Mujeres: la mitad del cielo

El movimiento de emancipación de la mujer tiene ya una larga historia. Pero en el último cuarto de siglo se ha tornado universal. Hubo que esperar, en el Sur, el término de la era colonial, la apertura progresiva yrecíproca de sociedades que hasta entonces permanecíanan aisladas, el quebranta· miento de las estructuras patriarcales y la afirmación del individuo en el seno de nuevas clases medias, para que se reunieran las condiciones previas ala aparición de una reivindicación propiamente femenina.

Sólo entonces el poderoso impulso iniciado en Estados Unidos en el siglo XIX y que, inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial, llegaba ya a las elites femeninas india, china y egipcia, pudo hacer sentir sus efectos en el mundo entero.

Al pasar de las pioneras, procedentes en general de grupos sociales favorecidos, a los más amplios sectores populares, el movimiento de emancipación de la mujer ha ganado en madurez lo que ha perdido en intransigencia. Ya no es considerado una guerra entre los sexos, sino un combate político, social, jurídico -y personal- contra poderes y esquemas de como portamiento basados en la desigualdad, combate en el que las mujeres que luchan han de enfrentarse con hombres e incluso con otras mujeres, pero contando también con un número creciente de varones a su lado.

Este combate no tiene por objeto lograr que la mujer se identifique con el hombre, que se le asemeje, sino que apunta aque se realice plenamente y se le reconozca una dignidad equivalente a la de éste. Que esté presente, para hacer valer sus propias cualidades, en todos los ámbitos, y en todos los niveles de responsabilidad, hasta ahora reservados exclusivamente al hombre; que adquiera en la sociedad los mismos derechos y, sobre todo, las mismas posibilidades de éxito. Pero, más aun, que comience abrindar su contribución a los interrogantes, aún sin resolver, que nos planteamos sobre la vida y la muerte, la familia y la sociedad, el desarrollo económico y el destino de la humanidad.

La afirmación de la mujer, en igualdad de condiciones con el hombre, en todos los frentes de la existencia -personal y social, material, intelectual y espiritual- está liberando enormes fuerzas de creación, de producción, de participación, que transforman a su vez el comportamiento de los varones y sientan las bases de nuevos equilibrios y nuevas dinámicas.

Si la opresión de la mujer dentro de la célula familiar ha sido, desde hace milenios, la piedra angular de los sistemas de dominación social, el fin de dicha opresión nos anuncia tal vez, progresivamente, el de muchas otras dominaciones. Se trata, que duda cabe, de nuestro futuro común.

Bahgat Elnadi (Director ejecutivo) and Adel Rifaat (Director editorial).

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Otros números dedicados a la mujer en El Correo de la UNESCO

 

Septiembre 1995