Construir la paz en la mente de los hombres y de las mujeres

El Mito del automóvil

No es una casualidad que el automóvil sea hoy en día el primero de los símbolos de la sociedad moderna. Se encuentra, a la vez, en el centro de su imaginación y en el principio de su dinamismo industrial. Jalona en gran medida los ritmos de su vida económica y determina también un vasto campo de normas, de prácticas y de comportamientos individuales y colectivos que han pasado a ser, para bien o para mal, rasgos característicos del siglo XX.

Los grandes fabricantes de coches son también los faros del capitalismo. Daimler y Benz en Alemania, Citroen en Francia, Ford en Estados Unidos. La estandarización y la fabricación en cadena, introducidas por este último, iban a reducir su costo, permitiendo ofrecer este producto, que en un principio era un objeto de lujo, al consumo de las masas.

Pero si la demanda ha respondido a la oferta y el automóvil se ha convertido, en algunos decenios, en el motor de la economía de mercado, es porque satisface un conjunto de necesidades y de deseos, de exigencias y de fantasías, que definen muy bien el proyecto del individuo moderno: búsqueda de una libertad de movimientos personal, multiplicada por la potencia de un motor perfectamente controlado. El caballo ha quedado muy lejos...

Una libertad dominada... Pero, ¿puede ser perfecta la unión entre la industria y el sueño? ¿No es una ilusión creer que el hombre puede vincular su libertad a la posesión de una máquina sin ser un día a su vez poseído por ella?

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Octubre 1990