Construir la paz en la mente de los hombres y de las mujeres

El Más allá

¿Quién puede permitirse eludir la cuestión del más allá?

Incluso el incrédulo debe exponer sus razones, explicar por qué tantas personas sí creen. Para el materialista, la fe en el más allá es sólo la respuesta a una deficiencia de este mundo. Redime de una existencia privada de toda esperanza, agobiada por la miseria, la ignorancia o el temor, prometiendo después de la muerte todo lo que ha faltado en vida. El más allá es un espejismo necesario.

Para la mayoría de las religiones es, por el contrario, la realidad suprema. Pero no todas lo representan de la misma manera. Entre los monoteístas el más allá es el lugar de una sanción definitiva y aterradora al paraíso o descenso al infierno prometida al ser humano, cuya alma tiene de una vez para siempre una sola oportunidad sobre la tierra. Para los animistas, el más allá es sólo la otra cara de esta realidad, pues la vida es un principio cósmico que atraviesa y rebasa los nacimientos y las muertes individuales para vincular cada destino a los demás, en el espacio y en el tiempo. Para los que creen en la reencarnación, el más allá es la única realidad intemporal y omnipresente, y las manifestaciones de la existencia no son más que reflejos fragmentados de esa realidad, ilusiones forjadas por el deseo y el temor, que habrá que abandonar una tras otra para alcanzar el principio último.

El más allá se da también fuera de todo sistema religioso. Las experiencias llamadas "de muerte inminente" - de retorno a la vida tras un periodo de coma - vividas por millones de individuos, creyentes o no, en numerosos países, han permitido reunir testimonios de una sorprendente similitud. En su mayoría vuelven de esa experiencia con la misma certeza de sus creencias: la de haber vislumbrado un más allá luminoso que los ha liberado del temor a la muerte.

En esta experiencia resuena el eco de aquélla, más fundamental, de la búsqueda espiritual emprendida por los místicos desde tiempos inmemoriales. Estos últimos, en efecto, cualquiera sea la tradición a que pertenezcan, evocan sin excepción un estado de beatitud que sobrepasa las particularidades religiosas, pero también toda forma de expresión posible. Se trata de un más allá de la conciencia ordinaria, esa conciencia que se basa en el mensaje de los cinco sentidos y exige el funcionamiento normal del cerebro, la utilización de un lenguaje y la afirmación de un yo. No obstante, para todos los que han tenido acceso a ese estado de gracia, se trata de una evidencia. Evidencia innegable pero irreductible al entendimiento, pues se refiere a una Realidad que escapa al espacio y al tiempo, a una Vida que alienta en nosotros desde la eternidad y que nos vincula al Todo como a nuestro más íntimo secreto.

Pero esa realidad indecible, sugiere nuestro invitado, Paulo Coelho, puede estar al alcance del más simple de los mortales. Si éste hace de su vida la realización de su propia verdad. Si llega a ser el que realmente es.

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Marzo de 1998