Los futuros frente a los futurismos

António Nóvoa — 4 Abril 2020

El espacio LABO Ideas de los futuros de la educación está diseñado para destacar visiones académicas y foros sobre temas que se exploran como parte de la iniciativa Los futuros de la educación de la UNESCO. Las ideas expresadas aquí son las de los autores; no son necesariamente las de la UNESCO y no comprometen a la Organización.

Cuadro de cita: El futuro implica el fortalecimiento de la educación como un bien común mundial que surge en un espacio público.

Cuando la UNESCO emprendió el proyecto Los futuros de la educación, ninguno de nosotros imaginaba que el tema fuera a tener una relevancia tan inmediata y urgente. El tsunami que estamos viviendo tendrá consecuencias sin precedentes en el ámbito de la educación. Es necesario prepararnos, con inteligencia, con la fuerza de la cooperación y con el intercambio abierto de conocimientos.

En su novela La Ignorancia, Milan Kundera escribió:

“Todo el mundo se equivoca acerca del porvenir. El ser humano sólo puede estar seguro del momento presente. [...] ¿cómo podría comprender el sentido del presente el que no conoce el porvenir?”

Este es precisamente el propósito de la iniciativa Los futuros de la educación: intentar mirar hacia el futuro para entender el presente y comprender todo lo que tenemos que hacer para superar las desigualdades en la educación, desigualdades que intensifican otras desigualdades que hacen del mundo un lugar más frágil.

La iniciativa Los futuros de la educación no es un ejercicio futurista, como tantos otros que, en los últimos años, han sido extraordinariamente populares. El futurismo tiene tres devociones principales: lo digital, la inteligencia artificial y el cerebro. No debemos ignorar la importancia de estos tres temas. Pero debemos analizarlos con precaución, como un punto de partida y no, como tan a menudo sucede, como una solución o, aún peor, como la única solución.

Estos futurismos están vinculados por un denominador común: todos ellos anuncian la desintegración de la escuela, ya que crean una relación más individualizada, más privada con la educación.

Lo digital anuncia la posibilidad de una educación desde el hogar u otros lugares privados.

La inteligencia artificial anuncia, para citar las palabras de Laurent Alexandre, “una escuela transhumanista en la que será normal modificar los cerebros de los estudiantes usando todo el abanico de las nanotecnologías, las biotecnologías, las tecnologías de información y las tecnologías de ciencia cognitiva.” 

La neurociencia, por su parte, propone, primero, personalizar el aprendizaje y, luego, optimizar el cerebro bio-electrónicamente.

De una forma u otra, todos estos futurismos aspiran al confinamiento de la educación a las esferas privadas. En consecuencia, como sostiene David Labaree, la educación tiende a restablecerse mediante un enfoque consumista que socava el papel de la escolarización, un enfoque consumista que constituye el mayor peligro para el futuro de la escolarización.

La situación actual con la crisis del coronavirus no hace más que acentuar esta tendencia, lo cual debe ser un motivo de gran preocupación para todos nosotros. 

Necesitamos un cambio profundo en la organización
de la escuela y en el programa de estudios
... nuestra salida es la metamorfosis

Vale la pena recordar un texto de Edgar Morin sobre el sistema terrestre que adapto aquí al sistema educativo:

“Cuando un sistema es incapaz de hacer frente a sus problemas vitales, se degrada, se desintegra o, por el contrario, es capaz de crear un proceso de metamorfosis. Lo probable es la desintegración. Lo improbable pero posible es la metamorfosis.”

Para mí, el futuro depende de la metamorfosis de la escuela. Necesitamos un cambio profundo en la organización de la escuela y en el programa de estudios. En la organización del espacio educativo. En la organización de la escuela. En nuestra concepción del programa de estudios, la pedagogía y el aprendizaje. Nuestra salida es la metamorfosis, no la desintegración.

Al contrario de lo que ocurrió a lo largo del siglo XX, no habrá un modelo único de escuela. Por lo tanto, vale la pena hablar de futuros diversos, plurales y basados en experiencias y proyectos que, afortunadamente, ya existen por todo el mundo. Es en la solidez de estas experiencias, en su capacidad para el intercambio y para la inspiración mutua, donde estará el futuro de la educación.

Y no podemos olvidar nunca que la educación debe ser un factor de lucha contra las desigualdades, y no de creación de más desigualdades.

En lugar de seguir el camino del consumismo, deberíamos recordar las sabias palabras de Maxine Greene, en su discurso presidencial en la reunión de 1982 de la Asociación Americana de Investigación Educativa (AERA):

“No puedo imaginar un sentido coherente de propósito en la educación si no surge algo común en un espacio público”.

La frase es genial y llama la atención sobre los conceptos de lo común y del espacio público. Tal vez podríamos añadir, además, un bien común mundial.

Lo que trato de decir, para concluir, es que el futuro que me interesa implica el fortalecimiento de la educación como un bien común mundial que surge en un espacio público. Aquí “común” no significa “uniformidad”, sino que se refiere a lo que permite “a diversos seres humanos actuar en común y ser reconocidos por lo que hacen” (Maxine Greene).

La retirada de la educación a las esferas privadas no es una solución. Las dos palabras que me interesan son “diversidad” y “cooperación”: la diversidad de futuros y la cooperación que nos permite actuar en común.

Las escuelas deben experimentar con nuevas formas de organizar el espacio y el tiempo, el trabajo de los docentes y los estudiantes. El programa de estudios debe centrarse en una conciencia planetaria, un programa de estudios de la inteligencia del mundo.

Todos formamos parte de la misma humanidad, y solo una ciudadanía mundial, una responsabilidad mundial por la educación nos permitirá encontrar los caminos del futuro. En la diversidad, en la cooperación, reforzamos la educación como un bien común mundial.

António Nóvoa es embajador de Portugal ante la UNESCO, profesor y ex rector de la Universidad de Lisboa, así como miembro de la Comisión Internacional sobre los Futuros de la Educación.

 

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Nóvoa, A. (4 de Abril de 2020) Los futuros frente a los futurismos. LAB de Ideas de Los Futuros de la Educación de la UNESCO. Recuperado de https://es.unesco.org/futuresofeducation/novoa-futuros-frente-futurismos

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Nóvoa, António. "Los futuros frente a los futurismos”. LAB de Ideas de Los Futuros de la Educación de la UNESCO. 4 Abril 2020, https://es.unesco.org/futuresofeducation/novoa-futuros-frente-futurismos

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