10 de Diciembre : Jornada de los Derechos Humanos
Leyendo la constituciones vigentes en la parte de los países del mundo y examinando las leyes que rigen las relaciones entre los ciudadanos y tas de éstos con el Estado, cabe preguntarse si es útil en 1053 hablar todavía de derechos humanos.
¿Es que esas constituciones y aquellas leyes y decretos no garantizan la libertad de pensar y de creer? ¿No se ha abolido la esclavitud, establecido la justicia, destruído la opresión, reglamentado el trabajo, protegido a la mujer y al niño y tomado a los viejos bajo la paternal tutela del Estado?
En 1948, en medio de un gran entusiasmo, se adoptó la Declaración Universal de Derechos Humanos, cuyo enunciado es en sí mismo la salida victoriosa de una lucha por la vida, que se desarrolla desde que el hombre es hombre. Las leyes, sin embargo, no son respetadas siempre a la letra, y a veces es tentador cambiarlas; las constituciones no tienen otro valor sino el empleo que de ellas se hace, y los decretos protegen con frecuencia los derechos de unos, sin preocuparse demasiado de los de otros. La Declaración de 1948 es una exposición de principios morales, filosóficos, jurídicos y políticos que para tener fuerza de ley necesitará estar ratificada por un convenio jurídico de carácter obligatorio entre las distintas naciones.
Si calculamos el camino recorrido desde el primer combate por los derechos del hombre, puede uno preguntarse si no es aquéI más largo que el queda por recorrer, y si las victorias adquiridas no son de mayor envergadura que las que quedan por ganar. Para convencerse no hay más que echar una ojeada a la historia y sin remontarse a los orígenes de la humanidad ni a la ley de la selva, situarse cuatro o cinco siglos atrás y comparar.
De todos modos, ya es una gran victoria para los derechos humanos el que mayoría de los hombres los consideren en nuestro tiempo como derechos naturales. Tan naturales que no se piensa en ellos y no se ven los peligros que continuamente los amenazan. En eso, sin duda, reside uno de los aspectos del drama de los derechos humanos. Aquéllos que los consideren sinceramente como adquiridos - y suele tratarse de aquéllos a los que no se les han quitado - harían bien en echar una mirada a su alrededor y podrían así hacer un examen de conciencia, que con frecuencia terminaría en un mea culpa.
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