Ciencia y ciencia ficción
"Saquemos la ciencia ficción del aula de clase y devolvámosla a la cloaca a la que pertenece".
Con estas palabras, que los asistentes a la reunión fundacional de la Science Fiction Research Association (Asociación para el Estudio de la Ciencia Ficción) pudieron ver con asombro garrapateadas en la pizarra de la sala de conferencias, alguien había querido hacer un comentario sardónico sobre la larga lucha de la literatura de anticipación o ficción científica ("fantaciencia", como dicen bellamente los italianos) por salir del gueto de las revistas truculentas y baratas de los años 20 a los 40 y alcanzar el rango de la llamada literatura seria.
Incalculable es la deuda que tenemos con quienes fundaron y escribieron esas revistas, que la elite intelectual de la época consideraba desdeñosamente como producto de la "prensa de albañal". Y es que, contra viento y marea, supieron persistir en lo que, irónicamente, visto desde hoy fue la gran tarea educativa de preparar al hombre de la calle para los increíbles adelantos científicos del siglo XX.
Nos guste o no, vivimos en un siglo en el que el progreso científico se ha convertido en el factor dominante de nuestra vida y de la estructura de nuestra sociedad. Como dice H.L. Gold, fundador y director de la revista Galaxy Science Fiction, "hay pocas cosas que revelen tan paladinamente como la ciencia ficción los deseos, las esperanzas, los miedos, las tensiones íntimas y las inquietudes de una época o que muestren con tanta exactitud sus limitaciones".
Como señalan algunos de los colaboradores de este número, los orígenes de la ciencia ficción se remontan a la antigüedad. Se trata de un género literario cuyo ámbito abarca el relato fantástico (entre otras cosas, sobre monstruos o seres extraterrestres), la "space opera" (relato de aventuras a la manera de una clásica película del Oeste traspuesta al espacio), los viajes a través del tiempo, la colonización del espacio, las catástrofes y toda una gama de relatos utópicos, además de la predicción y la extrapolación especulativas a partir de los meros hechos científicos. De este último aspecto trata esencialmente el presente número de El Correo de la Unesco, aunque no hemos resistido a la tentación de incluir también un texto en que el chino Kang You Wei expone su visión decimonónica de una utópica "Edad del Mundo Único" y otro sobremanera sugestivo de Isaac Asimov en el que explica cómo escribe sus populares obras de ciencia ficción.
Como la ciencia misma, la ciencia ficción es un producto de la imaginación. Hoy día la realidad de aquella nos parece a menudo más increíble que las más fantásticas invenciones de esta. Es pues natural que una y otra continúen enriqueciéndose y fecundándose mutuamente.
En nuestro mundo la ciencia ha marcado con su impronta todos los aspectos de la vida: el arte, la educación, la organización social... Y el mayor logro de la ciencia ficción es habernos educado para aceptar esa nueva influencia poderosa, alertado contra sus peligros potenciales y mostrado todas las inmensas posibilidades que nos brinda. Pero, sobre todo, la ciencia ficción viene a destruir la visión mítica de la ciencia como un Frankenstein incontrolable, al recordarnos constantemente que el edificio entero de ésta tiene como cimiento la ilimitada y sublimadora capacidad imaginativa del hombre.
