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Jaulas para hombres: los derechos humanos de los presos

Se ha llamado al crimen monstruo de muchas cabezas, provisto de tentáculos que alcanzan muy lejos y hacen presa en toda clase de personas. Entre los innumerables problemas quo confronta la sociedad, en los tiempos modernos, probablemente, hay muy pocos que causen mayor impresión en el público que el problema referente al criminal.

El crimen es un problema mundial dotado de una complejidad tremenda. No sólo interesa directamente a la policía, al abogado y al juez, juntamente con el hombro de la calle que tiene conocimiento de los hechos por la lectura do su periódico, sino también al psicólogo, al psiquiatra y al funcionario de la asistencia social.

A pesar de esto, sin embargo, muchos de nosotros nos hallamos inclinados a olvidar quo el crimen afecta igualmente al hombre que ha violado la ley y que ha sido "separado do la sociedad". No nos damos cuenta de ello, tal vez; pero el hecho exacto es que 98% de las personas condenadas a prisión regresan finalmente a su comunidad y a la sociedad.

Una persona que ha infringido las normas legales o lia cometido un crimen tiene los misinos sentimientos, las mismas emociones y ambiciones que los otros seres humanos. La falta en que ha incurrido es acaso el resultado de una pasión ciega o de una vida llena de puntos de vista equivocados, fuera de la vía del cumplimiento de aquello que el resto de la humanidad considera justo y normal. Pero el sólo hecho de que un hombre ha transgredido la ley y ha sido encarcelado no extingue sus deseos y ambiciones o le transforma en un ser menos humano, aunque todos nosotros condenemos su acto.

Desde la época más remota de la historia, los miembros de los grupos tribales tenían que obedecer ciertas leyes del tabú. Cualquier infracción del tabú era castigada automáticamente, muchas veces con la muerte. La sociedad primitiva no se preocupaba del motivo por el cual el criminal había ejecutado su acto. Únicamente se interesaba en castigar al culpable con el fin de dar satisfacción a la tribu. En la actualidad lo admitamos o no la sociedad castiga todavía por amor del castigo en si mismo. La mayoría de nuestras prisiones son aún siniestras jaulas para hombres, circundadas de altas murallas inaccesibles, guardadas por centinelas armados y erizadas de medios defensivos. Y, aunque se han hecho muchos progresos en los últimos años en lo que se refiere a la reforma de las prisiones, el público cree todavía que encerrar a un hombre es suficiente para volverle, sensato y hacerle desear ser un individuo mejor. Empero, ordinariamente sucede lo contrario. La mayor parte de los hombres salen de esos lugares de condenación con un estado de ánimo peor que el que tenían cuando entraron, colmados de amargura y aún de odio contra la sociedad que los despojó de su libertad sin darles una oportunidad para mejorar su condición.

Desde 1948, las Naciones Unidas han asumido como si dijéramos la dirección de las actividades internacionales referentes a la prevención del crimen y al tratamiento de los delincuentes, jóvenes o adultos. Han continuado el trabajo realizado anteriormente por la Comisión Penal y Penitenciaria Internacional y han auspiciado reuniones periódicas de grupos regionales para reexaminar y fijar las formas prácticas de prevención del crimen y tratamiento de los delicuentes. Se ha señalado el año de 1955 para la celebración de un congreso mundial sobre esta materia.

Desde 1950, la Unesco ha dado su ayuda financiera a la Sociedad Internacional de Criminología que agrupa cinco asociaciones internacionales dedicadas al estudio científico de la conducta criminal, y el año pasado contribuyó a sufragar los gastos del Segundo Curso Internacional Criminológico que se llevó a cabo en la Casa de la Unesco.

Con motivo del sexto aniversario de la adopción por las Naciones Unidas de la Declaración Universal de Derechos Humanos cuya fecha magna es el 10 de diciembre El Correo de la Unesco dedica este número a la idea de que los presos son hombres, de que la persona que infringe la ley es un ser humano que tiene el derecho de ser tratado como tal, de que los presos deben ser devueltos a la sociedad con una actitud menial mejor que la que tenían al entrar en la prisión y que se debe enseñarles la dignitad del trabajo y darles la oportunidad de adquirir nuevos conocimientos mediante los cuales puedan vivir decentemente y volver a ser ciudadanos honorables.

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Octubre de 1954