Construir la paz en la mente de los hombres y de las mujeres

Títeres: mundo mágico en miniatura

El teatro de títeres no sólo sirve, como se cree, para divertir a los niños, sino que también constituye por si mismo un arte propio de ilustre linaje y de infinitas posibilidades, cuyo alcance es mucho más amplio, ya que abarca a todo el público por igual. Siempre que ha habido una tenta- . tiva seria de creación de un teatro del pueblo se ha recurrido a los títeres como un medio ideal de comunicación con las muchedumbres.

El teatro de títeres ha sido, desde las épocas más remotas, una forma universal de entretenimiento, lo mismo para el hombre de poco saber como para el de elevada cultura. En el Lejano Oriente, los títeres se consideran desde hace muchos siglos a la altura de las más elaboradas formas de arte dramático. En el último cuarto de siglo, un gran renacimiento de la comedia de muñecos ha tenido lugar en la Europa occidental como en América del Norte y del Sur.

Cada vez es mayor el número de personas que convienen en reconocer que el teatro de títeres es una fuente variada de arte. Las figurillas animadas superan a veces a los actores de carne y hueso. Y es que los muñecos, aunque rígidos y en actitud de contemplarnos fijamente con su expresión invariable, pueden representar cualquier papel, ser realistas, cómicos, trágicos, fantásticos o satíricos y mostrarnos la infinita complejidad de los sentimientos humanos. Los títeres son personajes del mundo: no reconocen fronteras.

En los países de habla española, los muñecos animados no llegaron con los conquistadores, pues ya existían entre los aztecas, incas, chibchas y otros pueblos. En México se fabricaban muñecos articulados de barro cocido, como lo anotó el cronista Bernai Díaz del Castillo que acompañó a Hernán Cortez en su expedición a Honduras, en busca del oro: "los indios saben jugar de mano y hacer títeres". En esa misma expedición iban dos titiriteros españoles, Pedro López y Manuel Rodríguez, confundidos entre los arcabuceros. Naturalmente, el cervantino Ginesillo de Pasamonte con su retablo de muñecos se trasladó a América en pos de fortuna. A fines del siglo XVII, Leonor Godomar se hizo célebre en el Perú con su teatro de títeres.

Los maestros actuales se han dado cuenta del poder de los muñecos para libertar 'al niño de su apocamiento y de sus limitaciones físicas y para despertar sus facultades emotivas. Por otra parte, la fabricación misma de los muñecos es un aprendizaje simultáneo de varias artes, desde el modelado, la escultura y el dibujo hasta el bordado y la pintura. A lo que hay que añadir que el teatro de títeres desarrolla la imaginación infantil y el arte de escribir y es un excelente ejercicio para el ojo y el oído.

El Ministerio de Educación de México inició su campaña de alfabetización en 1945 valiéndose de la destreza de dos titiriteros que construyeron un teatro especial sobre un carro evacador de la Barraca de García Lorca y recorrieron los pueblos y aldeas deteniéndose en las plazas públicas. En el Estado de Oaxaca, los títeres representaron ante 10.000 personas.

La Unesco emplea actualmente el teatro de títeres en sus dos Centros de Educación Fundamental en México y en Egipto asi como en Tailandia para presentar en forma dramática las ventajas de saber leer y escribir y observar hábitos de higiene. Allí donde han fracasado otros métodos educativos, han triunfado los títeres por su gran poder de comunicación con el pueblo. Jules Romains prevee la utilización múltiple de este arte: "El día en que los títeres vuelvan a ocupar entre nosotros el lugar que les corresponde, las personas que los han olvidado se sorprenderán al ver de todo lo que son capaces".

Lea este número. Descargue el fichero PDF.

Marzo-Abril de 1955