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Abordar el antisemitismo contemporáneo: ¿Un problema mundial?

11 julio 2019

Vivimos en un mundo interconectado, interdependiente y plural, un mundo cada vez más complejo, incierto y contradictorio. Por una parte, somos capaces de obtener acceso instantáneo a la información, ejercer la solidaridad y aportar ayuda financiera con solo pulsar una tecla y, por la otra, podemos perpetuar estereotipos, difundir noticias falsas e incluso incitar al odio mediante el uso de apenas 280 caracteres.

El antisemitismo, el racismo, la xenofobia y otras modalidades de intolerancia y discriminación no solo amenazan la seguridad de personas y comunidades que padecen sus efectos, sino que también hacen peligrar la cohesión social y los valores democráticos, y socavan la plena realización de los derechos humanos fundamentales. Y lo que es aún más alarmante, la intolerancia y la discriminación de este tipo contribuyen a crear un contexto tóxico, en el que pueden prosperar el extremismo violento, el terrorismo y la delincuencia. La lucha contra la intolerancia y la discriminación mediante la promoción del diálogo, el respeto mutuo y la comprensión debe ser una prioridad para la comunidad internacional en su esfuerzo por asegurar la paz y la estabilidad, en los planos mundial, regional y local.

Por eso la UNESCO, en colaboración con la Oficina de Instituciones Democráticas y Derechos Humanos (ODIHR) de la OSCE y el Congreso Judío Mundial (WJC), celebró un taller internacional de capacitación para encargados de formular políticas con miras a abordar el antisemitismo contemporáneo mediante la educación, los días 10 y 11 de julio.

Entonces, ¿por qué es importante abordar el antisemitismo contemporáneo en este contexto y, de manera más específica, como un asunto de ámbito mundial?

Desde el principio, debería reconocerse que el antisemitismo no comenzó ni terminó con el Holocausto. Su legado de hostilidad y prejuicios contra el pueblo judío sigue siendo una realidad hoy en día, en el mundo entero. Aunque las formas y estrategias se han modificado, y a menudo se concretan con el pretexto de la situación del Oriente Medio, el antisemitismo sigue rampante, habida cuenta del aumento tanto del número de agresiones como de la índole de la violencia utilizada (por ejemplo, desde el vandalismo hasta los ataques terroristas).

Además, en nuestro dinámico contexto geopolítico, con los nuevos medios de comunicación social, asistimos a un cambio en la intolerancia antisemita, que ya no se limita a los círculos extremistas sino que está cada vez más normalizada, especialmente en Internet. Por consiguiente, el antisemitismo contemporáneo suele asumir formas tácitas, ocultas y codificadas, que lo convierten en un fenómeno complejo y contradictorio, que cambia a lo largo del tiempo. En un esfuerzo por desenredar este asunto, abordando el antisemitismo como una preocupación mundial, hay cuatro elementos fundamentales que ilustran la universalidad del antisemitismo actual, que no conoce límites.   

En primer lugar, el antisemitismo actual es una expresión amplia y creciente de odio, acoso, violencia y discriminación contra los judíos, un fenómeno que tiene repercusiones importantes. El antisemitismo plantea una amenaza para todos los países, habida cuenta de su alcance mundial. Este aspecto quedó reflejado en la encuesta que en 2014 realizó la Liga Antidifamación, en la que se examinaron las actitudes hacia los judíos y los estereotipos antijudíos vigentes en 101 países. En la encuesta se llegó a la conclusión de que más de 1.090 millones de personas en el mundo entero albergan actitudes antisemitas. Además, los datos del “índice de tolerancia longitudinal” realizado por el Comité Asesor del Consejo de Derechos Humanos (2017) revelaron que el 78 por ciento de “los negros y los judíos” de Francia experimentan los mayores niveles de intolerancia en comparación con otros grupos sociales.

