Construir la paz en la mente de los hombres y de las mujeres

El Juego

En los juegos de los niños como en las diversiones de los adultos, la capacidad de jugar, de actuar gratuitamente sin buscar un provecho inmediato, es un aspecto esencial del fenómeno humano. Biólogos y etnólogos han mostrado que el juego - estrechamente ligado a los comportamientos de exploración y de curiosida - constituye el motor del aprendizaje y del descubrimiento en el hombre, como por lo demás en los animales superiores. Numerosos filósofos piensan, por su parte, que la humanidad peca por exceso de pragmatismo y de seriedad, y que un retorno hacia una vida más auténtica, más libre, más digna de ser vivida, presupone necesariamente el juego.

Ya la industria, las finanzas, el ejército y la investigación utilizan ampliamente los juegos de simulación para la comprensión de situaciones complejas y la toma de decisiones. Se llega incluso a ver en el juego el medio de comunicación del porvenir. Pero la escuela, cuya influencia es preponderante en todas las sociedades, ¿se ha preocupado siempre suficientemente de preservar la importancia del juego en la educación de los niños?

La importancia que se da a la actividad lúdica libre es reveladora de los rasgos fundamentales de una cultura. En las sociedades industrializadas, por ejemplo, el juego - de los deportes a las industrias del espectáculo o del juguete - es a menudo una fuente de beneficios, creando una separación entre los profesionales remunerados y los usuarios que pagan y adoptan una actitud pasiva.

Otras sociedades han sabido a veces preservar mejor la inocencia del juego y conservar en la vida un sano equilibrio entre el juego y lo serio. ¿Pero por cuanto tiempo todavía? Si, como piensan algunos, el juego ha presidido el nacimiento mismo de la humanidad, ¿no hay que conservarlo a toda costa y reanimar esa fuente de vida? Algunos lo intentan, procurando hacer revivir los juegos y los deportes tradicionales.

En nuestro pasado abundan los juegos que hoy día se han tornado misteriosos. En cuanto a nuestro futuro, depende de nuestra capacidad de crear, no solamente técnicas, sino sociedades y culturas nuevas. Depende, en resumen, de nuestra capacidad de seguir jugando libremente.

Bahgat Elnadi y Adel Rifaat 

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Mayo de 1991