Historia del universo
La "Historia del Universo" a la que está dedicado el presente número entraña al mismo tiempo una invitación y un desafío a nuestros lectores. Por una parte, les invitamos a acompañarnos en un viaje de exploración por el Universo, en un recorrido que va desde el corazón del átomo hasta los límites más remotos del espacio, desde los comienzos del tiempo hasta la eternidad. Por otra, les desafiamos a dar rienda suelta a su imaginación a medida que entremos en el reino de lo invisible, de lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño.
Isaac Newton, ese gigante de la ciencia, no fue la primera persona que vio caer una manzana al suelo. Pero sí fue el primero en dar el audaz salto imaginativo que le permitió advertir que la caída de una manzana y el movimiento de la luna en torno a la Tierra obedecían a la misma fuerza: la de la gravedad. Sin embargo, al preguntársele a ese respecto, Newton confesó que aunque sabía cómo actuaba la gravedad, no comprendía realmente su funcionamiento. De modo que aquellos lectores a quienes los descubrimientos de este viaje les parezcan difíciles de comprender en su totalidad se encuentran en muy buena compañía.
Gran parte de la ciencia se refiere a cosas o fenómenos que no podemos ver: la gravitación, las partículas subatómicas, las ondas luminosas, el núcleo de una estrella, las galaxias situadas en el espacio más remoto. Sin embargo, la curiosidad humana acerca del origen y del futuro del Universo nos arrastra indefectiblemente a explorar tales misterios.
Al tratar de establecer un balance de la situación en que nos encontramos actualmente en lo que respecta a esa búsqueda sin término, o sea de trazar un panorama de lo invisible, nos vemos obligados a emplear el lenguaje del mundo "visible" de todos los días. Al igual que los poetas debemos recurrir a la metáfora y a la tropología. Por tal razón invitamos a nuestros lectores a llevar consigo su imaginación en este viaje de descubrimiento.
Cuando era todavía un adolescente en la ciudad de Berna, otro gigante de la ciencia, Albert Einstein, se preguntó a sí mismo: "¿Cómo se vería el mundo si cabalgara yo en un rayo de luz?". De esta pregunta inocente pero imaginativa surgió toda la física moderna y la mejor explicación de que disponemos hasta hoy día sobre los orígenes del Universo.
Einstein buscaba explicaciones pero jamás dejó de maravillarse ante la prodigiosa música de las esferas. Y no veía conflicto alguno entre los descubrimientos de la ciencia y las profundas interpretaciones cosmológicas de las diversas religiones del mundo. Un día escribió que "lo que el mundo tiene de eternamente incomprensible es su comprensibilidad".
Venid pues con nosotros, mientras vamos tratando de colocar hitos en el camino hacia la comprensión de nuestro Universo, hacia un panorama infinito de profundo deleite.