En segundo lugar, en fechas más recientes hemos examinado el antisemitismo como un problema de seguridad mundial, habida cuenta de la índole de la violencia usada en los ataques, y más específicamente el componente terrorista de esas agresiones, en las cuales los extremistas violentos atacan y asesinan a judíos desde Mumbai hasta Toulouse, Bruselas, París, Pittsburgh y Copenhague. El antisemitismo es la fuerza motriz de toda una gama de ideologías extremistas y violentas y a menudo va acompañado de violencia homófoba y de género, racismo y otras formas de intolerancia. Además, diversas ideologías extremistas y violentas y numerosas teorías de la conspiración que proliferan en Internet suelen alimentarse del antisemitismo.

En tercer lugar, el antisemitismo contemporáneo constituye un grave problema de derechos humanos, que no se limita únicamente al pueblo judío, individual o colectivamente. El antisemitismo suele tratarse como una cuestión aislada, lo que implicaría que es un problema que afecta exclusivamente a las comunidades judías, cuando en realidad es una tendencia que para proliferar no necesita de la presencia de una comunidad judía. Este rasgo es particularmente problemático principalmente por dos razones:

  1. Al evaluar las respuestas estratégicas, porque se suprime la transversalidad; se trata al antisemitismo como algo “distinto” o “diferente”, lo que limita el ámbito de las estrategias holísticas/transversales, que son muy necesarias para combatir todas las formas de odio y/o discriminación.  Y (2) desde una perspectiva de derechos humanos, habida cuenta de la transversalidad y universalidad del derecho internacional de los derechos humanos, es importante reconocer el antisemitismo en el marco de la normativa jurídica y no abordarlo como algo “ajeno” o “diferente”, como si no pudiera incluírsele en el derecho internacional de los derechos humanos.

De conformidad con el derecho internacional de los derechos humanos, existe una cláusula específica que abarca al antisemitismo: el “derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión”, entre otras, que figura en el Artículo 18 de la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948) y el Artículo 18 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (1966), así como el Artículo I de la Declaración sobre la eliminación de todas las formas de intolerancia y discriminación basadas en la religión o las convicciones  (1981).

Al igual que las demás formas de intolerancia y discriminación, el antisemitismo ejerce una honda repercusión sobre la sociedad en su conjunto y socava los valores democráticos y los derechos humanos.

En cuarto lugar, el antisemitismo contemporáneo es un tema cada vez más presente en Internet y carece de fronteras, lo que universaliza sus dimensiones y su alcance. Las redes sociales, los foros en línea, los blogs, las secciones de comentarios y las aplicaciones de mensajería proporcionan plataformas por las cuales el discurso antisemita se difunde libre y anónimamente.  Estos dispositivos, carentes de una acción que los contrarreste con eficacia, dejan espacio libre para que los interlocutores afines (ocultos en las denominadas “burbujas de filtrado” y las “cámaras de eco”) estimulen y refuercen sus mensajes nocivos, faciliten un terreno abonado para la radicalización y reduzcan los umbrales de tolerancia para la violencia en el mundo real.  

La retórica antisemita sin contrapeso induce a la gente a creer que los prejuicios, la discriminación e incluso los ataques contra grupos específicos de personas son conductas aceptables. Por lo tanto, se necesita una respuesta concentrada y concertada de ámbito mundial. La educación puede desempeñar una función esencial en la prevención del antisemitismo: puede fomentar la tolerancia y el diálogo, y dotar de resiliencia a los jóvenes ante las ideologías, incluido el antisemitismo, que vulneran los derechos humanos y habilitarlos para que reconozcan y rechacen las ideas de los grupos antisemitas y otras modalidades de intolerancia y discriminación.  En última instancia, enfrentarse al antisemitismo es tanto una necesidad inmediata de seguridad como una inversión a largo plazo para promover los derechos humanos y la ciudadanía mundial.

La UNESCO está firmemente comprometida con la prevención del antisemitismo como parte de los programas mundiales de la Organización encaminados a prevenir el extremismo violento mediante la educación (PVE-E) y de Educación para la ciudadanía mundial (GCED). En este contexto, la UNESCO promueve los sistemas de educación que abordan el antisemitismo en la enseñanza y mediante ella, y que consolidan la resiliencia de los jóvenes ante las ideologías extremistas y los prejuicios. En apoyo de este objetivo, la UNESCO aumenta las capacidades pedagógicas de los encargados de formular políticas y el personal docente mediante directrices, talleres especializados y la elaboración de materiales pedagógicos.