Hacia un Nuevo Orden Económico Mundial
La mayoría de la gente opina que las desigualdades económicas y sociales que persisten en el mundo engendran un abismo entre los pueblos de la tierra, un abismo inaceptable e intolerable. Son muchos los que exigen que el rasgo principal de un nuevo y mejor orden mundial sea la distribución más equitativa de las cargas y de los beneficios.
En este orden de cosas tropezamos con discrepancias afectivas y con intereses contrapuestos que han representado conflictos y penalidades para la humanidad a lo largo de su historia.
¿Por qué razón son tan diferentes de un país a otro las condiciones económicas y los niveles de progreso ? ¿Cuáles han sido los factores gracias a los cuales ciertas partes del mundo viven hoy en la opulencia y gozan de los beneficios de un fuerte desarrollo científico y tecnológico, de una gran productividad y de un alto nivel de ingresos por persona ?
¿Qué otros factores han originado el atraso de otras regiones del mundo que, en diverso grado, han de sufrir hoy la rémora de unos métodos de producción primitivos y de unos niveles de ingresos muy bajos, para cientos de millones de personas que viven en un mero nivel de subsistencia ?
En junio último se celebró en París, organizada por la Unesco, una mesa redonda internacional sobre la cooperación intelectual y cultural con vistas al establecimiento de un nuevo orden económico mundial. Los artículos de las páginas 4 y 9 del presente número expresan dos puntos de vista sobre el tema expuestos en dicha reunión
