Construir la paz en la mente de los hombres y de las mujeres

Escultura de ciegos

Los conocimientos del hombre sobre el mundo exterior se han limitado, por varios milenios, a aquello que podía captar únicamente valiéndose de sus sentidos. Habitante de un medio físico, el hombre encontró su lugar en la naturaleza a semejanza de las otras especies animales.

Pero, los sentidos humanos no son siempre superiores a los de los animales: Ciertos insectos pueden ver la luz ultravioleta, el murciélago percibe las vibraciones supersónicas y los perros poseen un olfato más desarrollado. En consecuencia no es su sistema sensorial lo que le ha permitido al hombre conquistar un lugar privilegiado dentro de la naturaleza. Su verdadera superioridad consiste en que ha sabido reflexionar sobre los datos sensoriales, analizarlos, compararlos e interpretarlos racionalmente.

Entre nuestros sentidos, hay algunos que nos aportan informaciones más preciosas que los otros. En particular, son aquellas que nos permiten concebir como sumergidos en el espacio todos los objetos con los cuales nos hallamos en relación. Gracias a esta noción de espacio, atribuimos a los objetos dimensiones más o menos grandes y los concebimos como más alejados o próximos unos de otros.

Muchos animales poseen indiscutiblemente la noción del espacio y cierto conocimiento de las dimensiones y de las distancias de los diversos seres, plantas o cosas con los que se encuentran relacionados. Pero ese conocimiento es confuso y no puede elevarse a la categoría de una ciencia porque los animales no tienen la capacidad de medir por un acto experimental voluntario las longitudes y las distancias.

Si es verdad que existen muchas especies animales que saben contar no hay ninguna que sepa medir. Así, en la esfera de las longitudes medianas (magnitud de su propio cuerpo, distancias que le separan de los objetos) el hombre ha sabido asegurarse mediante la medición una gran superioridad sobre los animales, desde la más remota antigüedad.

Sólo desde hace 400 años, gracias a la invención del microscopio, del telescopio y de otros instrumentos de medir, el hombre ha dado el más prodigioso salto hacia el progreso. Hoy, el microscopio electrónico nos permite ver detalles cien veces más pequeños que antes. En bacteriología, ese instrumento ha proporcionado las indicaciones más preciosas sobre la estructura del virus y de los bacilos; en metalografía, ha permitido perfeccionar el estudio de las superficies metálicas y la orientación de los cristales. El espejo de 5,08 m. del telescopio del Monte Palomar ha extendido, por otra parte, la visión humana del Universo a 720 millones de años-luz, que es la distancia de la galaxia más lejana observada hasta hoy.

En el curso de esta búsqueda de nuevos conocimientos, tanto en el mundo de la extrema pequenez como en el de las grandes distancias, el hombre no ha encontrado solamente fenómenos desconocidos y maravillosos que han enriquecido sus ideas sobre el Universo, sino también medios de acción completamente nuevos que le han permitido transformar su vida.

Lea este número. Descargue el fichero PDF.

Mayo de 1957