Construir la paz en la mente de los hombres y de las mujeres

El hombre contra el desierto

Ni las matanzas, ni la destrucción de millones de seres humanos, han logrado impedir que la tierra esté hoy más poblada que nunca. Y en los momentos en que el hombre imagina que ha conseguido dominar en gran parte las fuerzas de la naturaleza, se tropieza con un obstáculo amenazador, que puede contrarrestar todos sus esfuerzos y ser un factor decisivo en el aumento de la miseria. Nada menos que la tercera parte de la superficie terrestre del globo está constituida hoy por desiertos, y con lo que resta de tierras cultivables no va habiendo manera de subvenir a las necesidades alimenticias de esa población de nuestro planeta, que crece anualmente en unos veinte millones de habitantes.

La delgada capa de humus que constituye la tierra laborable, y sin la cual no hay vida posible, representa siglos de una cruenta lucha, llena de incidencias y peripecias muy diversas y poco conocidas.

Acá y acullá, el desierto fué vencido por el hombre, pero después reemprendía su avance, siguiendo el azar de las necesidades de cada civilización, que no tenia aún conciencia clara de su unidad, ni de la interdependencia en los grupos humanos.

Hoy el hombre se da cuenta de que para subsistir, como género, tiene imprescindible necesidad de utilizar toda la superficie de la Tierra. Para revalorizar el patrimonio común, todos los seres humanos de espíritu consciente se han de plantear el problema: ¿Por qué las tierras desérticas no pueden ser fuente de vida? ¿Qué es lo que hay que hacer para reconstruir ese humus desaparecido poco a poco de una extensión tan inmensa?

A esas preguntas trata de responder Ritchie Calder, el redactor científico de News Chronicle, de Londres, que trabaja en colaboración con el Departamento de Ciencias Naturales de la Unesco, en una serie de crónicas de viaje.

Como campo de experimentación ha elegido el más conocido y clásico de los desiertos: el Sahara, pero para reforzar sus conclusiones continuará su estudio en las zonas áridas del Medio Oriente. Su trabajo no se reducirá a hacer un repertorio o un relato; será también un llagamiento. No es bastante que unos cuantos especialistas busquen el modo para que los desiertos puedan utilizarse. El éxito de una empresa de tal naturaleza depende del acuerdo y de la ayuda de los hombres, de las mujeres y de los niños de todos los países. La generación joven actual, sobre todo, debe interesarse en ella con creciente actividad, y consagrarle una parte, cada vez mayor, en su formación.

La Unesco, por su lado, va a distribuir estos articulas a los diarios del mundo entero, completando su acción mediante manuales y proyecciones fijas para las escuelas. En diversos países, otras publicaciones ilustrarán los distintos aspectos de esta jira de 8. 800 kilómetros por el Norte de Africa, Egipto y el Medio Oriente.

Como resultado de los informes de Calder, ciertos pueblos y, en particular, Inglaterra, incorporarán el importante problema de la posible explotación de los desiertos, a sus programas escolares de historia, Sagradas Escrituras, economía, geografía, y a todos aquéllos que sirven para la formación de la cultura general del ciudadano.

El Correo de la Unesco presenta a sus lectores los tres primeros artículos de la crónica de viaje de Calder, titulada "El Hombre contra el Desierto".

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Marzo de 1950