Los bienes culturales, elementos de los conflictos armados

12/10/2020

Monedas, estatuas, manuscritos, inscripciones antiguas: desde 2011, un centenar de objetos saqueados en Yemen se han vendido en casas de subastas de Europa o Estados Unidos por un valor estimado en un millón de dólares. En Raqa, una de las primeras localidades sirias caídas en manos del Dáech en 2014, el museo de la ciudad fue desposeído de centenares de piezas importantes. Al año siguiente, en Idlib, el museo de la ciudad fue despojado de unas 10.000 piezas.

Tanto en Iraq como en Siria, la organización terrorista, consciente del valor de mercado de esos objetos, procedió a un saqueo metódico y masivo de museos y sitios arqueológicos en las zonas bajo su control, introduciendo también un impuesto sobre el valor de los objetos saqueados. En un informe de noviembre de 2015 sobre la protección del patrimonio en situaciones de conflicto armado, Jean-Luc Martínez, presidente y director del Museo del Louvre (Francia), señala que las "antigüedades de sangre" han representado "del 15 al 20% de las fuentes de ingresos del Dáech", convirtiéndose, junto con el tráfico de recursos petroleros, en uno de los medios más importantes de financiación del terrorismo.

En las últimas décadas, desde Afganistán hasta Malí, pasando por Yemen e Iraq, el patrimonio y los bienes culturales han estado en la primera línea de los conflictos armados. Objeto directo de destrucción deliberada o fortuita, botín de la codicia de organizaciones que lucran con ellos, los bienes culturales están en el centro de las redes delictivas y los problemas de seguridad contemporáneos.

Al socavar la identidad de las poblaciones, el saqueo y el tráfico ilícito contribuyen a la profunda desestabilización de las regiones asoladas por conflictos. Como fuente de financiación del terrorismo, alimentan la espiral de violencia y ponen en peligro el futuro de esas regiones. "El tráfico ilícito, la destrucción de sitios, la propaganda extremista y la negación de la historia son elementos de una estrategia mundial y, para responder a ellos, la comunidad internacional debe abordarlos de manera integral", declaró Audrey Azoulay, Directora General de la UNESCO, en una reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre la protección de los bienes culturales celebrada el 30 de noviembre de 2017. 

La toma de conciencia de la vastedad de este tráfico y los daños que causa ha dado lugar a una serie de iniciativas recientes, que dieron un nuevo impulso a la cooperación internacional en esta esfera, 50 años después de la aprobación de la Convención de la UNESCO contra el Tráfico Ilícito. En 2015 se aprobó la Resolución 2199, por la que se prohibió el comercio de bienes culturales procedentes de Iraq y Siria. Dos años más tarde, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó por unanimidad la Resolución 2347, que por primera vez hace de la protección del patrimonio cultural un imperativo de seguridad y condena la destrucción deliberada de bienes culturales como delito de guerra.

A raíz de la resolución de las Naciones Unidas, se está organizando la respuesta jurídica en el plano nacional. En 2017, el Consejo de Europa aprobó una Convención sobre delitos relativos a los bienes culturales. Ese mismo año, Uruguay anunció la creación de un Comité Nacional de Prevención y Lucha contra el Tráfico Ilícito de Bienes Culturales. Siguiendo el ejemplo de Estados Unidos, que en 2016 aprobó una nueva ley que restringe las importaciones de bienes culturales de Siria, varios países han cerrado sus mercados a las "antigüedades de sangre". Por su parte, Suecia ha creado una unidad especializada en este tema en el seno de sus servicios de policía.

Más información:

“Hay que sancionar también a los compradores”El Correo de la UNESCO, octubre-diciembre de 2020

Una resolución histórica,  El Correo de la UNESCO, octubre-diciembre 2017

 

Foto: © Yaser Jawad / Xinhua / Newscom / ABACAPRESS.COM