El Negro norteamericano
La cuestión racial es, sobre todo, conocida del público por sus conflictos y sus dramas. Los progresos realizados por las íiiniorías étnicas y la mejora do sus condiciones Hainan menos la atención y pasan desapercibidas a menos que tomen una forma tan espectacular como la reciente decisión do la Corto Suprema do los Estados Unidos poniendo fin a la segregación en las escuelas. Es todavía demasiado pronto para medir el alcanco práctico do esta decisión, pero sí sabemos que ha sido posible gracias a los esfuerzos conjugados de los negros y de los blancos; esfuerzos que se han desplegado en un gran número de terrenos; educativo, económico y legislativo. En ningún país del mundo se acepta como dogma por el conjunto de la población la discriminación racial, l'or todas partes se han organizado grupos para facilitar la elevación de las minorías y para asegurarles un estatuto más favorable. A veces, como es principalmente el caso en los Estados Unidos, el mismo Gobierno participa en la lucha y, trata de hacer triunfar una política justa.
La Unesco ha concedido desde su creación un particular interés a la lucha contra la discriminación racial y los prejuicios en quo está basada. Dejando a otros el cuidado do describirnos los conflictos, nuestra Organización se lia concentrado en los aspectos positivos de la cuestión. Así, su programa contiene diferentes encuestas sobre "los métodos y las técnicas empleadas para facilitar la integración social de los grupos que no participan plenamente en la vida de la comunidad nacional por sus características étnicas o culturales o por su reciente llegada al país". En efecto, cada uno de los países escogidos para la encuesta (Alemania Occidental, Brasil, Estados Unidos, Francia, México y Yugoslavia) ha aportado una contribución original a la solución do ese problema; solución que importaba conocer y sobre todo dar a conocer.
Quienes combaten la discriminación racial están lejos do entenderse sobre los medios para conseguir su finalidad. Unos ponen su fe en la educación progresiva del público y cuentan con la ciencia para eliminar los prejuicios. Otros desean la adopción de medidas legislativas; otros, por último, colocan sus esperanzas en el continuo progreso de las propias minorías.
Las circunstancias históricas o incluso el temperamento de los individuos pueden decidir la preferencia que se conceda a un método particular, pero se pueden ya deducir indicaciones útiles de una experiencia que es ya larga. Tomemos por ejemplo el caso do una legislación destinada a impedir la discriminación. Es cierto, como suele decirse, que una ley no podría ir en contra de los prejuicios de la opinión pública, o por el contrario, la ley no contribuye más que cualquiera otra medida a cambiar esos prejuicios al colocar el estigma de la ilegalidad a los actos que ellos justifican. La cuestión es importante y la respuesta no puede darse más que como consecuencia del examen de los hechos.
Pueden surgir dudas sobre la eficacia de las campanas educativas. La prudente vacilación de los hombres de ciencia ha sido interpretada muchas veces como confesión de ignorancia. El público se entretiene en oponer una a otra teoría para negarse a aceptar nociones que contrarían sus prejuicios o creencias tradicionales. Solo lentamente y con mucho retraso llegarán a formar parte del bagaje intelectual de los hombres instruidos, las conclusiones a que han llegado los biólogos y los antropólogos de nuestro tiempo. Es mucho más difícil resistirse a la elocuencia de Ios hechos. Las transformaciones rápida's de las civilizaciones nos obligan a modificar constantemente los juicios que tenemos sobre otros pueblos. ¿Cómo seguir creyendo en "pueblos inferiores y superiores", cuando tantos grupos étnicos queman en algunos años etapas que representarían siglos o milenarios de evolución?
A pesar de la riqueza de las informaciones que tenemos á nuestra disposición, el sentido y la rapidez de esos progresos se nos escapan. "El Correo" ha tenido ya la ocasión de llamar la atención de sus lectores sobre la facilidad con la que ciertos pueblos calificadosde "retrasados" se han asimilado los elementos de nuestra civilización industrial. También ha expuesto ciertas experiencias sociales, como las del Brasil que parecen tener que llegar a una solución satisfactoria del problema racial. Ha llegado ahora el momento de reunir un cierto numero de testimonios sobre los negros de los Estados Unidos, cuya ascensión, en menos de un siglo, es uno de los fenómenos sociales más sorprendentes de nuestra época.
Alfred Métraux
