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El Museo, país de maravillas

El museo cuyo origen realmente se debe a la pasión de los antiguos potentados por coleccionar y conservar riquezas ha permanecido sujeto durante largo tiempo a los caprichos y hábitos de sus dueños. Cuando el aficionado erudito fué reemplazado por el conservador oficial, éste prosiguió en la labor del coleccionista y guardián de los tesoros de la antigüedad.

Hasta hace poco, se podía comparar a los museos como "vías apartadas donde se estacionaban trenes cargados de riquezas, para toda la eternidad". Se creía que un museo era más grande cuanto más objetos contenía, y con esta idea se lo atiborraba de toda clase de piezas curiosas. Inactivos y cubiertos de polvo, los museos se convertían en vastas necrópolis donde yacían revueltos los más diversos testimonios del pasado.

Existen hasta hoy algunos de esos museos locales, regionales y aún nacionales que guardan su sabor arcaico, pero que en verdad no carecen de encanto. Mas, en la mayor parte de los casos, un soplo nuevo ha barrido el polvo de la inmovilidad- El museo ha dejado de ser estático para convertirse en un centro cultural dinámico, transmisor de los conocimientos, encargado de hacer revivir los recuerdos de la humanidad. Sus objetos nos hablan del pasado en el lenguaje de nuestra época.

Bengt Thordeman, Director del Museo Histórico de Estocolmo, cuenta que, hace diez años, un viejo lobo de mar, gratificado con el puesto de director de un pequeño museo de provincia, había tenido la idea ingeniosa de instalar en su despacho un periscopio y un altavoz conectado con las fauces de un león embalsamado que ocupaba el centro de la sala de exposición. Cuando el marino veía en el periscopio que los niños no se privaban de palpar las piezas del museo, el león rugía: "¡No toquéis los objetos!". En los museos modernos se prohibe igualmente tocar los objetos, pero, en realidad, éstos se hallan "más cerca del visitante" porque le revelan su significación y le proporcionan su enseñanza. Antaño, sólo le guiaban los rótulos y los catálogos, mientras ahora se movilizan a su servicio la radio, el cine, la televisión y muchos otros medios de la técnica moderna. El director o conservador del museo de otros tiempos se ha transformado en ingeniero, decorador, químico, electricista, físico, sin dejar de ser erudito y, más cabalmente, sabio.

El museo de hoy ha logrado interesar a los niños y contribuir ampliamente a su educación, puesto que es a la vez el libro, la palabra y la imagen, es decir el "pasado vivo". Se puede afirmar que en el museo es donde el término "educación" adquiere todo su sentido etimológico de "encaminar", «perfeccionar las facultades intelectuales por medio de ejemplos", "mostrar y estimular".

Pero, el museo es algo más, según frase de Georges Salles, Director de los Museos de Francia: "Es uno de los lugares del mundo en donde se puede más natural y fácilmente establecer contactos y corrientes de intercambio y de comprensión entre los pueblos". Con el fin de señalar esta función del museo como factor de la comprensión internacional y su importancia en la vida de las naciones, la Unesco organiza actualmente una campaña internacional en favor de los Museos, cuya culminación será la "semana internacional" que se celebrará del 8 al 15 de octubre próximo.

El Correo de la Unesco participa en esa campaña con el actual número que abre una ventana sobre el país maravilloso de los museos, país en donde los jóvenes pueden ver mejor el camino del porvenir a la luz del pasado y donde se comprende mejor la continuidad de la aventura humana.

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Septiembre 1956