Construir la paz en la mente de los hombres y de las mujeres

Imágenes, imaginación

Lo "imaginario popular" la suma de las enseñanzas que un pueblo ha sacado de su historia y de las imágenes que tiene de sí mismo y del mundo en que vive cristaliza a veces en torno a una figura humana, a un hombre de excepción. Un ejemplo de que se ocupa este número de la revista es al-Gäzäll, el gran filósofo y hombre de fe musulmán. Otro es el dramaturgo ruso Alexander Ostrovski, compañero de Tolstoi y de Turgueniev y gran buceador de los secretos del alma humana.

En la imaginación colectiva entran también las imágenes mediante las cuales un comunidad aprehende, precisándola o deformándola, la realidad de otro pueblo o de otra civilización. Ilustración de este fenómeno, que aquí describe el crítico chileno Miguel Rojas Mix, es la forma como la representación del continente americano por los artistas europeos a través de los siglos lleva en sí la impronta, a veces deformante, de los conceptos y valores de Occidente. Igualmente, la comparación entre dos formas de pensamiento religioso, una inmanentista y humanísima (la religión de la "piedad filial") que es propia de China, otra trascendentalista y abierta a lo divino peculiar de Occidente, nos ayuda aprecisar diferencias reveladoras pero no excluyentes.

También lo imaginario se enraiza en el mundo del saber. Un instrumento como el abaco cuyo uso se mantiene vigorosamente en el Japón moderno puede emplearse con extraordinaria destreza técnica como medio de cálculo pero también servir de base para percepciones que van más allá del mero cálculo, hasta el terreno del sueño. Las investigaciones recientes sobre el cerebro tienden a mostrar la existencia de un equilibrio y una cooperación entre las funciones de sus dos hemisferios, el de la razón y el de la imaginación. En este mismo sentido totalizador, hoy sabemos que ciencia y tradición no se excluyen una a otra y que los más avanzados descubrimientos de la primera pueden enriquecerse con las raíces más profundas de la segunda.

Por último, en la imaginación de un pueblo hinca también sus raíces su futuro, las fuerzas y las imágenes que pueden impulsar su desarrollo. Este no puede en ningún caso imponerse desde fuera. Sólo la voluntad propia, la pulsión interna de una cultura arraigada en sus imágenes más profundas pueden asegurar su desenvolvimiento.

Edouard Glissant, Jefe de redacción.

Lea este número. Descargue el fichero PDF.

Noviembre de 1986