Las Minorías
¿Qué es una minoría? ¿Basta considerarse minoría para serlo? ¿Puede cualquier ê II minoría invocar el derecho a la autodeterminación? ¿Es posible trazar un nuevo mapa del mundo aplicando criterios étnicos? ¿Existen principios generales de coexistencia pacífica entre mayoría y minorías? Tales son algunas de las cuestiones que se abordan en este número de El Correo de la UNESCO sin pretender, de ningún modo, agotar el tema, y con el afán, más bien, de explorar su complejidad. Por mi parte, quisiera hacer especial hincapié en la dimensión planetaria del problema, elemento que arroja luz sobre sus aspectos más actuales así como sobre las condiciones de su solución a largo plazo.
El marco en el que hoy en día se plantea la cuestión de las minorías guarda, en efecto, una estrecha relación con las características de nuestra época. Ese marco ya no es el de los Estados con fronteras herméticas, o de las regiones aisladas unas de otras, sino el de un sistema planetario integrado, en el que se estrechan cada día más los lazos de interdependencia en los planos financiero, tecnológico y de la comunicación. Decisiones de carácter político, industrial o militar que se adoptan en un extremo del planeta muy pronto repercuten en el extremo opuesto; la dimensión de las unidades de producción y los imperativos de la competencia internacional hacen cada vez más indispensables las agrupaciones económicas regionales, en perjuicio de las preferencias nacionales; gracias a los grandes medios de información, ciertos héroes, ciertos símbolos, ciertos gustos en el vestir y en la gastronomía se propagan poco a poco por toda la superficie del globo.
Como una reacción ante estos fenómenos de globalización que van acompañados de un aumento de las desigualdades entre las distintas regiones del mundo se manifiesta por doquier una voluntad de autodefensa ante la uniformidad y la despersonalización; individuos y comunidades expresan su afán de existir, de crear por sí mismos, de participar activamente en la vida nacional e internacional. En la medida en que esta voluntad no se encauza con eficacia en un marco pacífico y democrático, empiezan a proliferar las corrientes extremas, demagógicas, xenófobas, e incluso racistas, que transforman la legítima aspiración a una afirmación de la identidad en una actitud agresiva, proclive al repliegue en sí mismo y al rechazo del Otro. Esta actitud entraña una negación de los valores universales, un menosprecio de los derechos y libertades de la persona, un repudio a todo diálogo y a todo esfuerzo de educación para la tolerancia.
El problema de las minorías aparece hoy día como una expresión particular de este fenómeno general: la mundialización de los circuitos económicos, pero también de los valores humanistas, hace impracticable toda solución basada en la creación de fronteras étnicas, nacionales o religiosas. Las "entidades minoritarias" trátese de comunidades culturales frente a una nación o de regiones enteras frente a una potencia desarrollada tendrán que afianzarse en el marco de una democratización general de la vida pública, tanto en el seno de los Estados como a escala planetaria.
Pero si la vida de los pueblos, grandes y pequeños, se inserta ahora en un necesario equilibrio de derechos y deberes frente a la comunidad humana en su conjunto, este equilibrio sólo contará con el apoyo de todos si se basa en la adhesión de cada cual, la que supone a su vez el respeto absoluto de la libertad y la dignidad de las minorías y ello es más evidente si se piensa que su desconocimiento ha sido tan a menudo la justificación de los intentos separatistas.
La cultura es sin duda el medio privilegiado para el desarrollo de los pueblos como de las personas el espacio donde florecerá con mayor libertad su genio específico. Pero siempre que sea algo más que una memoria del pasado, volcada hacia una identidad mítica; siempre que se convierta en una memoria del porvenir, abierta a los demás, plasmando lo interior y lo exterior como un enriquecimiento incesante y siempre inacabado.
Minorías y mayorías, estamos todos emplazados a elegir entre pasados antitéticos y un porvenir común, entre el repliegue en viejas ideas totalitarias que ahogan al hombre desgarrando el mundo, y la apuesta por la libertad para cada cual y para todos. La apuesta por una humanidad reconciliada por fin consigo misma.
