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¿Dónde va el teatro?

El otorgamiento, hace algunas semanas, del premio Nobel de Literatura al gran dramaturgo italiano Darío Fo acaba de recordarnos que el teatro es un género primordial, y que goza de buena salud. Pese a la fuerte competencia del cine y sobre todo de la televisión, sigue atrayendo en el mundo entero a un vasto auditorio popular.

Lo que hace irreemplazable al teatro es el vínculo físico, inmediato, que establece entre la escena y la sala. De ahí que cada representación sea única en su género. Un filme o un cásete pueden ser redifundidos hasta el infinito. La representación teatral de una misma obra nunca será semejante a la anterior. La emoción que la representación suscita es un acontecimiento de alquimia aleatoria, que nace de la confrontación de los actores con espectadores siempre diferentes y que muere con ella. La escritura teatral está concebida para dar pábulo a este misterio, para permitir cada vez su resurrección.

Esta plasticidad, vital en el hecho teatral, es quizás una de las razones decisivas por las cuales el género ha podido atravesar tantos siglos y proliferar en tantas culturas diferentes; se ha adaptado a todas las épocas, y más aún, se ha anticipado a ellas y a veces las ha engendrado.

Desde la invención del teatro clásico por los griegos, Shakespeare, Beaumarchais, Goethe, Ibsen, entre otros, han impuesto esta evidencia en Occidente. Este número procura encontrarla en otras latitudes. En el Japón y en la India, en África y en el mundo árabe, en América Latina y en Rusia, el teatro, profundamente arraigado en la sociedad tradicional, se vio afectado de lleno por la irrupción deldrama europeo moderno, en que la tragedia íntima sobrepasa el destino comunitario y la personalidad individual substituye al arquetipo. Lejos de derrumbarse, sin embargo, el teatro encontró, a lo largo del siglo XX, la ocasión de una nueva vitalidad.

Da la impresión de que, en todas partes, los apasionados del teatro se hubieran entendido para rehusar que el nuevo firme la sentencia de muerte del antiguo por ende, el fin del teatro mismo buscando en cambio las pasarelas secretas gracias a las cuales la inspiración tradicional podría fecundar las formas de expresión modernas, y el teatro, al transformarse, seguiría reflejando la vida.

EUX Festival Internacional de Teatro Experimental, celebrado en El Cairo del Io al 11 de septiembre de 1997, confirmó recientemente con claridad meridiana que, en todos los continentes, la mayoría de los grandes interrogantes que se plantean en las sociedades contemporáneas tratan de hacerse oír a través del teatro.

¿Dónde va el teatro? Va donde va la vida...

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Noviembre de 1997