Juventud, 1985

No es extraño que los Años Internacionales, viniendo uno tras otro en rápida sucesión, terminen por causar hastío y desinterés. Aunque suelen obtener resultados positivos, que rara vez tienen la publicidad que merecen, la verdad es que cuando terminan los 365 días tendemos a hacer borrón y cuenta nueva. Permítasenos afirmar que 1985, Año Internacional de la Juventud, es diferente.

Y ello es así porque la juventud es el primer capítulo de un libro que no podemos cerrar sin más. Además, todos somos expertos, o al menos eso creemos, en juventud porque todos fuimos jóvenes un día. Lo que no nos impide expresar a menudo opiniones banales sobre lo que calificamos de "problema de la Juventud". Opiniones banales porque la sociedad no se enfrenta con un "problema de la juventud"; por el contrario, son los jóvenes los que se enfrentan con los problemas de la sociedad y, sin embargo, apenas tienen posibilidad de manifestar lo que piensan sobre la manera de resolverlos.

Por eso, al preparar el presente número de El Correo de la Unesco, optamos por dar plenamente la palabra a los jóvenes. Así, junto a las evaluaciones sobre la situación de la juventud en diversas partes del mundo que nos han facilitado los redactores de 12 de las 31 ediciones de nuestra revista que se publican fuera de la Sede de la Unesco, damos a conocer los resultados de una encuesta mundial realizada entre los jóvenes de todo el mundo en la que éstos hablan de sus esperanzas y de sus temores respecto de sí mismos y de la sociedad actual y futura.

Otros seis jóvenes nos informan directamente de su vida y de sus ideas: tres de ellos describen con detalle su vida durante un día cualquiera, mientras los otros tres exponen reflexiones más generales. También hemos dado la palabra a los expertos, no a expertos anónimos sino a unos hombres y mujeres que trabajan con los jóvenes y que representan una manera mucho más afectuosa y solícita a la vez que más práctica de abordar la cuestión de los jóvenes.

Podemos vanagloriarnos de que esa es también la manera de la Unesco. Todos los programas de la Organización, sin excepción alguna, han sido concebidos no sólo para ayudar a la juventud sino también para requerir su participación. En un mundo lleno de incertidumbre como el nuestro, los jóvenes, que representan el 45% de la población mundial, han de cargar con una gran parte de la pobreza, el hambre, el desempleo y la violencia reinantes. Tal vez esto deba ser así. Al fin y al cabo, hemos de reconocer que todos los jóvenes siguen estando acusados, como William Pitt, que llegó a ser primer ministro de Inglaterra a los 24 año, del "atroz crimen de ser joven".

Edouard Glissant, Jefe de redacción

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Junio de 1985