Para la construcción de solidaridad y acción globales en la educación, pensemos en infraestructura, no en arquitectura

Noah W. Sobe — 17 julio 2020

El espacio LABO Ideas de los futuros de la educación está diseñado para destacar visiones académicas y foros sobre temas que se exploran como parte de la iniciativa Los futuros de la educación de la UNESCO. Las ideas expresadas aquí son las de los autores; no son necesariamente las de la UNESCO y no comprometen a la Organización.

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En un momento en el que el sector de la educación se dispone a trabajar en la reconstrucción y la reinvención tras las perturbaciones causadas por la COVID-19, se habla mucho de la solidaridad y la acción globales. Junto con estrategias locales y nacionales inteligentes, es igualmente importante contar con una estrategia global inteligente. ¿Está la comunidad educativa internacional a la altura de esta tarea? ¿Cómo debe configurarse ese trabajo?

La cuestión de determinar la mejor manera de trabajar de manera colectiva a escala mundial había suscitado un prolífico debate mucho antes de la actual pandemia. En un ensayo publicado en 2019 en el International Journal of Education and Development, Nicholas Burnett defendió que la «arquitectura internacional para la educación» estaba «rota» y era necesario repararla. Steve Klees respondió sosteniendo que el problema se había diagnosticado mal y que, en lugar de un remiendo, era necesario un cambio radical en los enfoques de desarrollo. El ensayo de Burnett hacía un llamamiento por «una agencia internacional líder para la educación», mientras que Richard Sack ha sugerido que se trata de una respuesta anacrónica a un mundo cada vez más plural conformado por diversos actores y prioridades. En concreto, a finales de 2019, Julia Gillard, de la Alianza Mundial para la Educación, abogó por dotar a la comunidad educativa mundial de mayores «capacidades para aunar pensamiento estratégico, innovación, planificación, resultados y responsabilidad». De manera similar, Stefania Giannini, de la UNESCO, sugirió que el progreso se lograría mediante una colaboración reforzada en torno a prioridades comunes.

A la hora de reaccionar frente a la COVID-19, en lugar de estructuras que abarcan y dirigen, la comunidad educativa internacional parece estar avanzando en mayor medida hacia colaboraciones y alianzas. La UNESCO ha puesto en marcha una nueva Coalición Mundial para la Educación. La cooperación entre las entidades de las Naciones Unidas y otros socios es sólida. Muchos de estos acuerdos son menos jerárquicos y tienen una orientación más horizontal, aunque, por supuesto, no significa que no tengan a su vez sus limitaciones. Se ha señalado, por ejemplo, que los modelos de «alianza» pueden ocultar desequilibrios de poder. Muchos de los términos que utilizamos para describir estos enfoques ya no parecen adecuados. Por ejemplo, se puede sostener que el concepto de «red» se ha sobreutilizado y sobrecargado tanto que necesitamos un nuevo lenguaje para pensar en la acción global colectiva.

Es aquí donde el concepto de infraestructura resulta muy útil (por ejemplo, como se comentaba en un reciente ensayo de Lauren Berlant). Si la arquitectura –al menos tal y como ha servido de referencia en el debate sobre la coordinación educativa internacional mencionado anteriormente– se refiere a estructuras sólidamente conocidas que se estabilizan y organizan, infraestructura remite a los elementos de conexión, a las pasarelas entre ellas. La infraestructura es relacional, es todo lo que se encuentra «entre» y que nos aglutina y nos une a un mundo en movimiento.

Las soluciones de ingeniería de mando y control han seguido su curso. Debemos centrarnos en las infraestructuras que permiten la unión colectiva, la inteligencia y la acción colectivas. En la práctica, pueden manifestarse como plataformas, alianzas, redes o coaliciones. Sin embargo, la cuestión es que la infraestructura se define por el movimiento y el uso. La orientación hacia una infraestructura exige que reflexionemos detenidamente sobre nuestras relaciones con los demás y con el mundo.

En los últimos meses, las capacidades de acción de un virus de 125 nanómetros de diámetro han puesto de manifiesto de manera visceral lo inextricablemente unidos que están los seres humanos colectivamente, así como los sistemas y estructuras que nos separan y hacen que la pandemia haya exacerbado las desigualdades en prácticamente todos los sectores. La COVID-19 nos obliga a pensar en cómo debemos relacionarnos con otros seres humanos, pero también con el planeta y con los muchos seres que lo habitan. Estas preguntas éticas de índole absolutamente práctica nos invitan a adoptar las experiencias complejas y compartidas de aunar conocimiento y acción. Para la construcción de la solidaridad global en la educación, debemos adoptar el complicado proceso de construir las pasarelas de infraestructura que conectan a las personas, las ideas y la acción.

En lugar de recurrir a las arquitecturas para organizarnos
debemos construir infraestructuras que nos conecten.

Pensar en términos de infraestructura alberga, además, el potencial de contribuir a fortalecer los bienes comunes globales. Si consideramos lo procomún como un concepto de acción, como ha sugerido Berlant, entre otros, mantenemos nuestros esfuerzos centrados en la difícil y necesariamente continua lucha creadora de mundo de hacer que nuestras acciones conjuntas estén al servicio del bien de todos. Para fortalecer la educación y el conocimiento como bienes comunes globales necesitamos una colaboración social transparente, participación y confianza. Para ello, en lugar de recurrir a las arquitecturas para organizarnos, debemos construir infraestructuras que nos conecten.

Noah W. Sobe es Oficial Superior de Proyectos en el programa de Investigación y Prospectiva en Educación de la UNESCO. Es expresidente de la Sociedad de Educación Comparada e Internacional (CIES) y ocupa un puesto docente como profesor de Estudios Culturales y Educativos en la Universidad Loyola de Chicago. Este artículo se publicó simultáneamente en el Blog NORRAG, 17 de julio de 2020.

 

 

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Sobe, N.W. (17 de julio de 2020) Para la construcción de solidaridad y acción globales en la educación, pensemos en infraestructura, no en arquitectura. LABO de Ideas de Los Futuros de la Educación de la UNESCO.  Recuperado de https://es.unesco.org/futuresofeducation/ideas-lab/sobe-pensemos-infrastructura.

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Sobe, Noah Webster. "Para la construcción de solidaridad y acción globales en la educación, pensemos en infraestructura, no en arquitectura". LAB de Ideas de Los Futuros de la Educación de la UNESCO. 17 de julio de 2020, https://es.unesco.org/futuresofeducation/ideas-lab/sobe-pensemos-infrastructura.

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