Idea

Dar prioridad a la salud y al bienestar hoy en día y durante la reapertura de las escuelas

30/04/2020

Por Stefania Giannini, Subdirectora General de Educación

La epidemia de COVID-19 es una crisis sanitaria pública sin precedentes, que afecta a casi todos los países y comunidades del mundo. Hasta la fecha se han detectado más de 2,5 millones de casos confirmados y se han declarado unas 200.000 muertes. Con razón, los efectos devastadores del COVID-19 en la salud ocupan el primer lugar entre nuestras preocupaciones y también en los medios de comunicación, y tienen una repercusión en la vida y en los medios de subsistencia de las personas en todo el mundo.

No obstante, la pandemia provoca también consecuencias invisibles. Las medidas estrictas de confinamiento, el cierre de los centros educativos y puestos de trabajo, y la pérdida de ingresos que afecta a numerosas familias, tienen y seguirán teniendo efectos negativos en la educación, la salud y el bienestar.

Desafortunadamente, las desigualdades socioeconómicas siempre crecientes entre los alumnos son una de las consecuencias palpables de la pandemia de COVID-19, mientras que algunos grupos entre los más vulnerables se encuentran entre los más afectados. Más de 365 millones de niños no se benefician ya con la alimentación escolar, que son esenciales para que permanezcan saludables y motivados por el aprendizaje. La imposibilidad de acceder a las comidas escolares puede agravar la pérdida de ingresos provocada por la crisis, algo que implica que las familias tuvieran que recurrir a mecanismos de supervivencia nefastos para satisfacer sus necesidades, entre los que figuran el trabajo de los niños o la disminución de la cantidad y calidad de las comidas, en un momento en que es particularmente importante permanecer saludables y que el sistema inmunitario no se debilite.

El aprendizaje en casa puede constituir en sí mismo una fuente de estrés para las familias y los alumnos, debido a la presión relacionada con el ejercicio de nuevas responsabilidades, en ocasiones con un tiempo y recursos limitados. Muchos niños padecen de ansiedad porque no tienen acceso a Internet o a otros medios necesarios para acceder al aprendizaje a distancia. Los niños de más edad, que deben ocuparse de los más pequeños en sus casas mientras que sus padres u otros docentes trabajan, están preocupados por la posibilidad de perder varios meses de educación. Los padres/docentes que no tienen el mismo nivel de instrucción, que no hablan la lengua principal de enseñanza del país o cuyos niños tienen necesidades educativas específicas, deben hacer frente a mayores dificultades.

Los efectos de la epidemia de COVID-19 en la salud mental son considerables. En Tailandia, una encuesta llevada a cabo recientemente por las Naciones Unidas entre 6.771 alumnos, en colaboración con el Consejo Tailandés para la Infancia y la Juventud, reveló que, de 10 niños y jóvenes, 7 declararon que la pandemia tiene un efecto en su salud mental, provocándoles estrés, preocupaciones y ansiedad. Además, más de la mitad de los alumnos que participaron en la encuesta dijeron que se sienten preocupados por el trabajo escolar, los exámenes y sus estudios futuros, y el 7% señaló violencias domésticas.

Las experiencias del pasado nos indican también que la vulnerabilidad y riesgos en materia de salud sexual y reproductiva aumentan cuando las escuelas cierran durante algunas semanas, fundamentalmente en las categorías de personas más desfavorecidas y entre las niñas. El hecho de que cada vez una mayor cantidad de familias tengan que hacer frente a dificultades financieras, que muchas caigan en la pobreza y que los niños tengan que ingeniárselas por sí solos mientras sus padres trabajan fuera de la casa, hace que aumenten las tasas de matrimonios precoces y forzados, así como los embarazos precoces y no deseados. Por otra parte, se constata un aumento de las relaciones sexuales no planificadas u obligadas entre las adolescentes y jóvenes, algo que viene acompañado de riesgos de infecciones de transmisión sexual (ITS), entre las que figura el VIH.

En momentos en que el mundo hace frente a un desafío sin precedentes, se reconoce más que nunca el papel crucial desempeñado por la escuela con miras a garantizar la salud y el bienestar de los alumnos, y en realidad del conjunto de la comunidad escolar, mediante programas sanitarios y de bienestar escolar. En todo el mundo, los ministerios de educación innovan para preservar la salud y el bienestar de los alumnos durante el cierre de los centros educativos, conscientes de las cuestiones sanitarias y sociales tienen repercusiones en la educación. Estos ministerios proporcionan ayuda a las familias que tienen grandes necesidades, por medio de herramientas pedagógicas de sensibilización en materia de salud, apoyo psicológico e incluso mediante servicios sobre salud sexual y reproductiva.

Asimismo, en el marco de la reapertura progresiva de las escuelas, los ministerios de educación deben determinar cómo mantener las normas sanitarias y de higiene apropiadas para prevenir la transmisión del COVID-19, con miras a garantizar que los docentes y otros miembros del personal docente puedan trabajar con eficacia y con toda seguridad. Al variar de un país a otro y dentro de un mismo país las necesidades sanitarias, los ministerios de educación deben en estos momentos “conocer bien la epidemia”, identificando las categorías más vulnerables y las consecuencias en dependencia de la edad y el sexo.

Tras los trastornos que han afectado a los programas habituales de alimentación escolar, los diferentes gobiernos deben encontrar también soluciones para proporcionar comidas a las familias más necesitadas, algo que dificulta aún más la acción. En efecto, hay que lograr que estas familias sigan recibiendo con qué alimentarse y satisfacer sus necesidades nutritivas, y que se beneficien de una ayuda para poder hacer frente a una eventual pérdida de ingresos durante la crisis. Las familias pueden recibir de este modo, en lugar de comidas completas, raciones para llevar a casa, alimentos distribuidos en sus domicilios y dinero en efectivo o en cupones.

La próxima etapa para estas familias será el regreso a la escuela con la reapertura de los centros educativos. Unos 1.300 millones de alumnos de 186 países se encuentran todavía afectados por el cierre de las escuelas. Muchos de estos alumnos y sus docentes padecen problemas de salud física o mental debido a este largo periodo de confinamiento, y, en ocasiones, han perdido a miembros de su familia durante la epidemia.

No será un regreso a la normalidad. Basándose en las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, el Banco Mundial, el Programa de Alimentación Mundial, la UNESCO y el UNICEF publicaron un Marco para la Reapertura de las Escuelas, que concede gran atención a las medidas sanitarias y de protección. Unidos, estamos determinados a ayudar a los ministerios de educación y de la salud de todo el mundo a mantener el aprendizaje durante la reapertura de las escuelas, a la vez que se dé prioridad a la salud y el bienestar de nuestras comunidades, algo que hoy en día es más importante que nunca.