Mapas y cartógrafos
Todo indica que los hombres se preocuparon muy temprano de fijar los límites de su horizonte espacial y los jalones principales de su itinerario terrestre, fluvial y marítimo. Esa necesidad de establecer hitos no es propia solamente de la especie humana. A su manera, en efecto, ¿qué hacen las manadas de animales salvajes cuando recorren cada año las vastas distancias que separan sus cuarteles de invierno de sus pastos de verano, antes de regresar a su punto de partida - qué hacen sino seguir, misteriosamente grabado en lo que para ellos hace las veces de memoria, el mapa de sus territorios naturales?
Con las facultades que posee, el hombre, por su parte, se esforzó por representar su entorno vital de manera perdurable - en las paredes de una gruta o la corteza de un árbol, mediante palotes rudimentarios o figuras simbólicas. Ese afán correspondía evidentemente a la necesidad de transmitir, de generación en generación, el secreto de las pistas de caza o de las fuentes de agua, de los perímetros de seguridad y de las zonas de peligro. Tal vez obedecía también al secreto deseo de dominar mentalmente un mundo en el que los territorios de lo desconocido eran infinitamente más vastos que los espacios familiares.
Con el desarrollo de los conocimientos, de los medios de producción y de los instrumentos de medida, y sobre todo con el aumento de las posibilidades de desplazarse, la necesidad de representar los espacios conocidos, y de proyectarlos por escrito de acuerdo con reglas cada vez más complejas, se extendió a continentes enteros, luego a la Tierra en su conjunto. Los métodos de la cartografía se perfeccionaron poco a poco, gracias a la abnegación de pioneros cuyo esfuerzo se prolongó a veces durante decenios, a despecho de dificultades y peligros que cuesta trabajo imaginar en la actualidad.
En esa epopeya, sin embargo, lo que resultó más largo y más difícil de superar no fueron tanto los obstáculos - desertios montañas, océanos que oponía la naturaleza a la acción perseverante del hombre, sino las visiones deformantes y los prejuicios culturales heredados de un pasado en el que cada pueblo se veía naturalmente situado en el centro del Universo. ¿Cómo empezaron a resolverse esos problemas? Este número procura explicarlo.
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