Educación para la Ciudadanía Mundial: para un enfoque global

18 octubre 2018

En un mundo que se enfrenta a desafíos capitales tales como el cambio climático y en el que la pobreza y las desigualdades amenazan la paz mundial, nunca antes la necesidad de fomentar entre las sociedades y las personas el sentimiento de pertenencia a la humanidad ha parecido tan urgente.

A pesar de que los grandes titulares se centran en las diferencias, en apariencias insuperables, entre los países y grupos, las sociedades del mundo aplican desde hace mucho tiempo los principios que ponen de relieve la solidaridad, el diálogo y el respeto por la diversidad.

De semejante riqueza de prácticas es que el programa de Educación para la Ciudadanía Mundial (ECM) de la UNESCO se inspira a fin de inculcar las competencias, los valores, las actitudes y los comportamientos de “convivencia” a los educandos y para ayudar a forjar sociedades en un mundo más pacífico y sostenible.

A nivel mundial, la ECM se inscribe en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, en el Objetivo de Desarrollo Sostenible 4 y, en particular, en la meta 4.7, aunque se observan algunas dificultades que obstaculizan su implementación.  

En ocasiones se percibe a la EDC como un ideal que coloca a los desafíos mundiales por encima de las necesidades locales. Algunos perciben el concepto de “mundial” como un equivalente de “occidental”. En los países afectados por conflictos o por la pobreza extrema la ECM puede percibirse como un “lujo”.

Una parte de la manera en que pueden superarse estos desafíos consiste en demostrar los vínculos existentes entre los conceptos nacionales y tradicionales y las ideas que se encuentran en el centro de la ECM.

Es este el objetivo del nuevo informe de promoción de la UNESCO Global Citizenship Education: Taking it Local  [Educación para la Ciudadanía Mundial: para un enfoque local] (en inglés y en francés), en colaboración conjunta con el Centro de Asia y el Pacífico de Educación para el Entendimiento Internacional (APCEIU), cuyo objetivo es identificar los principios nacionales basados en conceptos similares a los de la ECM que pudieran servir de punto de partida para su enseñanza.

Ejemplos que van desde la divisa nacional francesa al concepto humanista sudafricano de Ubuntu, demuestran que la ECM no pretende imponer ideas nuevas, sino más bien estimular la aspiración que comparten los pueblos de vivir en paz en el respeto de todos.

La ECM se basa en tres principios fundamentales que la diferencian de otros enfoques educativos que son: el respecto por la diversidad, la solidaridad y un sentimiento común de humanidad.

El principio esencial del respeto por la diversidad está contemplado en la noción de pluriculturalismo. En Canadá, por ejemplo, el pluriculturalismo es una política nacional que tiene como objetivo garantizar que todos los ciudadanos conserven su identidad, se sientan orgullosos de sus ancestros y tengan un sentimiento de pertenencia. La ley sobre el pluriculturalismo de 1988 obliga al Gobierno a favorecer las relaciones entre las comunidades. Parte importante de esta labor se lleva a cabo mediante el sistema educativo.

En Bhután, la noción de Felicidad Nacional Bruta permea todos los aspectos de la política nacional, al hacer hincapié en la prioridad del bienestar social sobre el crecimiento económico. En 2008, se decidió integrar los principios de la Felicidad Nacional Bruta en el sistema educativo.

La pertenencia a una humanidad común es el fundamento del Sumak kawsay, un concepto autóctono andino, basado en una visión del mundo en la que la humanidad es un componente integrante del entorno natural y social, que tuvo gran influencia en la cultura ecuatoriana. Traducido como “buen vivir”, el Sumak kawsay está reflejado en la Constitución desde 2008 y ha sido integrado en los manuales oficiales del segundo ciclo de enseñanza secundaria.

Existen, por supuesto, variantes en la aplicación de estos conceptos según las sociedades – en la importancia relativa concedida al crear relaciones sociales pacíficas, por ejemplo, en la importancia asignada a los criterios de generosidad y hospitalidad, y la necesidad de hallarse en armonía con la naturaleza.

Finalmente, el nuevo estudio de la UNESCO muestra que los principios básicos de la ECM se comparten a lo largo del mundo, al tomar la forma de diferentes conceptos, reflejar historias y culturas diferentes, así como las aspiraciones comunes de convivir de forma pacífica.

En los términos expresados en el informe, “todo ello refuerza el llamado a una mayor apropiación de la ECM a nivel nacional y local, sin que importe qué nombre se le ha dado”.

Estos tópicos han sido abordados durante el evento de presentación del informe de promoción organizado el 9 de octubre de 2018 en la Sede de la UNESCO, que contó con la participación del Sr. M. Byong-hyun Lee, Presidente del Consejo Ejecutivo, de la Sra. Stefania Giannini, Subdirectora General de Educación y el Dr. Itak Chung, director del Centro de Asia y el Pacífico de Educación para el Entendimiento Internacional.

El mensaje que brinda todo esto es fuerte y claro. La ECM no es un concepto nuevo, sino una aspiración de toda la humanidad desde hace mucho tiempo. La ECM no es un concepto “ajeno”, sino que está profundamente arraigado a nivel local. La ECM no pertenece a alguien en específico, nos pertenece a todos.