestión responsables del agua, con visión de futuro.

¿Cuál es el rol de las mujeres en la educación y cultura del agua, para promover mejores prácticas hacia una sociedad informada y participativa?

Para Vera Lucía de Miranda Guarda, de la Cátedra UNESCO Agua, Mujeres y Desarrollo, es fundamental considerar la educación ambiental como un proceso continuo.

“Las mujeres tienen un rol especial. Deben ser empoderadas para la gestión del agua, pues ellas son administradoras del agua en el hogar, pero no participan de la gestión pública. Esto hace que sus necesidades no sean reconocidas y atendidas”, apuntó.

Las políticas públicas y la educación formal e informal, deberán en este sentido considerar un nuevo modelo post pandemia.

¿Cuáles son las limitantes para llevar adelante estrategias de educación y cultura del agua?

Carmen Rodríguez Medina, representante del subgrupo de trabajo Educación en agua para la infancia, juventud y comunidades ante la UNESCO, advierte que hay una falta de visión frente a la importancia de la educación, y en algunos países no es prioritaria.

“Hay gente que no sabe todavía lo fundamental del agua y el saneamiento. Mucho de lo que se sabe es información de tipo científico y técnico, y no es adecuada pedagógicamente”, puntualizó.

Es clave que la educación sobre agua sea parte de las políticas de gobierno, que se destinen recursos, y que las líneas de gobierno estén articuladas. “Promover una relación más consciente de nuestra sociedad con el agua, hacerla prioridad en todo su proceso. El caso de la pandemia va más allá de los gobiernos, hay una responsabilidad en el cambio de hábitos personales como el lavado de manos, y está en nosotros lograrlo”, resaltó Rodríguez.

¿Es posible realizar acciones conjuntas en la región de América Latina y el Caribe teniendo en cuenta la diversidad de culturas?

“Si vemos la evolución de los paradigmas de la relación con el agua, pasan de lo espiritual y religioso, a lo estético y creacional, a lo ético, la ingeniería hidráulica, la ciencia, y también los económicos, el ecológico, y la Gestión Integrada de los Recursos Hídricos”, señaló Taks.

“Esos paradigmas no se reemplazan unos con otros, sino que coinciden y se superponen, en armonía o en tensión. Por ejemplo, los múltiples ciclos hidrológicos son vistos desde la ingeniería como el movimiento de las aguas en el ambiente. Pero hay otro paradigma que es hidrosocial, cuando interviene el humano en esos flujos (acumulación, apropiación). Existen también los ciclos hidrocosmológicos, donde entidades superiores o divinas entran en la explicación y comprensión sobre el agua”, agregó.

De esta forma, las interpretaciones sobre la relación entre agua y la enfermedad COVID-19, son también variadas, de acuerdo a los distintos grupos que la enfrentan. Algunos pueblos de LAC reclaman que ciertas medidas que se han propuesto para salir de la pandemia, deberían involucrar la participación de grupos minoritarios y constituirse de acciones conjuntas, para que la comprensión sea más integral.

América Latina y el Caribe es una región muy rica en expertos educadores que pueden generar acciones en todos los niveles de la educación. Es importante coordinar las capacidades, superar las barreras y generar contextos que permitan la apropiación. La ciencia ha abierto los datos, lo que es un ejemplo notable que contrarresta las diferencias en la superación de la pandemia por COVID-19. Las propuestas de educación sobre agua tienden los puentes con la sociedad y superan la discriminación en el acceso a esa información.

“Estamos frente a un período complejo que afecta a la región de América Latina y el Caribe en particular, y plantea desafíos económicos, sociales, ambientales, políticos. En este contexto, la evolución de la educación sobre el agua, un recurso fundamental que nos involucra como individuos, como sociedad y como personas, adquiere una nueva relevancia”, comentó Miguel Doria, Especialista Regional de Programa Hidrológico Intergubernamental de la UNESCO en América Latina y el Caribe (PHI-LAC).

“Antes se consideraba el agua meramente como un recurso y se buscaba por ejemplo controlar la cantidad a través de la infraestructura. Otra tradición, la de la medicina y salud pública, se enfocó en la calidad. Sin embargo, ambos abordajes se hicieron de forma separada. Conjuntamente con la evolución de la forma de interactuar con el ambiente, surgió la Educación Ambiental, y posteriormente la educación para el desarrollo sostenible de UNESCO, una perspectiva ambiental, económica y social que modificó lo que se planteaba en relación al agua desde la educación y la cultura. Ahora hablamos de educación en seguridad hídrica, para garantizar que las personas tengan acceso a la información pertinente, desarrollen sus capacidades y valores necesarios para actuar en las decisiones sobre agua y saneamiento, teniendo en cuenta el ecosistema. Es una visión global del agua y sus riesgos asociados”, agregó Doria. Este es un tema prioritario para el PHI desde hace 50 años, y que forma parte de los Objetivos del Desarrollo Sostenible, sobre todo el ODS 6.

Sobre la Educación para el Desarrollo Sostenible

La Educación para el Desarrollo Sostenible (EDS) habilita a los educandos para tomar decisiones fundamentadas y adoptar medidas responsables en favor de la integridad del medio ambiente y la viabilidad de la economía. A través de estos contenidos, la EDS pretende ayudar niños, niñas, adolescentes y adultos a desarrollar conocimientos, habilidades, valores y comportamientos necesarios para el desarrollo sostenible. Involucra incluir temas de desarrollo sostenible, como el cambio climático y la biodiversidad, en la enseñanza y el aprendizaje. Anima a los individuos a ser actores responsables que resuelven desafíos, respetan la diversidad cultural y contribuyen a crear un mundo más sostenible.

La EDS se ha concebido a través de 3 dimensiones, pilares para su aplicación:

Contenido del aprendizaje:

Integrar cuestiones esenciales como el cambio climático, la reducción del riesgo de desastres y el consumo y la producción sostenibles en los planes de estudios.

Pedagogía y entornos de aprendizaje:

Concebir la enseñanza y el aprendizaje de un modo interactivo, centrado en los educandos, que posibilite un aprendizaje exploratorio, transformativo y orientado hacia la acción. Repensar los entornos de aprendizaje –tanto físicos como virtuales– para infundir en los estudiantes el deseo de actuar en favor de la sostenibilidad.

Transformación social:

Habilitar a los educandos de cualquier edad, en cualquier entorno educativo, para transformarse a sí mismos y a la sociedad en la que viven.