Inmigrantes: bienvenidos o indeseados
Los capitales se desplazan, como se desplazan las mercancías, las imágenes, los sonidos... y también las personas. Las inmigraciones internacionales nunca han sido tan masivas, y el movimiento es más intenso entre los países del Sur que del Sur hacia el Norte. Pero a medida que esas corrientes aumentan inexorablemente, los obstáculos para frenarlas se multiplican. Las motivaciones para partir siguen siendo las mismas — pobreza, represión, guerras —, pero los países de destino se muestran cada vez menos dispuestos a acoger a los trabajadores inmigrantes. Las fronteras se cierran y la fuerza pública interviene con mayor rigor. A menudo el desempleo creciente sirve de pretexto. En realidad, en torno a la inmigración se forjan imágenes falsas, estereotipos animados por un mecanismo tan perverso como inmemorial: el miedo al cambio exige encontrar un culpable que el inmigrante, el “extranjero” más próximo, por ser diferente y vulnerable encarna a la perfección.
