Los Ríos, esas venas del planeta
Fuentes de vida como el Nilo o consuelo en la hora de la muerte como el Ganges, permanente desafío al hombre como el Misisipíy el Yangtze, baluartes contra las invasiones como el Danubio y el Volga, parcialmente sumidos todavía en el misterio como los grandiosos Amazonas y Congo, los grandes ríos del mundo forman parte esencial de la historia de la humanidad.
Para el presente número de El Correo de la Unesco hemos invitado a escritores de diversos países a evocar libremente algunos de los grandes ríos del planeta, esos ríos que, como padres nutricios, como engendradores de mitos o simples vías de comunicación, han permitido a los habitantes de sus orillas ampliar sus horizontes, construir civilizaciones y afirmar su identidad. Algunos han creado vínculos sagrados con los dioses, como el Ganges; otros han establecido lazos entre los hombres, co mo el Danubio, mientras que, por su parte, el Amazonas constituye un laboratorio de la naturaleza donde se han desarrollado innumerables especies animales y vegetales cuyo inventario no ha terminado todavía y que es preciso preservar.
Se reproduce en nuestra portada la fotografía de un arroyo de Martinica, ya que el destino esas débiles corrientes de agua es el mismo que el de los grandes ríos. ¿Qué dice ese arroyo dirigiéndose al Congo, al Amazonas o al Amarillo, por ejemplo? ¿Qué les dice a esos imponentes caudales de vida?
"Cuidado, ríos del mundo. Temed, como yo, la inconsecuencia de los hombres. Ayer mis aguas nutrían a los peces negros de cabeza achatada y a los grandes cangrejos de río llamados en este país 'habitantes', unos y otros en vías de extinción o ya exterminados. Los abonos inconsideradamente utili zados y la tala y el desmonte realizados a tontas y a locas han agotado mi caudal."
Pero el hombre puede reparar lo que él mismo ha destruido. No se trata de lamentar hoy día el pasado ni de rechazar los recursos que la ciencia y la técnica ponen a disposición de los pueblos. Se trata más bien de adaptarlos a las necesidades reales de los hombres y de prevenir las nuevas catástrofes que una utilización irracional de esos medios puede desencadenar. Porque el destino de los ríos es inseparable del de los bosques, las regiones desertificadas y las tierras cultivables anegadas por las inundaciones.
