Cómo Isabel pudo continuar sus estudios en una comunidad indígena de Guatemala

13 junio 2019

“Crecí en el seno de una familia modesta y me casé a los 15 años de edad, por eso no pude completar mi escolaridad. Pero pude continuar mis estudios en el Centro”, explica Isabel Aracely Tzoy Tzoc.

Al igual que ella, la mayoría de las niñas y mujeres de Guatemala se ven en la imposibilidad de acceder a los estudios o de terminarlos. Numerosos obstáculos, entre los que figuran la pobreza, la distancia que deben recorrer para asistir a la escuela, el matrimonio y los embarazos precoces, así como los estereotipos de género tradicionales limitan sus oportunidades de educación.

En la municipalidad de Santa María Chiquimula, departamento de Totonicapán, solo algo más del 18% de las niñas han sido escolarizadas en el nivel intermedio (correspondiente a la franja de edad entre 13 y 16 años de edad). Esta cifra merma radicalmente en el nivel secundario (correspondiente a la franja de edad entre 16 y 18 años de edad), con solo el 1,36% de niñas escolarizadas. Entre los más marginados se encuentran las niñas y las mujeres que viven en las regiones montañosas remotas, accesibles tras una hora de camino desde Santa María Chiquimula.

Es en este contexto y en este lugar en que se estableció en 2018 el Centro Malala de la UNESCO. Financiado por el Fondo Malala de la UNESCO para el derecho de las niñas a recibir educación, el Centro proporciona a las niñas y mujeres las informaciones necesarias sobre oportunidades de educación flexibles, y facilita su participación en diversos talleres de desarrollo personal. Isabel, que actualmente tiene 27 años de edad, se benefició de los programas del Centro.

Poco después de que se casara, Isabel sufrió violencia doméstica y soportó violencias físicas y psicológicas por parte de su esposo. Su hijo Cristóbal, de 10 años de edad, comenzó a reproducir estos comportamientos violentos en la escuela primaria. Isabel logró salir de este matrimonio a los 23 años de edad y decidió retomar sus estudios.

El año pasado, Isabel oyó hablar del Centro Malala de la UNESCO en Santa María Chiquimula mediante el Centro Educativo Fe y Alegría, un asociado del proyecto.

Isabel participó en las actividades del Centro, fundamentalmente en el programa de salud y bienestar, y se dio cuenta de que había ganado confianza en sí misma. “Aunque para mí es difícil hablar de la violencia basada en las cuestiones de género, participar en los talleres me ayudó a superar estos problemas, y ahora puedo decir que vivo una vida sin violencia”, afirmó. “Esto me ha valorizado como ser humano, y ha sido un estímulo para seguir aprendiendo.”

Isabel estudió luego en el nivel intermedio en el Instituto Guatemalteco de Educación Radiofónica, otro de los asociados clave del proyecto. Anhela terminar sus estudios secundarios y convertirse en médico para lograr construir un futuro para su hijo.

El Centro de Santa María Chiquimula es uno de los dos Centros Malala de la UNESCO fundados en el marco de un proyecto en Guatemala que tiene como objetivo poner en marcha en las regiones rurales un modelo educativo local sostenible, reproducible y centrado en las necesidades y las diferentes situaciones de las niñas indígenas. Los programas educativos propuestos por los centros se imparten en lenguas indígenas, resaltan la cultura autóctona y refuerzan las competencias en favor del desarrollo personal y socioeconómico.

Para llevar a cabo este proyecto la UNESCO colabora con el Comité Nacional de Alfabetización (CONALFA), el Ministerio de Educación y organismos tales como, el Instituto Guatemalteco de Educación Radiofónica (IGER) y la fundación educativa Fe y Alegría, en colaboración con las municipalidades de intervención.

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