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Niños soldados: la vida por delante - Forest Whitaker

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Forest Whitaker, UNESCO, 2011.

El actor y realizador estadounidense Forest Whitaker, nombrado recientemente Embajador de Buena Voluntad de la UNESCO, está entregado en cuerpo y alma a luchar por la reintegración social de los niños soldados. Consagrado a esa causa, multiplica las acciones que los ayuden a expresarse, a regresar a la comunidad de la que fueron expulsados, a recibir educación, a perdonarse y a recobrar la autoestima.

Entrevista de Forest Whitaker con Katerina Markelova

Kassim, The Dream [Kassim, el sueño], el documental de 2008 del que usted fue productor ejecutivo, está protagonizado por un ex niño soldado que no logra perdonarse sus crímenes. ¿Quién es ese personaje?

La trágica vida del joven ugandés Kassim Ouma es emblemática. Es la historia de un hombre extraordinario, un gran boxeador que fue célebre en la categoría de los pesos medios a principios de los años 2000. Estaba a punto de cumplir su sueño cuando los demonios del pasado se apoderaron de él. Abandonó el ring en plena preparación para el campeonato mundial y, abrumado por los remordimientos, regresó a Uganda. En el filme, se lo ve recogerse ante la tumba de su padre, que fue asesinado por su culpa. Kassim encarna la pérdida fatal de la autoestima. No pudo reconciliarse ni con el mundo, que hizo de él un niño soldado, ni consigo mismo.

De los niños soldados que usted conoció, ¿hay muchos que consiguieron perdonarse?

No, al contrario, conocí a muchos que sufren pesadillas. Después de haber cometido atrocidades, logran perdonarse hasta cierto punto, pero nunca del todo. Para ellos lo más duro es lograr reintegrarse en una comunidad que los rechaza, aunque no hayan cometido actos de violencia contra sus miembros y, con más razón, cuando sí los han cometido. Aunque es sabido que esos niños fueron reclutados a la fuerza y obligados a matar, ante la sociedad un asesino sigue siendo un asesino. ¿Cómo perdonarse en esas circunstancias? ¿Cómo curarse de esos males? Ello exige esfuerzos extraordinarios. Esos jóvenes deben hallar imperativamente ocupaciones que los absorban por completo. De otra manera, les es muy difícil salir adelante.

Estoy convencido, sin embargo, de que pueden salir de esa condición si se les ofrece una buena educación. Educar es abrir las mentes, mostrar las posibilidades que se presentan ante cada uno de nosotros. La educación puede contribuir a la comprensión, y luego encaminarnos hacia una forma de compasión. Y la compasión puede llevarnos al perdón, que a su vez nos conduce al amor: el amor propio y el amor a los demás. Este es el camino que siguen los niños soldados cuando se les dan medios para hacerlo. Y algunos lo logran mejor que otros.

¿Por qué se dedica a la causa de los niños soldados?

Empecé mis proyectos hace cinco años con niños soldados en Uganda. Antes, había trabajado en el ámbito de la lucha contra el paludismo en África, y también con asociaciones que combaten la violencia física. También me dediqué al fenómeno de las bandas juveniles en Estados Unidos, que tienen puntos en común con los niños soldados de África.

No distingo entre estos jóvenes y el resto del mundo, y los considero parte integrante de mí mismo. Estoy convencido de que todos provenimos de una misma entidad original y de que aspiramos a unirnos para reconstituirla. En mi caso, tratar de comprender y ayudar a esos jóvenes miembros de bandas o a esos niños soldados es una elección no sólo intelectual y afectiva, sino también espiritual. Es algo que no necesita explicarse ni justificarse, forma parte del orden natural de las cosas. Es mi manera de ver el mundo, de percibir a Dios.

En su opinión, ¿qué tienen en común las bandas juveniles de los Estados Unidos y las guerras civiles en África?

Esa es precisamente la cuestión que desarrollo en el documental Common destiny [Destino común], que estoy realizando actualmente. Entrevistamos a un niño soldado ugandés y a un miembro de la banda de los Bloods de Los Ángeles. A continuación comparamos sus historias y nos dimos cuenta de que tenían muchas similitudes. Ambos entraron obligados en la violencia. Ambos atacan a personas de su comunidad.

De niño asistí al nacimiento de estas bandas en los Estados Unidos, en particular los Crips y los Bloods de Los Ángeles. Estuve observándolos desde el día en que surgieron hasta que se convirtieron en bandas internacionales. Yo vivía en el barrio azul, el de los Crips, y mi primo en el barrio rojo, el de los Bloods. Mi primo se hizo de los rojos. Si yo me hubiera unido a los azules, habríamos terminado por ser enemigos y probablemente por matarnos uno al otro. En África, en las zonas en conflicto donde los ejércitos rebeldes secuestran niños para convertirlos en soldados, ¿no se convierten los primos en enemigos de la misma manera? Hay pues muchas similitudes entre bandas juveniles y niños soldados. No siempre son visibles, se ocultan en el entramado del contrabando, del tráfico de drogas y de armas.

En Common destiny usted se propone mostrar mecanismos que pueden pacificar las comunidades devastadas por los conflictos. ¿Cómo piensa hacerlo?

Vamos a seguir a personas que viven en regiones afectadas por conflictos armados. Con ayuda de la UNESCO, analizaremos sus trayectorias, sus luchas, sus logros. Vamos a entrevistarlos y preguntarles qué significa para ellos la paz y también hablaremos con responsables políticos y miembros de ONGs. Este documental dará la palabra a las personas afectadas y presentará ejemplos sobre cómo lograr la paz.

Todavía nos hemos decidido a qué países iremos. Estoy pensándolo y hace poco estuvimos discutiendo la cuestión en la UNESCO. De cualquier modo, pienso que vamos a estudiar diferentes tipos de conflictos, relacionados con problemas ambientales, migraciones, xenofobia. Probablemente dedicaré dos años a este proyecto.

¿Qué otros proyectos tiene en el marco de su nueva misión como Embajador de Buena Voluntad de la UNESCO?

Tengo varios. Voy a trabajar en un programa de formación de jóvenes para la resolución de conflictos. Ayudaremos a niños refugiados a retornar a sus países de origen y formaremos a personas que puedan prestarles apoyo a su regreso. También vamos a crear un sitio internet que les permitirá estar conectados entre sí y con el resto del mundo.

Además, la empresa que fundé está produciendo seis documentales que tratan en su mayoría de la paz y la reconciliación. Estamos trabajando también con la empresa francesa Studio 37 en un filme de ficción, Better angels, que aborda el mismo tema. El protagonista es un reportero de guerra que viaja a Uganda a entrevistar a Kony, el jefe del Ejército de Resistencia del Señor, formado en parte por niños.

En el filme usted interpreta el papel del reportero, ¿no es así?

Así es. Hace unos meses viajamos a Uganda para profundizar nuestras investigaciones, entrevistar a soldados y asegurarnos de que lo que mostramos en el filme corresponde a la realidad. Al mismo tiempo, estamos haciendo un trabajo sobre la compasión y sobre lo que realmente ésta significa. Acabamos de comenzar un documental dedicado a un grupo de ciclistas de Rwanda que sufrieron durante la guerra civil de principios del decenio de 1990. Es un filme de tono optimista. No olvidemos que, en 2012, los Juegos Olímpicos de Londres contarán por primera vez con la participación de un ciclista rwandés.