Construir la paz en la mente de los hombres y de las mujeres

Retratos deformados: los extranjeros vistos por otros pueblos

Si los pueblos del mundo quieren aprender a convivir en paz necesitan conocerse mejor unos a otros. Esta es una verdad evidente, expresada en los periódicos de todos los países. En el actual estado de cosas, cada uno de nosotros posee conceptos muy simples y estereotipados de los otros pueblos. Tales conceptos son generalmente erróneos, anacrónicos y, con frecuencia, de carácter negativo. Con semejantes materiales no puede llegar a construirse la comprensión y la tolerancia mutuas. Las imágenes deformadas que nos hacemos de los otros deben ser reemplazadas por conceptos más exactos, a fin de que los pueblos puedan trabajar en armonía, dentro de una cooperación pacífica. Una de las condiciones fundamentales de la vida moderna es pasar de la etapa de las estereotipias nacionales a la comprensión internacional.

En particular, los niños deben ser el centro de nuestra atención. Su educación y el desarrollo de su personalidad exigen que descartemos toda información falsa y perjudicial sobre sus cantaradas de otras partes del mundo. Hace un siglo pudo no tener importancia aquella singularidad dietética con que se trataba de retratar a algunos pueblos "los franceses se alimentan de ranas; los chinos, de nidos de golondrinas; los británicos, de carne de res; los alemanes, de cerveza" y otras similares impertinencias, formadas en su mayor parte por las impresiones de un niño sobre otros países. En esos tiempos, el mundo era ancho y relativamente seguro; pero, hoy, se ha convertido en un reducido y peligroso vecindario. Los niños si quieren llegar a ser ciudadanos en el mejor sentido de la palabra, tienen que conocer a las gentes no como si fueran criaturas de diferente especie sino como son en realidad.

Con frecuencia se suele interrogar hasta que punto las estereotipias nacionales desempeñan un papel importante en las relaciones internacionales. Por ejemplo, la estereotipia americana de los alemanes antes de la primera guerra mundial, y aun entre las dos guerras, era relativamente favorable, aunque este hecho no impidió la ruptura de las hostilidades entre Alemania y los Estado.s Unidos. Por otro lado, la estereotipia norteamericana de los turcos fué durante muchos años muy desfavorable, mientras las relaciones entre ambos países desde la primera guerra mundial permanecieron oficialmente libres de toda hostilidad abierta. A pesar de todo esto, no tenemos derecho de deducir que no tiene importancia la influencia de las estereotipias.

Por lo demás, podemos afirmar que éstas por si solas no indican si ocurrirá o no la guerra. No es solamente posible, sino altamente probable, que las estereotipias desfavorables que conciernen a una nación en particular constituyan un terreno fértil aunque concretamente los estallidos de la guerra sean precipitados por otros factores.

Puede argüirse con certeza considerable que las opiniones sostenidas por Hitler acerca de las virtudes guerreras y el poder de resistencia de los rusos y los británicos fueron en parte el origen de su decisión de correr el riesgo de hacer la guerra en dos frentes.

Un buen argumento puede constituir la conclusión de que si Hitler hubiera conocido las verdaderas cualidades de sus enemigos, en lugar de dejarse llevar por falsas e inadecuadas estereotipias sus decisiones habrían sido muy diferentes hasta cambiar acaso el curso total de la historia. Así, las estereotipias pueden desempañar un papel importante en determinar actos que pueden conducir a la guerra o alejarse de ella.

Los demagogos y los dictadores han demostrado conocer este fenómeno. En consecuencia, han sabido manipular las estereotipias existentes para hacer subir la fiebre de la guerra, o han usado la oratoria y los instrumentos de la información pública para desarrollar estereotipias que podrían facilitar las preparaciones bélicas contra un supuesto enemigo.

La Unesco reconoce las importancia fundamental de las estereotipias en las relaciones internacionales. Desde 1949 ha emprendido una serie de investigaciones y estudios encaminados a buscar una solución al problema de las estereotipias nacionales y raciales. Esperamos que este número de El Correo contribuya a la realización de tan inmensa tarea.

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Junio de 1955