Victor Hugo
Al cumplirse los cien años de su muerte, quizá haya llegado la hora de calar con más precisión en las profundidades del "hombre-océano" y de mostrar en toda su unidad el vasto universo de quien un día se definió a sí mismo, no sin humor, como "el Gargantua de lo Bello". Víctor Hugo sigue aun perteneciendo a la conciencia colectiva, al menos en Francia, pero de una manera cada vez más fragmentaria y truncada. El gran poeta no ha perdido su fuerza y su vitalidad, como lo demuestra la extraordinaria efervescencia con que se desarrolla la celebración del centenario de su muerte. Pero ¿no es hoy, en definitiva, tan mal conocido como duramente criticado?
El gigantismo de una obra en movimiento cuyos tentáculos se extienden en todas direcciones viene ocultando desde siempre su centro y su totalidad. Conocidas de todos son las imágenes sucesivas y parciales que han limitado y parcelado al poeta desde el bardo burgués hasta el humanista libertario popularizado por la Tercera República, desde el mago grandilocuente hasta el abuelo barbudo y faunesco , imágenes más o menos legendarias a cuya elaboración no dejó de contribuir a su manera el mismo Hugo.
Hoy ya no tiene sentido esta parcelación. A medida que se vislumbran más claramente los contornos del "continente Hugo" y la voluntad totalizadora que impregna su creación "La Poesía es la Virtud", escribió , lo que importa es esa totalidad irreductible, su coherencia y su sentido.
Hoy saludamos al hombre comprometido con la historia de su siglo y al hombre abierto hacia el futuro, al que se opuso a la pena de muerte y luchó infatigablemente en pro de los derechos humanos y de los pueblos oprimidos. Y apreciamos en toda su amplitud y valor la obra gráfica de Hugo, articulando mejor su doble actividad de pintor y de escritor.
Pero aun está por descubrir el poeta. Más allá de las posiciones dogmáticas y de las reticencias, sean de orden ideológico o estético, lo que importa es el mago inspirado del lenguaje, uno de los mayores por ser uno de los más próximos. Adelantándose a los tiempos, Hugo fue aquel que supo hacer hablar a "la boca de sombra", el vidente que liberó un mundo inconsciente de palabras. En tal sentido es plenamente "moderno". Pero es también una fuerza indomable en marcha, un perpetuo cuestionamiento, un soplo espiritual que, vuelto hacia el futuro, atraviesa el tiempo.
